Programa Pan Americano de Defensa y Desarrollo de la Diversidad Biológica, Cultural y Social - asociación civil

Hipótesis

 

Arriba • Introducción • Presupuestos • Hipótesis • Propuesta

 

 

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1era. Hipótesis.

“Ser humano”: ¿acto, potencia o destino?

Libertad & Protección del “ser humano”.

El “ser humano” y la propiedad de sus componentes.

Síntesis crítica.

2da.  Hipótesis.

Argumento económico para la conservación.

Argumentos éticos para la conservación.

Argumentos estéticos para la conservación.

Balance

3era Hipótesis.

Biotecnologías: ¿desarrollo económico o desarrollo humano?

Capacidad de inversión o brecha tecnológica

Economía de predicciones

4ta.  Hipótesis.

Comunidad y derechos de propiedad.

Beneficios biotecnológicos: ¿hacia una nueva clase privilegiada?

 

1era. Hipótesis.

No hay estatuto de la entidad biológica humana sin consideración de su destino ontológico.

“...el hombre que ha perdido su centro y flota en el vacío”.

Hans-Joachim Schoeps. ¿Qué es el hombre?. 1960.

“Ser humano”: ¿acto, potencia o destino?

Las teorías utilizadas hasta ahora por quienes pretenden proteger al embrión desde una posición amplia, de “máximos” se enuncian, sin embargo, desde plataformas reducidas.

El presupuesto empírico de que la dignidad de persona se adquiere ya en el cigoto -por el hecho de poseer un nuevo genoma distinto al de los padres- obliga a ser pasado por la criba de los conocimientos de la biología del desarrollo. La inviolabilidad del embrión como la potencia de ser se adscribe a la consideración de la diferenciación y crecimiento que le capacita para llegar al nivel de complejidad del individuo nacido.

En el blastocisto parte de la información depende de la posición relativa de las células, lo que determinará que algunas den origen a la masa interna (responsable del feto) y otras al trofectodermo, que participará en la placenta. Pero en el embrión temprano, es imposible a priori predecir qué blastómeros serán la base del individuo, y cuáles de la placenta. Así, se han propuesto dos conceptos relativos a la información para llegar a término La gástrula tiene ya tres capas germinales, pero aún no posee toda la información del sistema respecto al término. Al final de la 4ª semana aparece el plano general corporal, y al final de la 8ª, tras intensa histogénesis y organogénesis, el embrión es reconocible como humano, con un nivel de desarrollo perfectamente conectado con el término (a partir de entonces comienza el desarrollo fetal) y la mayor parte de la información es de tipo general, es decir, mantiene una situación ya definida. El sistema crece en tamaño y maduran los sistemas orgánicos ya presentes. El nuevo ser posee ya potencia actual, y sólo necesita actualizarla conforme pasa el tiempo. [ver 3era. Condición inicial: Registro biológico individual]

La consideración de los embriones obtenidos por transferencia de material nuclear no es diferente de los emergentes de la unión de los pronúcleos de los gametos, pues con la transferencia de núcleos somáticos a ovocitos se obtienen “cigotos” y “embriones” que, dada su constitución, aún no procediendo de una fertilización convencional son aptos para la producción de un organismo humano si el material nuclear proviene de un organismo humano.

O, en otro caso[1][1], se ha considerado a los seres vivos combinaciones funcionales, un conjunto o mezcla de células con propiedades sistémicas, una sustantividad nueva. Las propiedades sistémicas tienen carácter funcional, en independencia respecto del medio y con control sobre él. La vida es –para esta línea de pensamiento- una propiedad sistémica de carácter funcional.  Este argumento crea confusión  en punto a ¿cuándo se constituye la sustantividad humana? ¿en qué consiste la constitución de una realidad viva?

Incluso, algunos[2][2] que no conceden estatuto moral significativo al embrión, señalan que éste merece un respeto especial y una “consideración moral seria como forma en desarrollo de vida humana” por el hecho de los poderosos símbolos sobre la vida humana que se le adscriben a los embriones de la especie humana. Sin embargo, los valores simbólicos son personales y variables, y no ejercen obligaciones morales absolutas como las personas y las entidades vivas con intereses.

Un caso que plantearía -aparentemente- un problema espinoso sería el eventual desarrollo viable de embriones híbridos procedentes de la transferencia de núcleos humanos a ovocitos de otras especies, sin embargo la convención biológica de que un genoma nuclear humano dispone para un fenotipo humano llevaría a considerar humano al organismo resultante de esta transferencia[3][3].

Los argumentos de la potencialidad juegan, no obstante en el mismo plano: el orgánico-fenomenológico y no remontan los aspectos biológicos de hombre. Toda consideración de otro tipo es guardada como motivación, objetivo o tendencia vergonzante por el baldón de “no científico”.

La condición o –mejor aún- el destino de ser hombre no proviene del sustrato físico sino de su condición metafísica. No hay lugar para falacias naturalistas: el hombre es, porque ese es su destino de ser y no una potencia de ser, que necesariamente remite a constataciones en el sustrato biológico, imponiendo leyes incompatibles. Ese destino es además inmanente, encuentra su realización y objetivo en sí mismo.

Esas señaladas posturas o respuestas se “reducen” se “posicionan” en campos equivocados. La requisitoria a la que se enfrenta hoy la sociedad organizada (eco de la individual) no proviene de los adelantos y promesas de las biotecnologías sino de la angustia vital que le plantea su propia naturaleza. Ese es el origen, esa es la situación a tratar.

A esa angustia el hombre ha respondido –desde el campo de la tecnología, aunque también podría constatarse otras respuestas desde otros campos-  con el dominio tecnificado: surge pues una naturaleza totalmente controlada, dominada (o así parece) a despecho de la inhóspita imagen que percibe del mundo natural del que emergió.

Sin embargo ello no resuelve la realidad de que el hombre mismo es parte de, no fundido con, la naturaleza –la salvaje y la domesticada- y queda irresuelto el encuentro buscado en medio de imaginaciones individualistas e ilusiones colectivistas. Parece difícil en este escenario que el hombre encuentre en el otro hombre, su alteridad a partir de reconocerse a sí mismo como tal[4][4]. El planteo aparece reiterado a lo largo de la historia y del pensamiento sin que se haya podido superar la dialéctica entre lo estético y lo ético y de allí a lo religioso. Hoy la alternativa de lo científico no es –como se pretende- nueva ni, mucho menos, resuelve el angustioso y auténtico problema del hombre, esto es: saber quién es.

Quizás porque siempre ha partido de la pregunta equivocada “¿qué es?”, lo que lo cosifica o identifica con su entorno o sus creaciones.

El Proyecto Genoma Humano, liderado por el Instituto Nacional de Salud y el Departamento de Energía de los Estados Unidos -si bien otros laboratorios, en el resto del mundo, lo comparten- llevó al hombre como objeto de aplicación. Emprendido, en 1989, su tarea fue la de descifrar la estructura genética de la humanidad. La empresa lleva la meta, según quien dirigiera hasta 1992 el Proyecto -James Watson-, de aliviar el sufrimiento humano provocado por las enfermedades genéticas[5][5], pero no inesperadamente ha suscitado la reedición de su mayor conflicto: la identidad de su esencia.

El ser-sujeto humano es aquél a quien el pacto original reconoce la aptitud de ser titular de derechos y obligaciones[6][6], a quien le llama: persona. Palabra que en su origen latino no definía lo que era sino lo que ella podía o debía hacer.

La persona jurídica es la representación (el otro) de la persona cotidiana. Esta relación con el otro de quien se es se presenta como la forma jurídica de la existencia. Las dos personas, la jurídica y la cotidiana, no están separadas la una de la otra, sino que ambas constituyen uno y el mismo proceso social de formación de la existencia cotidiana en el ámbito de la vida comunitaria[7][7].

La persona es condición de operatividad del ordenamiento jurídico. Justamente, por y para proteger a la persona es que la ley protege el cuerpo (humano). La personalidad que es en el cuerpo justifica la protección jurídica de éste y de su integridad. Se trata de describir y comprender el cuerpo como ‘constituyente’ de la persona pero no en el sentido que lo postula Mainetti “el cuerpo a priori de la conciencia (de la conciencia de sí, conscius suis), es decir, del cuerpo trascendental”[8][8], sino como requisito de existencia.

El cuerpo no es una individualidad de la que la persona es propietaria[9][9] sino el elemento materia que permite que la persona humana se vincule (jurídicamente: adquiera derechos y contraiga obligaciones)[10][10]. El cuerpo y sus partes son objeto de protección de la norma jurídica mientras y en tanto la persona es[11][11]; con posterioridad, su destino deberá respetar la voluntad de la persona o la de sus parientes o la del Estado. Esta protección de la vida (del cuerpo personal) lleva consigo la protección de la salud, comprendida y contemplada en aquélla[12][12].

La concepción de la vida (jurídica, biológica o de cualquier otra filiación) es, pues, un factor importante; pero la biología y el Derecho interpretan el concepto de vida de forma distinta. Para éste la vida resulta ser un concepto determinado por sus propias representaciones que guardan relación con el pensamiento del sector de control social dominante, imbuido por la relatividad económica, cultural (y religiosa).

Libertad & Protección del “ser humano”.

Las nuevas biotecnologías suscitan, para algunos pensadores, una violenta controversia en torno de la noción de libertad. Así, la habilidad de operar la mutación biológica (que presupondría que la condición presente es de mala calidad) es vista como la libertad de operar la “muerte” de la persona tal como hoy se la conoce[13][13].

Frente a las biotecnologías finiseculares, las disputas sociales se dividen entre aquellas en las que ciertos grupos ven amenazados determinadas cosmovisiones o valores morales y religiosos y aquellas en las que sólo entran en juego intereses contrapuestos entre distintos actores.  Las primeras son de difícil resolución, ya que los argumentos técnicos son incapaces de modificar las posturas ideológicas y los principios, mientras que las segundas pueden resolverse mediante negociación, distribución equitativa de riesgos y beneficios, y medidas de compensación. Por ello, la consideración de cuestiones sociales y morales de una práctica científico-tecnológica particular puede revestir más importancia que cualquier detalle de contrastación científica. Más aún, la búsqueda de fundamentos y justificación de las normas jurídicas en lo biológico pone al Derecho en una irreversible situación de confrontación con sus propios principios y función, perdiendo fuerza su rol de mediador y órgano de expresión democrática del poder (acción) social.

Esa invocada “muerte” amenaza no sólo lo genérico humano sino el contingente estatuto de protección efectiva; amenaza el equilibrio de las negociaciones al suministrar información a un ritmo demasiado acelerado para el que se percibe como lento desarrollo institucional, ... otra desprotección. [ver Propuesta]

El Derecho debe convertir la amenaza en una nueva oportunidad para organizar una evolución positiva en las condiciones del hombre. Tal evolución es el motivo de toda constitución social y de no cumplirse se perdería legitimidad.

“....la obligación que tienen los sujetos para con el soberano se entiende que dura tanto tiempo –y no más-  como dura el poder por el cual éste puede protegerlos”.

Thomas Hobbes, Leviatán o la materia, forma y poder de una república eclesiástica y civil.(1651)

El “ser humano” y la propiedad de sus componentes.

En una valoración ética objetiva debe plantearse -y eso es lo fundamental para la norma jurídica- si la aplicación de las biotecnologías atentan contra la dignidad, la libertad, la integridad física o la vida del hombre.

La información genética se presenta, en principio, como una información de tipo personal y participa del campo de la vida privada de la persona. Bien que por otra parte, cuando ella no tenga el señalado estatuto personal, cuando efectivamente pierda su capacidad de identificar a la persona humana, cuando la utilización de una parte de la información genética se sitúe en un proceso de aplicación industrial es, en principio, no sólo disponible sino, apropiable.

Aún si lo “humano” fuera reducible a lo “genético” sólo los genes identificados como propios (esto es exclusivos) del género humano deberían ser excluidos de los sistemas de propiedad. Si la respuesta fuera negativa –o la materia no fuera excluyentemente atribuida a un ser humano o a su especie- la patentabilidad de los genes debe considerarse éticamente aceptable, al menos dentro del sistema jurídico-económico en el que se plantea la cuestión y que es en el que viene desenvolviéndose la civilización actual.

La noción del orden el público generada hasta aquí o  la moralidad bajo la cual se juzga no tienen bases sólidas para excluir  el patentamiento de productos originados en la información contenida en los genes estudiados en el hombre y la clonación en los seres humanos con fines de reproducción, los procesos para modificar la identidad genética de la línea del germinal de seres humanos y el uso de los embriones humanos con propósitos industriales o comerciales; más aún autorizan expresamente los procesos que implican el cultivo y el estudio del vástago embrionario las células humanas, genético-modificadas o no, dirigidas a investigar una variedad amplia de enfermedades, envejecimiento, cáncer y otros problemas de salud[14][14].

La sociedad debe advertir que el desarrollo de la ciencia es una conducta humana jurídicamente regulable, y por otro lado que los resultados obtenibles son apropiables cuando éstos sean técnicamente adaptados para solucionar un problema práctico o satisfacer una necesidad concreta -entrando, así, en el campo de la protección patentaria-. No puede pensarse en la tecnología (agregada como consecuencia inherente de la actividad científica) participa de una sacralidad aislada de lo económico y de lo político... en fin, más allá de lo humano. Tampoco otorgársele exenciones en su tratamiento[15][15].

Tampoco es el sistema de propiedad industrial la causa generadora de dependencia económica y social que aumenta la brecha entre las sociedades más desarrolladas de las que lo están menos; en tanto que es consecuencia como instituto típico e inherente al orden económico y social actualmente imperante, de cuyas reglas forma parte pero no decide.

Debe reconocerse que ni las constituciones, ni los procesos de toma de decisiones de las instituciones jurídicas (es decir, las reglas de funcionamiento), ni las relaciones jurídicas que rigen el tamaño y alcance de los sectores socio-económicos son inconmovibles por naturaleza, sino que ellos mismos son una respuesta a las necesidades socio-económicas, y son flexibles ante cambios en esas necesidades[16][16].

La biogenética, por la razón apuntada, está sujeta a mecanismos de negociación: la eficiencia, la rentabilidad y la productividad son valores que planteados desde la economía adquieren dimensión jurídica. Intensos estudios sobre los efectos de las normas del derecho de propiedad  han revelado que, por lo general, éstas forjan incentivos para un comportamiento eficiente[17][17]: las normas jurídicas guían el comportamiento creando precios implícitos sobre el mismo; probablemente, éstos se mantendrán para crear un uso más eficiente de los recursos, dirigiendo el comportamiento hacia lo que podíamos denominar el ideal público del derecho. Éste consigue servir al ideal de hacer una sociedad mejor al no limitarse a regular la práctica actualmente admisible; antes bien, al trazar un derrotero hacia una práctica mejor.

De este modo, una concepción del derecho entendido como ideal público podría hablar en favor de las leyes contrarias a la apropiación de material viviente afirmando la aspiración ética de constituir una sociedad en la que la gente no se “adueña” de la vida (aún cuando pueda hacerlo a través de normas que no contemplen los derechos humanos económicos o permita una  distribución inequitativa de los derechos de propiedad).

Otra posición, afirmaría, por el contrario, que la protección a través de los sistemas de propiedad industrial (v.gr. patentes de invención) de “formas de materia viviente” podría ser considerado como ideal público por su aptitud para estimular inversiones en innovaciones, “conjurada la amenaza de la piratería, (habría) fuertes incentivos para invertir en nuevas y útiles tecnologías”[18][18], o vital para el avance de la investigación científica[19][19] (posibilitando a través de una medida de efecto equivalente la apropiación del cuerpo humano, dependiente al fin de los progresos que comprometen su más íntima naturaleza).

Síntesis crítica.

El Derecho parece condenado a ordenar y encauzar los deseos y necesidades (no cuestionados) de individuos “atomizados”, de modo que tales deseos quedan resguardados por la esfera inviolable de la intimidad. Pero ello se hace en nombre de un sujeto abstracto, del que se ha suprimido toda referencia (y crítica) al origen de tales deseos, borrándose la idea de que éstos pueden ser creados o manipulados. De hecho, la expulsión del deseo de la consideración jurídico-política lo que hace es remitirlo a la esfera del mercado. No es extraño, pues, que en este marco, el Derecho no pueda establecer límites a los deseos individuales, ni ubicarlos en referencia a bienes colectivos. Lo más que puede hacer es justificar a posteriori unos supuestos “deseos racionales” recurriendo a alguna variante de psicología o sociología empíricas, que a su vez no entran en la crítica del deseo ni de las condiciones sociales y culturales de las que éste surge, cuando diversos intereses sociales y económicos se sirven de las apelaciones a la “libre voluntad” para triunfar, dicha libre voluntad alteraría las relaciones entre instituciones, valores sociales y tecnologías, transformándolas en una circunstancia privada.

La sociedad actual pretende demostrar que ha llegado a una etapa en la que la persona no se puede ya definir adecuadamente en las representaciones tradicionales, no porque ella se haya vuelto insignificante, sino porque es demasiado significativa para ser confinada dentro de las formas tradicionales. Se plantea la necesidad de nuevos modos de realización normativa que correspondan a las nuevas capacidades adquiridas.

Durante el pasado siglo el hombre agravó su crisis en relación con las cosas y el entorno que él mismo ha creado directa o indirectamente. El hombre se ha postrado ante su creación, se ha convertido a sí mismo en un adminículo periférico de ella: las herramientas –que eran una prolongación de su mano en la labor diaria- que estaban a su servicio han sido reemplazadas por tecnologías que no domina sino que lo dominan. Por su parte, la economía –como instrumento de administración de lo escaso- ha asistido a una superproducción de bienes pero registrando una escasez pavorosa de los mismos en manos de algunos; ha fallado en la distribución. Convertida en un supremo hueco, la economía  es más un gigante sin sentido trascendente que un elaboración humana para seres humanos.

Cuando los científicos anuncian “sus” avances, como el grupo de Yanagimachi y Wakayama[20][20], que en un artículo reciente informa sobre clonación de ratones a partir de núcleos de células madre, propone un posible esquema que permitiría la clonación ilimitada a partir de casi cualquier célula del organismo (al menos en esta especie). Y se logra de la política que apoye su desarrollo por ejemplo con el anuncio del presidente de los Estado Unidos –el 9 de agosto de 2001- de destinar presupuesto federal a la experimentación con células madre embrionarias (lo que provocó una clara reacción financiera positiva), se verifica un poderoso avance de los “deseos” de creer en la promesa que los biotecnólogos han construido (o permitieron se construyera) en el imaginario social.

Sin embargo los deseos de creer no significan adopción de su realizaciones –que por otro lado no son diarias, ni domésticas-. Tampoco un crédito ilimitado.

2da.  Hipótesis.

No existe argumento económico, ni ético, ni estético por sí sólo suficiente para sostener  un norma jurídica universal de conservación y valoración de la diversidad genética.

“-Pero ¿con qué fin ha sido, pues, creado este mundo?- preguntó Cándido.
-Con el de hacernos sufrir –contestó Martín.”

François Marie Arouet (Voltaire) Cándido (1767).

Las cuestiones relacionadas con la diversidad biológica son técnicamente complejas, políticamente controvertidas en algunos casos, y rara vez de solución fácil.

El mantenimiento de una base amplia de diversidad biológica agraria, un uso más eficiente de recursos como el agua, los combustibles fósiles y la tierra; la adopción de tecnologías agrícolas tradicionales con un bajo aporte de insumos, y la inversión en tecnologías agrícolas mejoradas, son otras tantas opciones para incrementar la sostenibilidad en la agricultura, que pueden tener múltiples ventajas para el medio ambiente y la producción alimentaria.

Más concretamente, con respecto a la conservación y la utilización sostenible de la diversidad biológica es importante elaborar estrategias apropiadas, que utilicen la diversidad para ayudar a combatir la batalla por la seguridad alimentaria. Estas estrategias deben promover sistemas agrícolas y agroecosistemas sostenibles y diversificados para satisfacer las necesidades de alimentos (oferta-demanda) y mantener, a la vez, el potencial de los recursos. Se reconoce el objetivo universal de fomentar el mantenimiento, la utilización sostenible y el mejoramiento de la diversidad biológica agrícola de todo tipo y nivel y en toda clase de sistema de producción, sea éste variado o especializado, en pequeña o gran escala, intensivo o extensivo.

La incorporación de la diversidad biológica a la corriente principal de las políticas, programas y proyectos agrícolas nacionales constituye una prioridad[21][21].

Se precisa también, a nivel internacional, una conciencia cada vez mayor de los agricultores, de los encargados de formular las políticas y adoptar las decisiones, de los consumidores y de la industria acerca de las funciones y valores de la diversidad biológica agrícola, conciencia que debe traducirse en medidas efectivas tanto dentro de los países como a nivel regional y mundial.

Sin embargo, la fundamentación para la conservación y el cuidado de la diversidad genética, biológica y de ecosistemas no es clara y en numerosos puntos es muy exigua y vulnerable.

Argumento económico para la conservación.

Mientras es evidente que en la actualidad una proporción relativamente pequeña de la diversidad biológica del mundo es activamente explotada por el hombre, los otros elementos de la diversidad biológica pueden ser importantes por razones diferentes:

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tienen valores que son inutilizados o desconocidos en la actualidad pero que podrían mejorar el bienestar material de la humanidad si estos valores fueran descubiertos y explotados.

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pueden llegar a ser útiles o vitales en el futuro debido a las circunstancias cambiantes.

Estos factores apoyan una línea preventiva en el mantenimiento de la diversidad biológica, es decir, los recursos real o potencialmente útiles no deben perderse simplemente porque no se los conoce o no se los valora en la actualidad. Sin embargo, aunque esta razón preventiva tenga pertinencia, tiene fuerza limitada. Está basada en la estimación del valor potencial de un elemento hipotético de la diversidad biológica que se tiene que equilibrar contra el costo real de mantenerlo o evitar su destrucción. Por eso, a menos que un elemento hipotético se identifique como vital, debe tener un valor finito y por lo tanto debe haber un punto en que los costos proyectados requeridos para el mantenimiento exceden a cualquier beneficio probable. El hecho de que estos costos y beneficios son raramente o nunca cuantificable con exactitud significa que los cálculos involucran la estimación de probabilidades y riesgos.

La experiencia y la teoría ecológica general indican que ninguna especie sola sea imprescindible para mantener los procesos ecológicos básicos a nivel global y que, en términos generales, es poco probable que juegue un papel ecológico importante incluso a nivel local. En otros términos, cada especie tiene un valor finito y, aunque en algunos casos este valor puede ser muy alto, en el caso de especies más raras tiende a acercarse a cero.

Similarmente, con respecto a las especies que pueden ser directamente útiles para los humanos, principalmente como alimentos y farmacéuticos, se puede decir con mucha probabilidad que la mayoría de las especies tiene poca potencialidad, y la experiencia permitiría identificar grupos taxonómicos que tienen más valor (v.gr., parientes silvestres de especies de cosecha y ciertas familias de plantas para farmacéuticos), así entonces, si se considerara las especies solamente como recursos materiales, sería más rentable:

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mantener sistemas y áreas ricas en especies en vez de los pobres en especies

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mantener las especies que se conocen como útiles u observadas como muy probables de ser útiles, que mantener a otras especies.

Estas conclusiones indican que los valores de los recursos de la diversidad biológica y, en particular, el método económico de preservación no proveen en sí la justificación para una preservación amplia de la diversidad biológica que se intenta perseguir. Tales argumentos tienen pertinencia y fuerza limitadas, y se debe tener cuidado al citarlos, especialmente al extrapolar de lo particular (el mantenimiento de ciertas especies o un cierto nivel de diversidad biológica) a lo general (que toda la diversidad biológica es inherentemente rentable como recurso y debe por lo tanto ser conservada).

En general los valores económicos son sólo indirectamente relativos a la diversidad biológica. Es decir, un cierto nivel de la riqueza de especies se requiere para estas funciones pero no hay necesariamente una correlación directa entre el valor del ecosistema y su diversidad, ni es siempre necesaria la presencia de un conjunto particular de especies. Por eso, los ecosistemas de manglares son generalmente de mucha menos diversidad que los adyacentes bosques de tierra baja, pero en términos de recursos es probable que sean de valor comparable. Las sabanas del este y sur de África, que son de gran importancia en ganar ingresos por el turismo, son menos diversos que los bosques húmedos en los países que tienen mucho menos potencialidad del turismo.

Es importante en el contexto actual determinar el grado de las pérdidas de la diversidad biológica pueden contribuir a estos cambios que tienen repercusiones para los seres humanos.  Uno de los más obvios de tales cambios globales es la perturbación del ciclo del carbono, conduciendo al constante aumento de niveles de CO2 atmosférico, lo cual probablemente tendrá amplios efectos -aunque desconocidos en la actualidad- sobre el comportamiento global del clima que pueden a la vez tener consecuencias serias para el bienestar humano.

Una parte importante de estos efectos es atribuible a los procesos industriales, especialmente la quema del combustible fósil de hidrocarburo para la generación de energía; sin embargo, se cree que es también importante la alteración de los ecosistemas naturales o casi naturales existentes, en particular la destrucción a gran escala de los bosques húmedos tropicales que contribuyen a equilibrar el CO2 atmosférico. El alto riesgo de las serias consecuencias que para los seres humanos traerían aparejados los cambios globales del clima es en sí un fuerte argumento para disminuir la tala de bosques.

Se debe, sin embargo, aclarar que este estudio habla del bosque húmedo tropical como ‘un bosque’, en vez de como ‘un ecosistema de diversidad’. Parecería que la diversidad es importante solamente hasta el punto que contribuye a los sistemas que funcionan como pozos de carbono y el argumento se aplica igualmente a los otros sistemas con una capacidad similar en la fijación de carbono, como los pantanos tropicales de agua dulce, aunque estos tienen mucha menos diversidad que los bosques húmedos tropicales.

Un estudio firmado por 13 ecologistas, geógrafos y economistas, estimaron el valor de los servicios del ecosistema del mundo en entre $16 y $54 trillones por año[22][22]. Los autores ensamblaron la información de una amplia gama de estudios sobre el valor de un amplio rango de los servicios del ecosistema. Éstos incluyen no solamente los items familiares tales como la producción del alimento, las materias primas, abastecimiento de la reconstrucción y de agua, sino también los servicios que son menos evidentes, como la regulación del clima y de los gases atmosféricos, coadyuvantes del ciclo del agua, el control de la erosión, formación del suelo, coadyuvantes del ciclo del alimento y la purificación de basura. Las estimaciones fueron hechas para cada uno de 17 categorías de los servicios para el rango de ambientes en la tierra, incluyendo ambientes marinas y terrestres.

Las estimaciones indican que los ambientes costeros, incluyendo estuarios, los humedales costeros, las camas de algas, los filones coralinos y las plataformas continentales tienen un valor desproporcionadamente alto; cubren solamente 6,3 % de la superficie del mundo, pero son responsables de 43 % del valor de los servicios de los ecosistemas del mundo. Estos ambientes son valiosos en la regulación del ciclo de los alimentos que controlan la productividad de plantas en la tierra y en el mar.

Otro uso práctico de la escala propuesta sería la valoración de los servicios del ecosistema perdidos contra las ventajas de un proyecto o de una política determinado, antes de tomar decisiones. Las funciones del ecosistema se relacionan con la capacidad que los componentes naturales tienen que proporcionar mercancías y servicios para satisfacer necesidades del ser humano.

La clasificación de los servicios tendrá ser realizada sobre la base de una clasificación en términos de la importancia de cada uno asignado un grado numérico a cada servicio.

Pero los investigadores observaron que la mayoría servicios de valor del ecosistema está actualmente fuera del sistema del mercado. Es decir, aunque algunos servicios, tales como producción del alimento, abastecimiento de agua y materias primas se negocian en mercados económicos, muchos más de ellos no lo son[23][23].

En términos más generales, este fundamento no establece ninguna conexión directa y rigurosa entre la importancia económica de unos ecosistemas en el mantenimiento de esenciales procesos ecológicos globales y su diversidad.

Argumentos éticos para la conservación.

Por su parte, en algunas culturas, las creencias éticas proveen las razones más fuertes para mantener la diversidad biológica, y efectivamente en algunos países orientales mucha de la diversidad que queda en áreas densamente pobladas puede ser atribuida directamente a prácticas religiosas. Sin embargo, sin el remedio de un código moral absolutista, es difícil discutir con convicción por un imperativo ético por el mantenimiento de toda la diversidad biológica que existe. Mientras se puede considerar moralmente inaceptable en la opinión de alguna gente matar a cualquier organismo vivo, hay problemas en extender este razonamiento a la preservación de la diversidad biológica. A un nivel extremo, cualquier organismo individuo que no es genéticamente idéntico a otro representa un aspecto de la diversidad, y el razonamiento estrictamente ético proscribiría su destrucción. Se puede entender la objeción de matar un elefante por razones morales, pero ¿es menos moral comer el trigo, que crece de semillas genéticamente diversas, que comer las papas, la mayoría de las cuales crecen de clones genéticamente idénticos? Similarmente, hay dificultades en demostrar que una especie, que es en algún grado construida por humanos, tiene más ‘derecho’ a la existencia como entidad que cualquier de los individuos a partir de los cuales fue “construida”.

Sin embargo, a pesar de todo, la ética provee un razonamiento poderoso en contra de la destrucción de la diversidad biológica. En práctica, este razonamiento es frecuentemente contingente sobre otros fundamentos, particularmente el principio preventivo, lo que  incluye la idea de ‘administración’. La responsabilidad generacional sostiene el argumento ético de la preservación en el mundo industrializado, aunque puede ser de poca pertinencia práctica a un granjero desesperado enfrentándose con la realidad de sobrevivir en un país en vías de desarrollo.

Además de los procesos productivos como la agricultura intensiva y la forestación industrial, la sobreexplotación de especies y la contaminación de aguas dulces, océanos, suelos y atmósfera que están agotando el patrimonio biológico, el hombre está acabando con el hombre mismo y no sólo figuradamente o a largo plazo sino con el actual exterminio de grupos étnicos y culturales a los que empobrece irreversiblemente. Todo esto como legado de un modelo de consumo excesivo de recursos naturales y escalada de  poder que sobrepasa los límites de la sostenibilidad a futuro.

La pérdida de incontables formas de vida es el precio que se paga por el progreso y el mantenimiento de un paradigma de riqueza material, que contiene su propia semilla de muerte. Sin embargo, se tiene la sensación de que lo que se obtiene a cambio posee un valor de mayor rango inmediato: la supervivencia actual.

Argumentos estéticos para la conservación.

Desde otro ángulo, los argumentos para el mantenimiento de la diversidad biológica por su característica estética son convincentes pero tienen fuerza limitada, como dependen de relativos gustos estéticos. Tales juicios podrían presumiblemente desechar algunos organismos (los invisibles, por ejemplo) por no ser dignos de mantenimiento. Sin duda tampoco resistirían razonamientos contrarios que seguramente existen en pro de la destrucción de los organismos nocivos (v.gr., los microorganismos responsables del paludismo, o sus transmisores, los mosquitos Anófeles) Además, como la diversidad genética no es susceptible a la plusvalía estética, los criterios estéticos pueden aplicarse solamente a aspectos de especies y ecosistemas de la diversidad biológica.

Sin considerar los individuales gustos estéticos, es indudablemente que la diversidad en sí, y la diversidad biológica en particular, se consideran de alguna manera no bien definible pero fundamental, fenómeno muy deseable. Ésta no es ninguna noción cualquiera, sino una necesidad que se siente muy fuertemente y una parte fundamental de la vida espiritual de mucha gente. No importa que las razones no pueden ser totalmente articuladas; se percibe que la necesidad es fuerte y tiene fuerza en la determinación de las acciones.

Balance

La evolución conduce a recrear, no formas puras, "autonómicas," sino cada vez más combinadas e inclusivas de las presentes en ese momento. La naturaleza no es estática ni sus estructuras coexisten aisladas, se desarrolla en un orden en constante transformación hacia nuevas expresiones cuya novedad consiste precisamente en una mayor aglutinación o nueva combinación de las antes divididas y simples hacia perfiles integrantes, mezclados, que a su vez se sumarán a otros creando (o transformándose en) otros nuevos o, lo que es lo mismo, con más elementos o características circundantes que antes existían con su propia corporeidad pero ahora se suman para formar una nueva forma "multiplicada" bajo un organismo individual, coordinado.

La vida sobre la Tierra adopta diversos rostros. Las diferencias dentro de ecosistemas, especies y genes tardaron millones de años en producirse. Fueron el resultado de incalculables mutaciones y fantásticos episodios de selección natural. Cada microorganismo, animal y planta contiene entre uno y 10 millones de bits de información en su código genético... Una diversidad que no puede siquiera imaginarse (por ende, se magnifica en la letra y se descuida en los hechos).

Las amenazas a la biodiversidad son tan múltiples como múltiples son las actividades humanas. El ser humano, ya no como especie en la escala del Reino animal sino en tanto cyborg (esto es organismo capaz de crear y relacionarse a través de instrumentos), parapetado -por ello- en su poder de director de orquesta, es el mayor responsable de la pérdida de diversidad biológica, no sólo de la vegetal o microbiológica o animal, sino de la biodiversidad humana.

El ritmo de deterioro ha sido asociadas al crecimiento poblacional humano, pero la reversión en la curva de aumento demográfico podría llevar al empobrecimiento de la biodiversidad humana: muchos estudiosos[24][24], apuntando a la necesidad del control de la reproducción humana, hacen hincapié sobre las poblaciones más pobres –lo cual de tener éxito- reduciría hasta la extinción (en América Latina) a numerosos grupos étnicos aborígenes, y con ellos desaparecería su cultura, su conocimiento y su diversidad biológica. Es que de todo intento de controlar la propalación del cyborg puede resultar, asimismo, el exterminio del “hombre”[25][25].

La biotecnología puede ser una pieza más en el engranaje de una sociedad internacional más justa y ecológicamente viable[26][26], siempre y cuando forme parte de un adecuado paradigma de relaciones económicas y políticas entre las naciones. Pero para ello, mucho se habrá de andar en el camino hacia otro tipo de mentalidad, lejos de los dogmas neoliberales del uso. En última instancia, el mundo opulento deberá elegir entre seguir con el statu quo o reconocer su deber de renunciar a un absurdo crecimiento económico ilimitado que sólo ahonda los problemas ambientales y que condena a la mayor parte de la población a no satisfacer sus necesidades más básicas de desarrollo humano.

Se propone un paradigma alternativo al paradigma de desarrollo tradicional, uno que eleve globalmente la calidad de vida, un desarrollo técnico con miras al crecimiento cualitativo, a la creación y preservación de las mejores condiciones humanas. La humanidad se enfrenta planetariamente a la tarea de planificar su propio crecimiento en función de sus condiciones naturales de vida, alteradas por la civilización industrial[27][27]. Pero la cuestión ecológica tampoco se resuelve con una tecnocracia política o ecodictadura universal: hace falta la educación en una nueva ética civil o cultura moral, a partir de la naturaleza como proyecto axiológico

3era Hipótesis.

No hay factibilidad de instrumentar políticas sociales superadoras sin las reacomodaciones económicas que las nuevas biotecnologías provocan.

Las ventajas de centrarse en las repercusiones económicas de la biotecnología están en recurrir a instrumentos de análisis que proporcionan datos e informaciones muy concretas sobre aspectos fundamentales en el debate[28]:

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Quiénes (individuos, empresas e instituciones) son los protagonistas

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Qué necesidades intentan satisfacer o crear las biotecnologías

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Qué impacto tiene/tendrá sobre el PIB, el empleo, los mercados y la competitividad de un país.

En el debate sobre conflictos sociales derivados de las nuevas biotecnologías, la perspectiva económica aporta abundantes elementos de juicio con peso específico para evitar rodeos y generalidades, además de proporcionar criterios condicionantes de otras muchas valoraciones éticas o sociales sobre las múltiples aplicaciones de las nuevas biotecnologías.

Biotecnologías: ¿desarrollo económico o desarrollo humano?

Ambiciosos proyectos de I&D a gran escala, capaces de generar una tecnología nueva, muy versátil, aplicable en particular a las áreas de investigación biológica y médica pero susceptible de una mayor rentabilización en otras áreas muy ligadas a la industria más innovadora -la de productos con alto valor añadido-, se convertirá en un sector estratégico de la economía[29][29]:

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equipamiento de laboratorios, tecnologías para manipulación, análisis y secuenciación de ADN;

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automatización de tareas rutinarias; farmacología, enzimología, industria biotecnológica y química;

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equipos informáticos, software y hardware para gestión de grandes bases de datos (biocomputación), análisis estadístico de información y redes telemáticas.

Las biotecnologías ya han tenido un considerable impacto económico en el sector de la alimentación, pues desde 1990 se han hecho operativos sistemas de diagnóstico y bioconversión de almidón; se han comercializado edulcorantes y saborizantes, se han diseñado procesos de producción de jugos, aminoácidos, pigmentos y vitaminas; productos de fermentación, enzimas para elaboración de quesos, productos lácteos y levaduras híbridas. Ya ha comenzado a ser comercializadas bacterias y enzimas modificadas genéticamente, como elementos flavorizantes que mejoran la calidad de los alimentos, así como biocatalizadores y biosensores para la industria de producción y monitorización.

En el sector agrícola, ya existen variedades transgénicas de tomates, patatas, algodón, tabaco y soja, experimentadas al nivel de campo en pequeños reductos que presentan características de resistencia a herbicidas, virus, insectos y cualidades específicas. Algunos ya han sido comercializados aunque su impacto en la economía será definitivamente visible hacia el año 2005, probablemente. En los países en desarrollo, ese impacto se retrasará dos o tres años más.

Dentro de sectores no alimentarios, la biotecnología ha influido en los sistemas de producción de metano o etanol, por fermentación anaerobia de biomasa, y en el crecimiento selectivo y  propagación de árboles y plantas ornamentales. Las técnicas más utilizadas son las de ADNr, ingeniería de proteínas y procesos e ingeniería de producción de anticuerpos monoclonales –un área muy limitada de la biotecnología-, que han revolucionado en un corto tiempo campos como el diagnóstico de enfermedades infecciosas y genéticas, la monitorización de procesos industriales y la producción de variedades de microorganismos capaces de elaborar sustancias farmacológicas o alimenticias y de metabolizar aceites para eliminar contaminaciones. El mercado de enzimas ha sufrido una auténtica revolución, especialmente por la variedad de productos de investigación ofrecidos a los profesionales.

Aplicada a la medicina, muchos vaticinan que la biotecnología revolucionará los métodos terapéuticos de tratamiento de las enfermedades hereditarias y adquiridas, mediante las diversas modalidades de terapia génica o los tratamientos antimieloma por inyección de TIL (linfocitos T infiltrados), transformados con TNF (factor necrótico de tumores)[30][30].

Sin embargo estos desarrollos económicos parecen no incluir el correlativo desarrollo humano de la población mundial íntegra (se insiste en el desarrollo humano, no económico que ha de estar comprendido en aquél pero no se circunscribe a éste).

Por otra parte, considerada la información genética humana como un aspecto de la diversidad biológica del planeta y, como tal, un activo negociable bajo pautas especiales, la Convención sobre Diversidad Biológica (CBD) no ha podido afrontar eficientemente el objetivo legal –con que naciera- de conservar y proteger la diversidad (incluso la humana) y de establecer procedimientos obligatorios para el intercambio de recursos genéticos y beneficios, con la participación de todos los involucrados[31][31].

El flujo de recursos genéticos humanos a mediados de los años ‘90 estaba ya a un nivel que recordaba el flujo de material genético vegetal en la década de 1970. Actualmente, las muestras de tejido humano recolectadas por los investigadores médicos del gobierno de los Estados Unidos (país que no ratificó la Convención sobre Diversidad Biológica), por biólogos y bioquímicos de poderosas universidades, ayudados y guiados por antropólogos de larga experiencia en el trato y abordaje de comunidades originarias y locales, fluyen libremente tanto hacia los investigadores del sector privado como hacia investigadores militares (dentro del campo de la guerra biológica y la inmunologización de soldados para penetrar en territorios sanitariamente hostiles o desconocidos)[32][32].

Es importante tener en claro que el asunto no se refiere a si un acuerdo o contrato específico puede ser beneficioso para una comunidad local o un grupo de pueblos indígenas, o en qué medida puede llegar a serlo. En casos concretos, la firma de un acuerdo sobre biodiversidad puede constituir una estrategia válida para las comunidades locales, los pueblos indígenas o los gobiernos para obtener beneficios o proteger la innovación local. Hay casos en que se ha obtenido consentimiento, se han firmado acuerdos y se recibieron ciertos beneficios a nivel local. El tema aquí es que las transacciones comerciales bilaterales de biodiversidad están siendo impuestas como el modelo para la participación de los beneficios. Y que esos niveles locales –salvo excepciones- comparten los recursos (tanto biológicos como culturales) con otros no incluidos en la negociación (el Convenio señala que "...sólo se podrá contratar sobre los recursos genéticos de los cuales la parte suministradora sea ‘país de origen’." (Artículo 15, párr. 3º CDB)

Esto resulta evidente si se analizan las recomendaciones emanadas de las reuniones de las Partes del Convenio de Diversidad Biológica. En octubre de 1999, un Grupo de Expertos del CDB se reunió en Costa Rica para discutir a fondo la participación en los beneficios. El hecho de que la sede fuera Costa Rica no deja de ser significativo. El INBio (Instituto Nacional de Biodiversidad), llevó la discusión sobre la participación de los beneficios a niveles internacionales hace varios años, cuando firmó un acuerdo bilateral con la gigante farmacéutica estadounidense Merck, en la que concedía a la trasnacional el derecho a explotar la rica biodiversidad que el país comparte con una región tan basta como que va desde Chiapas (México) hasta Beni (al norte de Bolivia). Poco sorprende que el grupo de expertos concluyera que los acuerdos bilaterales son el principal mecanismo para transferir los beneficios derivados de la biodiversidad y reconociera la necesidad de atemperar la transparencia con la confidencialidad y de adaptarse a las demandas de la industria en materia de derechos de propiedad intelectual, para no perder el interés de las empresas.

Consiguientemente, lo que se entendía como necesidades para la creación de capacidad a escala de los gobiernos y comunidades locales, se tradujo en desarrollo de inventarios, capacitación en negociación de contratos (regateos) y técnicas de redacción de documentos jurídicos. No exactamente lo que se propondría en el Convenio para propiciar la participación "justa y equitativa" de los beneficios. En realidad, la firma de los contratos bilaterales de acceso incorpora ya –y esto parece pasar inadvertido- a las comunidades tradicionales al sistema de la propiedad industrial, los “asocia” a las empresas y laboratorios al estipular que su contribución será retribuida con un porcentaje de las regalías que los productos y procesos patentables devenguen por su comercialización en el mercado. Esto no sólo entorpece sino que sitúa a estas comunidades en franca contradicción con su lucha por los derechos colectivos o comunitarios, que -por definición- no son de propiedad privada y que se comparten e intercambian de acuerdo con valores muy diferentes a los actualmente imperantes en los contratos de cambio, o asociativos, o parciarios de derecho privado. Se elimina así, cualquier posibilidad de gestar otro tipo de derechos bajo la consideración de las reglas y costumbres de esas comunidades, teniendo en miras sus reales necesidades y su papel de gestores naturales de los recursos biológicos.

Tanto los usuarios públicos como privados han de enfrentar costos de transacción para la obtención de los principios activos que “alimentan” las industrias biotecnológicas.

En abril de 2000, en la renegociación del Compromiso Internacional sobre Recursos Fitogenéticos para la Alimentación y la Agricultura[33][33] se intentó avanzar en el intento por darle al nuevo documento multilateral de fuerza obligatoria y preeminencia sobre los acuerdos bilaterales que pocas veces o nunca han sido satisfactorios para los agricultores y comunidades proveedoras de biodiversidad agrícola. 

Pero, en tanto los europeos (Francia e Inglaterra) reclamaron un régimen de acceso abierto, pero sin ofrecer en concreto el necesario apoyo financiero o la justa y equitativa  participación en los beneficios,  muchos de los más ricos en recursos biológicos –encabezados por Brasil- se inclinaron por gestionar independientemente la inversión y contratación sobre los recursos biológicos, no obstante que la mayoría de los países estuvieron de acuerdo en que los enfoques estrictamente bilaterales no eran apropiados para el caso de la biodiversidad agrícola. Esto es especialmente importante para el caso de los países que comparten no sólo diversidad biológica, sino en la que habitan comunidades tradicionales comunes (pueblos mayas, yanomamis, quechuas, son ciudadanos de varios países ¿cuál de ellos gerenciará sus conocimientos? ¿qué ley será aplicable a los contratos que los involucren?[34][34].

Capacidad de inversión o brecha tecnológica

En sus orígenes la biotecnología ha estado mantenida con fondos públicos, pues casi todas las aplicaciones eran consecuencia directa de una investigación básica académica. Pero rápidamente proliferaron multitudes de compañías de biotecnología, grandes y pequeñas, que explotan los productos de la investigación pública (especialmente en los Estados Unidos) .

El imaginario social sobre las biotecnologías ha coadyuvado a “crear” necesidades y realizaciones especulativas donde puede verificarse la desproporción entre los valores de mercado y la performance económica y comercial de las compañías, ese “aparente” desfasaje o falta de correlato estriba en el hecho de que la inversión realizada en este tipo de compañías es considerada "long term investment", queriendo esto significar que la misma no procura, ni pretende, rentabilidad inmediata, sino que forma parte de una porción de inversión mayormente financiera y con vistas a lograr resultados no mediante los dividendos que la empresa pudiera distribuir, sino a través de la oportuna negociación (vender a un precio mayor que el de compra) de los papeles que las representan.

Por su parte, el número de patentes relativas a la producción de antibióticos, enzimas y coenzimas, productos farmacéuticos, química fina, biomasa, aminoácidos, polímeros, ácidos orgánicos, aditivos para la industria alimentaria y esteroides ha aumentado significativamente en las dos últimas décadas, pero no en proporción a la inversión realizada (comparativamente con otros sectores)

Las diferencias entre empresas públicas y privadas de biotecnología aparecen magnificadas si se atiende a sus presupuestos de I&D respectivos: las públicas tienen un presupuesto 9,2 veces superior al promedio de las privadas. Sin embargo, aunque el gasto de estas últimas (subsidiarias, divisiones o joint-ventures) es un 36% inferior al de las públicas, sus ganancias son considerablemente mayores. Las privadas obtienen mucho más por cada dólar invertido en I&D.

Las grandes corporaciones farmacéuticas, han decidido delegar totalmente las etapas clave de la investigación terapéutica en empresas especializadas que trabajan directamente con los centros de salud públicos y universidades (cuyo presupuesto es también cubierto con fondos públicos, en su mayor parte). Sin embargo los títulos de patentes recogen como asignatarios a las empresas debido a los contratos universidad-empresa, sin perjuicio de los pactos de regalías establecidos. Este cambio de estrategia persigue identificar los genes responsables de las principales enfermedades (unas 100, aproximadamente, entre más de 30.000) para hallar los blancos ideales (receptores hormonales, por ejemplo) sobre los que deben actuar los futuros medicamentos ante la posibilidad de afrontar no sólo los costos sino la cantidad de profesionales especializados en las nuevas técnicas de I&D molecular. Francia se mostró partidaria de constituir sociedades privadas abiertas a la participación de funcionarios investigadores. Pero esto exigía modificar su estatuto como investigadores y en la práctica da problemas. A Jean Weissenbach, actual director de Généthon, le han propuesto dirigir un centro público sobre los genomas en Evry, con unos 80 millones de francos de presupuesto anual. Algunos observadores echan de menos una política global de apoyo decidido a la genética médica, que permita aprovechar los resultados de centros como el de Evry. Con capital privado o sin él, lo cierto es que la investigación puntera sobre genes implicados en las enfermedades más frecuentes requiere centros de excelencia capaces de competir con las compañías privadas o colaborar con ellas de forma equilibrada.

Todo ello impone algunos razonamientos primarios:

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La investigación pública es costeada por el erario logrado por los impuestos generales, aportados por la totalidad de la población en cada Estado, y derivado desde éstos a los Fondos Internacionales administrados por los organismos que gerencian los mecanismos de facilitación financiera destinados a los proyectos de investigación más ambiciosos. 

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Las universidades –aún las privadas- cuentan con fuertes aportes públicos; sin embargo, la universidad privatiza -a partir de los promocionados acuerdos empresa-universidad- el conocimiento logrado con aquellos fondos.

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En muchos casos los investigadores universitarios obtienen –por esa pertenencia- el aporte gratuito de principios activos imprescindibles para la investigación, bien que a cambio –en los últimos años- de porcentajes en sus propias regalías.

Sin embargo, 

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la explotación –de la que dependen en definitiva esas regalías- no son decididas con la participación de los proveedores interesados, sino con las conveniencias del mercado y de la empresa explotadora (que en no pocos casos debe amortizar previamente otras investigaciones posponiendo la comercialización de los nuevos)  

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la gestión (oportunidad, presentación, producción (cantidad) y precio) es impuesto por las empresas comercializadoras de acuerdo con las capacidades económicas del mercado y no conforme a las necesidades.

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Las ganancias del sector 
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o       no parecen promisorias en el presente en lo referente a la comercialización de productos o procesos; sino  

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provendrían de maniobras y prácticas especulativas

Aunque algunos países en desarrollo poseen ya un incipiente sector biotecnológico (semillas híbridas, técnicas de micropropagación, etc.) que nutre a sus mercados internos, la mayoría de ellos son deficitarios en las sofisticadas técnicas derivadas de la biología molecular.

Irónicamente, y a pesar de los buenos resultados, durante la Revolución Verde, de la red internacional pública de I&D agrícola, la irrupción en escena de los intereses comerciales (los mencionados convenios empresa-universidad, por ejemplo) amenaza la continuidad efectiva de ese loable esfuerzo.

La brecha tecnológica se manifiesta doblemente: en capacidad de generan un aprovechamiento de los recursos primarios y en control (previsión y remediación) de la aplicación y de los efectos de las biotecnologías modernas.

Para fomentar el desarrollo sostenible se requiere un conocimiento cabal de la capacidad de sustentación de la Tierra y de los procesos que podrían menoscabar o acrecentar su capacidad para sustentar la vida. El medio ambiente mundial esta cambiando con más rapidez que en cualquier otra época en los siglos recientes; como consecuencia de ello, cabe esperar sorpresas, y en este siglo que comienza tal vez se produzcan importantes cambios ecológicos y se padezcan consecuencias nunca antes experimentadas.

Al mismo tiempo, el consumo humano de energía, agua y otros recursos no renovables está aumentando, tanto per cápita como en total, y se pueden producir grandes déficit en muchas partes del mundo, aun cuando las condiciones ambientales no experimentaran cambios.

Por otra parte, los procesos sociales están sujetos a múltiples variaciones en el tiempo y el espacio, las regiones y las culturas. Estos procesos influyen en la evolución de las condiciones ecológicas y, a su vez, reciben la influencia de éstas. Los factores humanos son las fuerzas propulsoras centrales entre estos intrincados conjuntos de relaciones y ejercen influencia directa en los cambios a nivel mundial. En consecuencia, es indispensable el estudio de las dimensiones humanas de las causas y consecuencias de los cambios ecológicos y de las formas de desarrollo más sostenibles.

Un objetivo clave es mejorar y aumentar los conocimientos básicos acerca de los vínculos entre los sistemas ecológicos humanos y naturales y mejorar los instrumentos de análisis y pronóstico para comprender mejor los efectos en el medio ambiente de las opciones de desarrollo humano.

Economía de predicciones

“La economía es el estudio de la forma en que la sociedad decide
 qué se va producir, cómo y para quién”.

Stanley Fischer y Rudiger Dornbusch.  Economía (1983)

 

Las biotecnologías modernas se reflejan en los mercados con la aparición de “cultivos de diseño” que permitieron incorporar ciertos rasgos novedosos o mejorados en alimentos, destinados a cubrir gustos específicos, concentración de explotaciones agropecuarias y mayor concentración industrial alrededor de los grupos de empresas poseedoras de derechos de propiedad de las invenciones biotecnológicas, etc.

Sin embargo, las previsiones hechas en estudios prospectivos previos al actual desembarco masivo de la biotecnología en el comercio, no han medido ni previsto la fuerte incidencia de factores a ser investigados y paliados en este sector: sostenibilidad ambiental, aceptación pública de los productos, viabilidad de la agricultura intensiva convencional, efectos sobre los componentes de los ecosistemas invadidos.

Por otra parte, en lo que se refiere a los riesgos relacionados con la pérdida de competitividad de los sistemas tradicionales de producción es otro de los temas en los que existe mayor confusión y desinformación. La pérdida de competitividad de un sistema de producción debido a la innovación tecnológica de los competidores es un fenómeno inherente al desarrollo económico que ocurre independientemente de si  la nueva variedad fue obtenida por medio de las nuevas biotecnologías o de los métodos convencionales de mejoramiento. De hecho uno de los objetivos de las políticas de desarrollo es fomentar la innovación y estimular a los innovadores; este tipo de riesgo no es equiparable a los riesgos físicos, y por lo tanto no puede ser objeto de las regulaciones de bioseguridad, sino un problema que debe ser enfrentado a través de los instrumentos de la política económica y de desarrollo científico-tecnológico.

De aquí se deriva que si se establece una regulación de bioseguridad excesiva, es decir que propone normas que van más allá de los riesgos objetivamente identificados y razonablemente prevenidos, se corre el peligro de crear un instrumento que puede ser calificado como de obstrucción al comercio, y a la innovación tecnológica. Este tema es particularmente importante para los países periféricos o en desarrollo, los cuales dependen críticamente del acceso a tecnologías modernas generalmente desarrolladas en otros países, y en los cuales es necesario crear un clima adecuado para la transferencia real de tecnología.

Otras situaciones particulares pueden darse cuando el uso del material transgénico permite disminuir o eliminar las importaciones de uno o varios productos , o cuando el empleo de un material modificado genéticamente permite aumentar la producción del cultivo y a la vez disminuir costos asociados al mismo[35][35].

Como impacto negativo se menciona el hecho de que algunas empresas de semillas no pueden transferir nuevos materiales transgénicos a algunos países, por las presiones de grupos ecologistas radicales, lo que tiene un impacto desfavorable sobre las empresas que desarrollan estas innovaciones, y sobre la economía de los países a los cuales se transferirían los desarrollos, pues se les impide ser beneficiarios de los avances económicos-tecnológicos. Esto tampoco ha sido convenientemente medido por la econometría.

Mazorca de maíz originario y de maíz transgénico

Cultivo de trigo tradicional (izq.) y transgénico (der.).


Se tiene la intuición que la ecología puede ser usada como una barrera para la producción competitiva de algunos países, avalada por posiciones proteccionistas de países centrales (v.gr., la agricultura francesa es especialmente protegida como tradición y contención de la población rural). Sin embargo no hay prospectiva económica que “cruce” esos datos y situaciones.

Otro aspecto en el que los cálculos económicos aparecen “retrasados” e insuficientes son los relativos al impacto de las biotecnologías sobre el mercado asegurador y laboral. Por lo general, las pruebas que ofrecen información sobre un riesgo genético probable son siempre problemáticas.

Aunque se conozca el genoma humano, hace falta tiempo para identificar los factores genéticos de una enfermedad. Y un plazo mucho más largo, incluso décadas, puede transcurrir entre el descubrimiento de una mutación genética que está en el origen de una enfermedad y la puesta a punto de un tratamiento preventivo o curativo.

En el entretanto la realidad es que las pruebas estarán ceñidas a:

a)       dar una información que sólo será un indicio con una relativa capacidad predictiva concreta (en una abrumadora cantidad de casos, la manifestación fenotípica del genotipo, dependerá de otros elementos entre ellos los ambientales y alimenticios, que quedan fuera de la consideración de las pruebas genéticas);

b)       la detección de una predisposición que no tendrá de inmediato el correlato de un tratamiento eficaz y sólo en algunas circunstancias se podrá indicar una conducta que permita conjurar o retrasar una dolencia probable, motivará un impacto que será un nuevo conflicto psico-sociológico a paliar, en los planos individuales, familiares y comunitarios.

c)        dar pie a un serio replanteo de transición sobre aspectos económicos de la absorción de los posibles excluidos tanto del mercado asegurador como del laboral.

Dada la ambivalencia inherente a toda nueva tecnología de gran potencial, las técnicas de predicción genética se hacen tan susceptibles de usos saludables como de abusos, por lo que el mayor esfuerzo deberá ir destinado a proporcionar información y difundir los criterios científicos, éticos y sociales necesarios para fomentar un uso responsable del conocimiento que el Proyecto Genoma Humano brindará, incluso aunque las medidas legales fuesen incapaces de garantizarlo[36][36]

Como conclusión general, puede decirse que la multifuncionalidad de la información no es suficiente para garantizar la elaboración de planes para economías reales y actuales (ni siquiera prospectivas), en las que debe incluirse las problemáticas del crecimiento, la distribución de la riqueza, el combate de la pobreza, la inserción de los actores en las economías nacionales y en las globalizadas, el manejo adecuado de los recursos productivos y el medio ambiente y la capacidad de articular consensos entre diversos agentes dentro y fuera de los  mercados, sobre el uso de los recursos biotecnológicos. La globalización de la economía impone al Derecho un desafío global: organizar una sociedad globalmente apta no sólo para sobrevivir, sino para evolucionar.

4ta.  Hipótesis.

No hay legitimidad en la propiedad de los resultados de las biotecnologías sin distribución equitativa y universal de los beneficios.

La facilitación del acceso ha de tener una contrapartida garantizada por los Estados "... los beneficios de la utilización de esos conocimientos, innovaciones y prácticas se compartan equitativamente" (Artículo 8º, inc. j).

La Convención sobre Diversidad Biológica (CBD) no ha podido afrontar eficientemente el objetivo legal –con que naciera- de conservar y proteger es diversidad (incluso la humana) y de establecer procedimientos obligatorios para el intercambio de recursos genéticos (incluso los humanos). Tampoco ha podido –a pesar de los esfuerzos desarrollados en la cuarta (Bratislava, 1998) y quinta (Nairobi, 2000) Reunión de las Partes de la Convención- crear un foro de acercamiento, una interfase de negociación o, al menos, de preparación de las pautas negociables.

El flujo de recursos genéticos a mediados de los años ‘90 estaba ya a un nivel difícilmente controlable. Actualmente, las muestras de tejido humano recolectadas por los investigadores médicos del gobierno de los Estados Unidos (país que –se reitera- no ratificó la Convención sobre Diversidad Biológica), por biólogos y bioquímicos de poderosas universidades, ayudados y guiados por antropólogos de larga experiencia en el trato y abordaje de comunidades originarias y locales, fluyen libremente tanto hacia los investigadores del sector privado como hacia investigadores militares (dentro del campo de la guerra biológica y la inmunologización de soldados para penetrar en territorios sanitariamente hostiles o desconocidos)[37][37].

Comunidad y derechos de propiedad.

En muchas de las comunicaciones recibidas por la Conferencias de las Partes (Cuarta Reunión – Bratislava 1998) de comunidades locales e indígenas, aunque se expresa apoyo al Convenio sobre la Diversidad Biológica en su conjunto, se observa que al estar el artículo 8º j) sujeto a la legislación nacional, la eficacia real del Convenio depende en definitiva de aquel ordenamiento soberano y operativo. Se trata, en definitiva, de acercar los paradigmas en juego[38][38].

De todas maneras se choca con la diversidad jurídica en cuanto a los conceptos de propiedad privada (emergente del orden jurídico de base románica) y propiedad colectiva o comunal (propia de los pueblos aborígenes), lo cual impone una brecha cualitativa a respetar si se pretende no invadir o destruir ordenamientos y costumbres locales.

Algunos líderes indígenas han instado a la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI) a que realice más investigaciones para comprender la complejidad que tienen los conceptos jurídicos en las culturas de los pueblos indígenas. Como señalara Lars Baer, del Consejo Saami de Escandinavia, "el hecho de que los conceptos indígenas, en especial la noción de derechos colectivos, puedan ser difíciles de entender para los regímenes jurídicos existentes no justifica que los gobiernos y las organizaciones intergubernamentales como la OMPI los pasen por alto". Más allá de que la OMPI tiene poca experiencia fuera de los derechos de propiedad intelectual occidentales y hasta pueden caber dudas de su disposición a hacerse cargo de esta ardua tarea y de su capacidad de llevarla a cabo, se hace evidente la ineludible necesidad de definir otro concepto: el de comunidad; como titular de los derechos comunitarios, titular de la propiedad, de la legitimación para disponer.

La comunidad “es” más allá de sus aspectos físicos o funciones básicas. El antropólogo mixe de Tlahuitoltepec y dirigente del movimiento indígena en Oaxaca (México), Floriberto Díaz, afirmaba que "no se entiende una comunidad indígena solamente como un conjunto de casas con personas, sino personas con historia, pasado, presente y futuro, que no sólo se pueden definir concretamente, físicamente, sino también espiritualmente en relación con la naturaleza toda". La comunidad es el foro para el desarrollo humano, conjunto con el mundo natural, reflejando así un concepto fundamental de la cosmovisión indígena en muchas partes del mundo.

Los  investigadores indigenistas sudamericanos no han podido ponerse de acuerdo sobre lo que es una comunidad. Han confundido (y fundido) campos semánticos inconciliables en sus definiciones, haciendo de la "comunidad" un concepto inoperante[39][39].  Según el contexto, la "comunidad" se refiere a un territorio enorme que incluye varios más pequeños, a veces referidos a una sola unidad rural, o un grupo de ellas, todas estas entidades -más o menos legalmente definidas- reivindican un estatuto y funciones frente al Estado.

La noción de comunidad, de la misma forma que lo hace la gente y el lenguaje corriente, ha sido utilizada por los académicos y gobiernos como una intuición, desde una percepción cultural variable, de una forma que solo satisface la percepción o el deseo de sus integrantes; en vez de definirla de forma rigorosa, trascendiéndola y haciéndola identificable desde fuera y desde dentro de ella misma.

Por otra parte, existe la necesidad de una definición que incluya derechos relativos a la tierra (ocupación, explotación) con límites claros (superficie/fronteras) y definición clara de la propiedad de los recursos: qué derechos se incluyen y qué derechos se excluyen y para qué usos (agrícola, pastoril, uso de aguas, desarrollo económico, redes de transporte, etc.). Floriberto Díaz combina requerimientos fundamentales y de “identidad” o sea que corresponde a un “entendimiento” indígena y endógeno de lo que es[40][40]. Su definición es político-ideológica en el sentido de que intenta reflejar el sentimiento de pertenencia y de identidad (cultural o colectiva) a la vez que un arraigamiento jurídico a la tierra (propiedad).

Si bien la comunidad tiene que estar basada en un territorio concreto -según Lussier, tiene que corresponder a una realidad jurídica precisa como un territorio, en propiedad o usufructo de recursos y tierras que sean reconocidos por los Estados nacional y provinciales, en su caso. Ello no significa que tal territorio –en sus partes o en el todo- o el uso del mismo sea público o privado, sino comunitario[41][41]. Para Lussier la comunidad debe tener una “masa” política y para ello puede ser necesario darle fronteras dentro de las cuales los miembros tienen ciertos derechos y obligaciones, no puede ser una entidad sin localidad.

El territorio compone un ámbito, es un elemento de la comunidad, cuya materialidad puede corresponder a cualquiera de las categorías jurídicas citadas (en el todo o en sus partes: espacio aéreo, subsuelo, ríos, y demás diferenciaciones). El territorio es un elemento comunitario, influido por el desarrollo cultural de la comunidad pero no una propiedad dominial, independientemente de que los miembros de la comunidad o algunos de ellos posean títulos jurídicos sobre unidades catastrales, o éstas sean poseídas por otros operadores sociales o estaduales. Hoy, el diseño político de la comunidad ha de recoger la plasticidad conceptual indígena, pero sin dejar de tener a la vista el compromiso de ser aplicable dentro de la realidad social y económica actual, y compartida por y explicitada a todos los habitantes contemplados en los principios constitutivos (y constitucionales) de los Estados.

Por su parte, el Diccionario Político de Norberto Bobbio ofrece la siguiente definición de comunidad: “La comunidad política es el grupo social con base territorial que reúne a los individuos ligados por la división de trabajo político... definido por la distinción entre gobernantes y gobernados"[42][42] Sin embargo, "la comunidad natural", que se asemeja más a la comunidad indígena, se puede definir como: La extensión de las relaciones ordinarias de la vida cotidiana, como en la ciudad-estado griega, el sentido de pertenencia a aquélla tiende a confundirse con el sentido de apego a la comunidad natural, es decir, al grupo cuya vinculación fundamental está constituida por relaciones personales que se establecen entre sus componentes y se mantienen aun sin la acción del poder político.

Un Estado latinoamericano no puede concebirse sin una sociedad multiétnica, ni la construcción de una democracia popular nacional puede dejar de representarla y expresarla. La participación representativa y democrática en Latinoamérica, para ser auténtica, debe incluir y representar a las antiguas poblaciones de origen colonial y neocolonial como autónomas y formadas por ciudadanos a cabalidad o nunca será democrática[43][43]

Beneficios biotecnológicos: ¿hacia una nueva clase privilegiada?

Frente a las biotecnologías finiseculares, las disputas sociales se dividen entre aquellas en las que ciertos grupos ven amenazados determinadas cosmovisiones o valores morales y culturales y aquellas en las que sólo entran en juego intereses contrapuestos entre distintos actores.  Las primeras son de difícil resolución, ya que los argumentos técnicos son incapaces de modificar las posturas, mientras que las segundas pueden resolverse mediante negociación, distribución equitativa de riesgos y beneficios, y medidas de compensación. La consideración de cuestiones sociales y morales de una práctica científico-tecnológica particular puede revestir más importancia que cualquier detalle de contrastación científica.

Un segundo problema es que se partió de la suposición de que los poseedores de conocimiento autóctono tienen expectativas sobre los sistemas de derechos de propiedad intelectual occidentales y pueden hacer sugerencias sobre cómo mejorarlos. Los sistemas de derechos intelectuales son un invento de la cultural industrial. Están inspirados en normas que no tienen ningún fundamento en la cultura de muchas comunidades locales.

Las investigaciones de la OMPI aspiraron a buscar respuesta a preguntas tales como "¿En qué satisface el actual sistema de derechos de propiedad intelectual las necesidades y expectativas del informante con respecto al conocimiento autóctono?" o "¿Cómo clasifica y distingue el informante los diferentes cuerpos de conocimiento autóctono para los cuales espera o necesita la protección de derechos de propiedad intelectual?". Esto llevó al científico etíope Tewolde Egziabher, uno de los principales negociadores africanos en el Convenio sobre la Diversidad Biológica y en la Organización de la Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) a comentar; "Pretender que los ‘informantes’ contesten semejantes preguntas es como pedirles a los antiguos atletas olímpicos sus opiniones acerca de las reglas del cricket. Esas preguntas sencillamente no son válidas".

Por otra parte, la participación en los beneficios no puede reducirse a una compensación económica por la concesión del acceso a los recursos biológicos y conocimientos colectivos y lamentablemente, algunos de los aspectos más importantes y trascendentes no son tratados: