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Comercio Justo: Sellos de garantía

 

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La segunda generación de Comercio Justo: Los "sellos de garantía" y sus riesgos

Las organizaciones europeas de comercio justo intentan garantizar la procedencia, la calidad del producto y el respeto a la naturaleza en la elaboración a través de las marcas de comercio justo: son los llamados "sellos de garantía". En Europa existen tres marcas con larga tradición y un amplio mercado: Max Havelaar, TransFair, y Fair Trade Mark, que comercializan café, cacao, chocolate, miel, azúcar y té con sello de garantía. Para certificar esta garantía, tanto los productos como los grupos productores y las organizaciones importadoras y distribuidoras son sometidos a estrictas auditorias de control.

Encontramos dos riesgos en el movimiento de Comercio Justo europeo relacionados con lo anterior:

•  Que el consumidor responsable se vuelva pasivo, se desmovilice y se limite a comprar productos que llevan una etiqueta o sello de garantía de comercio justo.

•  Que las organizaciones de comercio justo renuncien a hacer la comercialización dejando esta función a empresas del sector lucrativo que se legitiman como tales al comprar un sello de garantía de Comercio Justo. Esto merece un análisis aparte por su gravedad.

De momento simplemente decir que si las empresas del sector lucrativo se meten en el Comercio Justo, el principio de fidelización se pone en crisis total porque ya no podremos garantizar los criterios y principios que habíamos aprobado. En efecto:

•  El excedente que podría destinarse a proyectos de desarrollo o a mejorar aún más las condiciones de vida de los productores asociados va a parar a la empresa comercializadora, recompensando así el principio de la obtención de lucro

•  Una vez que la empresa lucrativa capta el mercado de consumidores solidarios, desaparecen los «facilitadores», se cierra el paso a los productores a participar en el Comercio Justo.

•  Por último se desactiva al consumidor responsable. Es una verdadera integración sistémica (o desintegración si lo miramos desde el punto de vista de la organización del movimiento). Desilusiona y frustra a las esperanzas de un mundo más justo.

A la generalización de venta de sellos de garantía se le ha llamado segunda generación del Comercio Justo.

Por desgracia, en Europa ha prosperado la venta de sellos de garantía a empresas del sector lucrativo. Ha incrementado el número de consumidores como consecuencia de las campañas de sensibilización, especialmente en la televisión cuyos altos costes son financiados por estas empresas lucrativas. El efecto más negativo, repetimos, es que la comercialización queda en manos del capital privado, se cierra el paso a los Productores Asociados en el camino de controlar ellos mismos el mercado de sus productos.

No olvidemos que todas las Organizaciones de Comercio Justo han dejado patente que el Comercio Justo representa un cambio de las estructuras comerciales. Así, en el preámbulo del Catálogo de Criterios de la Coordinadora se dice: "se trata de superar el concepto de ayuda al desarrollo mediante la realización de prácticas comerciales equitativas. Sin embargo, somos conscientes de que, incluso, ambas no bastan. Para una distribución más justa de ingresos y trabajo entre el Norte y el Sur, deben cambiar las estructuras del comercio internacional".

Otro aspecto negativo: los productores no podrán dirigirse ya directamente a los consumidores y se pierde este vínculo tan decisivo. La función del mediador facilitador [Mf] también desaparece y las Organizaciones de Comercio Justo se limitan a dar mensajes retóricos y realizar el marketing sin control alguno del mercado. Estas organizaciones se ven arrastradas a una dinámica incontrolada donde tienen que invertir más y más en «sensibilización» para mantener los porcentajes de compradores, pero éstos van percibiendo que falla el principio de fidelización. Al final es más de lo mismo y sólo son distintas las palabras, pero no la praxis comercial. Falla la coherencia y los grupos de consumidores más responsables se desenganchan. La cuota de compradores se amplía por los sectores menos avanzados, menos conscientes. Pero pronto estos sectores se verán igualmente defraudados cuando ganen en conciencia responsable. Es un camino sin retorno. Es el declive del movimiento que acentuará el escepticismo y el pesimismo en lo más sano de la sociedad.

Figura 1: La mercantilización del "sello de garantía"

En la figura 1, se recoge gráficamente las consecuencias: las empresas se apropian del excedente que viene a pagar el consumidor responsable y al productor se le cierra el proceso de participar en la comercialización. El divorcio entre capital mercantil y capital productivo, característico del modelo de acumulación capitalista se consuma. Volvemos al subdesarrollo y a la pobreza.

El diferencial o excedente final entre el precio de venta al consumidor y el precio de compra al productor se pierde para la solidaridad, ingresa en la acumulación privada y el consumidor responsable se desactiva.

Una vez que el «mediador-lucrativo» [Ml] consolide su posición, la presión de la competencia se encargara de ir desmoronando y disolviendo el Comercio Justo, reduciéndolo a mera retórica de marketing, frustrando al sector más consciente de los consumidores responsables y dejando inerme al resto. No podemos ignorar la aportación decisiva que han tenido las más importantes organizaciones distribuidoras del sello de garantía de Comercio Justo y valorar el esfuerzo realizado en apoyo de los productores. Pero consideramos que este modelo de segunda generación de Comercio Justo no puede ser aplicado en España sin unas restricciones. No se debe ir deprisa en esto y no debemos caer en la simple repetición del modelo aplicado en Europa, sin analizarlo más detenidamente. Nosotros proponemos las limitaciones necesarias para asegurar, al consumidor responsable, el principio de fidelización del proceso.

No estamos, por lo tanto, en contra de la aparición de sellos de garantía, sino de que éstos sean «vendidos» a empresas lucrativas. Estos sellos de garantía resultan necesarios a medida que aumenta el nicho de consumidores responsables, pues se requiere llegar a los consumidores y consumidoras con símbolos, pero símbolos no mercantilizables. La solución más adecuada sería que los sellos de garantía sean emitidos única y exclusivamente por Organizaciones de Comercio Justo fiables y conocidas públicamente, o por la Coordinadora de Comercio Justo, pero siempre para uso de las organizaciones miembros.

Deben ser sellos de garantía que no se «vendan» no se «mercantilicen», sino que sirvan para mantener la fidelidad de los productos y de los procesos y se salvaguarden por lo menos las tres condiciones señaladas anteriormente.

Hacia la tercera generación de Comercio Justo

Figura 2: Tercera generación de Comercio Justo

La figura 2 recoge gráficamente el proceso que se seguiría, si persistimos en continuar comercializando productos de COMERCIO JUSTO sin caer en la venta de sellos de garantía de Comercio Justo a empresas lucrativas y buscando una solución alternativa de administración del sello.

Los productores pasan a participar en la comercialización. El proyecto asociativo se amplia a los mediadores y los productores pasan a compartir el control del mercado. El consumidor responsable se activa y todos participan en el proyecto de ECONOMIA POPULAR.

En lugar de desviar el modelo de primera generación hacia la patrimonialización del excedente del 10% solidario por las empresas lucrativas, y sustituir el mediador-facilitador [Mf] por el mediador-lucrativo [Ml], la solución sería caminar al encuentro de los productores asociados [Pa] coordinando las estrategias de mercado con ellos (cooperativas o cualquier forma de asociatividad que sería favorecida), dándoles la posibilidad de entrar como socios en las empresas de Comercio Justo, compartiendo el capital con las organizaciones comercializadoras, compartiendo la función facilitadora [Mf] y creando una asociación más amplia entre Productores y Mediadores. De esta manera no sólo el 10% de diferencial va al desarrollo, sino que la misma empresa comercializadora, su capital y patrimonio se funde con el capital de los pequeños productores, que abren así un espacio en la metrópoli.

Es cierto que caminar en este sentido requiere haber tomado una opción por el campesinado del Tercer Mundo, y eso asusta. Pero cuando ese campesinado ha logrado diseñar un proyecto asociativo y autogestionario, cuando cuenta con facilitadores en el Sur y en el Norte, cuando demuestra que es alternativa al comercio injusto, entonces la opción es más factible.

Si se llega a compartir el proyecto asociativo y autogestionario entre los sujetos, productor asociado [Pa], mediador-facilitador [Mf] y consumidor responsable [Cr], entonces cada uno se fortalece en el otro y con el otro, volviéndose actores de una nueva cultura global. Las capacidades del consumidor responsable [Cr] se activarán, pues su responsabilidad tiene un respaldo, tiene una opción y una elección para transformar la realidad injusta.

La resolución de la pobreza sólo puede venir de los mismos sujetos que la padecemos (pobreza material en el Sur y pobreza moral y espiritual en el Norte). El problema está en el control del mercado, pues desde ese control se accede a los medios de comunicación, se accede a los excedentes de valor añadido por el trabajador.

La solidaridad del Norte con el Sur igualmente se moviliza a través del consumo responsable que le permite suprimir la escisión entre producción y consumo. Las organizaciones facilitadoras asisten a los productores en su estrategia de mercado y éstos pueden a su vez recuperar los excedentes porque son dueños de una parte del capital de la empresa comercializadora. Evidentemente es un camino que precisa regulación, concentración de fuerzas y tiempo. Pero ¿qué otra opción le queda al productor cuando los estados han perdido su función asistencial? Evidentemente no estamos hablando de un espacio total, sino de un ámbito limitado, pero culturalmente identificado, que habría comenzado a ser ejemplo de supresión del abismo Norte-Sur.

Algunas conclusiones

Para entender el Comercio Justo partimos de un análisis tanto positivo como crítico de la situación que rodea al contexto de su nacimiento: los años 60 en la Europa central superdesarrollada y rica, donde los movimientos sociales alternativos, con sus virtudes y limitaciones, aparecen en escena. Preocupación solidaria con el Tercer Mundo en ascenso en los años de descolonización y auge de los movimientos de liberación nacional. El papel nuevo de las Iglesias en la sociedad civil a través de organizaciones laicas, el movimiento de mayo de 86, etc. Una visión todavía eurocéntrica del mundo pero también abierta y crítica del orden existente. Unos nuevos sujetos, los consumidores con causa..., etc. No puede olvidarse que todavía no ha entrado en la escena, con la suficiente fuerza, el movimiento cooperativo en del Tercer Mundo, pero ya despunta.

A finales de los años 70, una nueva forma de entender el Comercio Justo, que vino a llamarse segunda generación del movimiento con la venta de sellos de garantía de Comercio Justo que se aplica principalmente al café, su producto estrella. Crecimiento de las campañas de sensibilización y ampliación del «nicho» de mercado que lo vuelve atractivo para el comercio lucrativo. Nuevas contradicciones en el modelo de crecimiento del Comercio Justo con la progresiva liberalización de los mercados y la entrada en este movimiento de sectores mercantilistas.

En el Estado Español surge el Comercio Justo con 20 años de retraso y con una superior carga ideológica. América Latina es la contraparte proveedora. Tiene autonomía propia y originalmente no se calca del modelo europeo, aunque hoy ya existen tendencias fuertes a la homologación. La disponibilidad de capital para asentar las organizaciones no es tan abundante. El ritmo es más lento y su perfil marcadamente crítico. No entiende bien eso de los sellos de garantía. Ya se advierte el interés de empresas mercantiles capitalistas, en el marketing del Comercio Justo.

Este trabajo trata de entender el Comercio Justo desde los nuevos sujetos económicos, considerados como una relación integral que determina una nueva economía. El prototipo de consumidor responsable es el más conocido y analizado. El productor asociado bastante desconocido, y el papel de la mediación sin ánimo de lucro carece de proyección todavía. Estamos en el momento donde podemos definir a los tres sujetos. Ya existen. El movimiento se asegura con los tres, que constituyen una nueva estructura económica. Si falla uno de los tres la estructura se rompe, y el sistema no funciona.

La gran novedad está en los pequeños productores del Sur. En los 90 dejan de ser virtuales. Nicaragua ofrece un panorama de avanzadilla y elaboración. Surge allí un proyecto asociativo y autogestionario y eso contagia a la solidaridad. En el Norte surge también la posibilidad de teorizar sobre la práctica del mediador que facilita la comercialización. Ésta debe estar controlada por los mismos pequeños productores. Estamos en los comienzos. Proponemos entender el Comercio Justo no sólo por los miembros de las Organización de Comercio Justo, sino también por los consumidores de productos de Comercio Justo.

Ya se ha logrado un avance importante con la vinculación entre comercio y consumo, entre la Organización de Comercio Justo y el consumidor responsable. Falta ampliar este vínculo a los productores alternativos, con los que se cuenta todavía muy poco.

El Comercio Justo implica a esos tres nuevos sujetos económicos y la misión de las Organizaciones de Comercio Justo debe limitarse a ser facilitadora. En el movimiento de Comercio Justo hay que distinguir entre Tiendas e Importadoras. Las dos funciones son imprescindibles. La Tienda o el grupo de distribución se pone en contacto con el consumidor y actúa como agente de los productores y de los consumidores: es un facilitador de primer orden que emplea la sensibilización como un poderoso medio de conciencia. La tienda compra el producto a la Organización de Comercio Justo importadora, lo procesa, lo transforma y lo comercializa.

La primera generación de Comercio Justo avanza sin duda hacia formas de integración y siempre hacia un control del mercado, proceso que se quiebra cuando una empresa no facilitadora entra en ese mercado de Comercio Justo. La degeneración del movimiento consistiría en que las mismas Organizaciones de Comercio Justo se convirtieran en «facilitadoras» de la empresa privada, de la empresa lucrativa, cuya misión no es la solidaridad a través del comercio. Sin embargo, esas empresas lucrativas sí serían útiles al Comercio Justo vendiendo sus servicios a las Organizaciones de Comercio Justo que lo demanden. Si existe voluntad de ayuda pueden ofrecer cobertura y asesoría. Cabe, pues, un papel en el Comercio Justo para la empresa privada lucrativa en tramos no estratégicos del ciclo económico.

La distinción entre una economía y otra es clara: se mide por el papel que se concede al trabajo asalariado y por el proyecto político de cambio social que la acompaña. Los consumidores han irrumpido en la escena, pero su fuerza será anulada si no disponen de opciones para comprar beneficiando al productor del Tercer Mundo y cambiando las reglas dominantes del mercado: la búsqueda del lucro.

Pero, ¿acaso es posible caminar hacia lo que hemos llamado tercera generación del Comercio Justo o control del mercado por los productores asociados, de sus propios productos? Claro que estamos hablando del control de los propios productos, no de otros. Determinadas experiencias están demostrando que eso es posible. 

El Comercio Justo es un movimiento de esperanza y de futuro, pero no será alternativo si se integra en el sistema de economía, de mercado y si esto sucede quedará reducido a mera retórica.

Este riesgo acecha también a la misma cooperación al desarrollo, donde algunas instancias y ONGDs han optado por compartir el mensaje solidario con empresas lucrativas, como ocurre con Fortuna (campaña 0,7%), Trinaranjus y alguna marca de lácteos, por citar unas pocas. La mercantilización de la solidaridad destruye la solidaridad, porque se trata de un valor no mercantil, de un valor moral que no puede cambiarse por dinero o ser instrumento de negocio.

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Última modificación: Miércoles, 15 de Junio de 2005