Programa Pan Americano de Defensa y Desarrollo de la Diversidad Biológica, Cultural y Social - asociación civil

Ciudadanía ecológica

 

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Apéndice

GUIA PARA UN NUEVO MODELO DE CIUDADANIA ECOLOGICAMENTE ATENTO Y CONSECUENTE CON LAS VERDADERAS NECESIDADES TERRESTRES DEL CUERPO Y DEL ALMA.

 [See English original and APPENDICES separately.]

 

l.          El modelo se elabora a partir de un presupuesto básico que es a la vez resultado de un largo proceso de observación por parte de muchos filósofos, ecólogos, teólogos, sociólogos etc...: Que la supervivencia de las especies y, a su vez, la salud física y espiritual de los seres terrestres, dependerán de las posibilidades que tengamos, como sujetos activos, de pensar nuestros problemas con una perspectiva global --como integrantes de un sistema ecológico universal que no puede ser contenido por fronteras y maquinarias políticas tan anti‑naturales como histórica y socialmente obsoletas-- y, al mismo tiempo, que estar alerta a las realidades globales, y a los intereses globales, exige reconocer la importancia de devolverle a las localidades un mayor margen de control sobre lo que sucede en casa. 

 

Se trata, en breve, de la necesidad de pensar la integridad del globo mientras se actúa principalmente en el ámbito local...Piensa globalmente, actúa a nivel local. 

 

2.                              Siguiéndole el hilo a las observaciones de Simone Weil en relación a las          "necesidades terrestres del cuerpo y del alma" y teniendo en cuenta su crítica del nacionalismo como destructor de las tradiciones locales, este modelo busca restaurarle a la localidad, al municipio o al condado, por medio de la familia extendida, de las escuelas, iglesias, sindicatos o asociaciones obreras y civiles, corporaciones etc..., la tarea de reconocerle su calidad ciudadana a los seres humanos en sus lugares de residencia temporal y/o permanente.   (Para Simone Weil, vale observar, el triunfo del nacionalismo fue el triunfo negativo de lo abstracto sobre lo concreto:  una ciudad es pensable, observa, tiene una relación directa, visceral, tangible con mi niñez y con mi destino mientras que la "nación" pronto se convierte en sus símbolos ‑‑escudo, bandera, himno:  excusas para la guerra destructora de todo lo que para mí es realmente precioso como lo son mi casa, hogar, familia, amigos, predio, animales, jardines, plazas, templos, monumentos recordatorios de experiencias compartidas a través de las generaciones, aquel laguito escondido por el que pasábamos camino de la escuela, el mar, la mar,  nuestra lengua, la de mi madre, de mis hermanos con los que puedo compartir, fraternizar, es esto la  ´´patria´´, lo que hay de valioso en ella, lo que es frágil y digno de sacrificio;  la nación‑estado, sin embargo, ella me sacrifica a mí a cambio de nada, como no sea de la mentira ‑‑ es el desfalco,  el verdadero demiurgo de hoy, el falso dios...)  Con relación a los movimientos de las gentes de una localidad a la otra, empero, la esfera pública se limitaría a ejercer una función de registro y verificación de la calidad ciudadana según lo determine la ley y esto con la ayuda de la esfera privada y de una tecnología de vanguardia que, en lugar de obstruir la documentación, la facilite. 

 

Se trata, en breve, de amparar a las gentes en lugar de dejarlas expuestas a la explotación.

 

3.               Membresía en una comunidad local no borraría la membresía en otra;  por el contrario, sería posible a lo largo de toda una vida, ir creando un curriculum ciudadano en una variedad de localidades a través de una región, continente, o del globo a medida de que las redes intermunicipales se establecen a todo lo largo y a todo lo ancho;  por supuesto que el principio de reciprocidad tendría que regir los intercambios entre las localidades.  Las redes serían múltiples y podrían entrecruzarse y entretejerse sin grandes conflictos (por ejemplo, habría redes de intercambios que tomarían como punto de partida intereses comunes en el ámbito de la bioregión;  otras que tomarían como punto de partida intercambios basados en afinidades o complementariedades lingüísticas y culturales de cierto tipo;  otras, la producción y distribución de zapatos o de alcachofas, servicios u oportunidades para mejorar la salud, industria pesquera y/o de deportes acuáticos etc...)

 

4.            Los desórdenes y el caos generados por la explosión demográfica y por los embotellamientos monetarios, por el desperdicio resultado de la sobreproducción generadora de escasez (como en el caso del campesino arruinado por una cosecha demasiado abundante y que le impide entonces ganar lo necesario) etc..., si bien no son susceptibles de verse totalmente eliminados sí podrían ser aliviados en gran medida siempre y cuando nuestros "maravillosos aparatos" sirvan para la propagación de programas realmente eficaces, diseñados con la  convicción de que para nada positivo habrá de servir una tecnología para la cual no seamos capaces de encontrar una programación adecuada, alerta, orientada hacia la satisfacción de las verdaderas necesidades corporales y espirituales del ser humano.  

 

         Habiéndose constatado que prácticamente cualquier solución, total o parcial, a un problema casi siempre crea otros problemas (situación a la que  Iván Illich se refiere como el factor de la  ´´contraproductividad´´...siendo la iatrogénesis el caso específico de la contraproductividad en el campo médico –de forma tal que primero cobran por deshacerse de un mal, y seguido por deshacerse de otro ahijado bajo tan mistificante tipo de ´´manejo de la salud´´) se hace necesario poner en movimiento acciones cuyo desenlace, en lugar de incrementar el saldo total de nuestra miseria como especie, tienda a mejorar la calidad de la vida a través de la sociedad y a disminuir los niveles de opresión, de injusticia, de hambre corporal como espiritual. (Basta con querer disminuirlos considerablemente, no pretender erradicarlos enteramente pues esto difícilmente sería factible a la corta como a la larga siendo que todo ´´fundamentalismo justiciero´´ acaba por causar más mal que bien.)

     

La información necesaria, los conceptos, el conocimiento y la sabiduría existen, pero diseminados a través de una red inmensa y compleja de cerebros tanto biológicos como de factura humana:  no existen máquinas ni maquinaria gubernamental de la ´´segunda ola´´ (ver anexo sobre Toffler) capaz, en la actualidad,  de atender a todas las necesidades de documentación de los individuos y de sus comunidades y, aún cuando el sistema tendiera hacia la eficiencia y no hacia el caos, un poder centralizado tiende a parecer cada vez más caprichoso y ajeno a nuestra realidad concreta y circunstancial, constantemente expuesta a cambios súbitos e inesperados.  La supuestamente "eficiente" civilización industrial que consolidó las tendencias hacia la centralización en casi todos los aspectos de nuestras vidas debe abrirle paso a otro tipo de organización social, políticia y económica con la capacidad inherente de ´´procesar´´ la información existente y de crear los tipos de programas que nuestras sociedades a través del globo reclaman.  Quienes sobrevivan a lo que podría suceder en poco tiempo se verán ante la necesidad de legislar para que las normas jurídicas protejan a la ciudadanía plenamente dentro de un contexto ya no nacional sino supranacional:  local o municipal, regional e interregional.  (Desgraciadamente, ya no nos quedan muchas esperanzas de que los cambios puedan  llevarse a cabo sino dentro de un contexto legal de ´´excepcionalidad´´ o ´´de facto´´, [especialmente después de las transparentemente fraudulentes elecciones en la Florida que han puesto a los Bushes, junto con sus cohortes, una vez más, en la presidencia de Los EEUUAA].)

 

El caso es que todos nuestros triques (gadgets) ‑‑ nuestros "juguetes"‑‑ se encuentran subutilizados (ineficaz y/o ineficientemente utilizados) dada la simple razón de que los programas inteligentes, incluyendo a los humanos,  no llegan a tiempo para ir de la mano con la emergencia de los deslumbrantes aparatos:  sin adentrarnos mucho en los motivos, al igual que en otras áreas, nuestro desastroso talento para tergiversar imperceptiblemente las cosas, para trastocar los objetivos, nos ha llevado a favorecer la proliferación de los medios ‑‑ las computadoras – a expensas de la realización de su legítimo fin que no es sino el de comunicar programas inteligentes.

 

Lo que está faltando, pues, para que pueda rectificarse tan temible situación como la que enfrentamos ya en común y por separado, es lograr una concientización universal de la insostenibilidad de la nación-estado:  que este monstruo híbrido  cuyas malsanas proporciones pone a riesgo toda forma de vida al mismo tiempo que continúa pariendo nuevas versiones en pequeño de sí a través del globo, sin la más mínima piedad ante la miseria humana, tiene que ser clínica y efectivamente desmantelado ya que al fin disponemos de la tecnología requerida, junto al potencial programático, que habrá de permitirnos cambiar la "cantidad de la vida" por "calidad de vida" como criterio de salud y de bienestar. 

 

Un aspecto crucial de la claridad mental que nuestra precaria situación exige consiste, por supuesto,  en constatar que nuestras nociones sobre la "soberanía nacional" están tan desprovistas de sentido como sobrecargadas de peligro y, al mismo tiempo, que la vida en sí, sin calificaciones, no es lo que merece el atributo de "sagrado" sino sólo aquellos valores que hacen que la vida sea digna de vivirse: las necesidades terrestres del cuerpo deben ser satisfechas, por supuesto, pero sólo como uno de los medios necesarios para que los seres humanos puedan aprender a trascenderse a sí mismos en el acto mismo de realizarse plenamente.  (Al mismo tiempo, la dicotomía cuerpo / alma tiene que ser entendida como una que funciona sólo a medias;  la unión sexual‑‑ que en la lista tentativamente propuesta por Simone Weil brillaba por su ausencia – puede verse como ese punto de intersección entre ambas dimensiones, cuerpo-espíritu. Parejamente, la experiencia de la sagrada comunión consiste en un maravilloso estado gracias al cual la relación cuerpo / espíritu invierte su polaridad, por así decirlo:  el cuerpo se vacía a sí mismo en el espíritu, y el espíritu en el cuerpo, ‑‑logrando la "coincidentia  oppositorum"-- pero, habría que notar con Simore Weil que esta coincidencia de los opuestos sólo ocurre a un nivel superior del entendimiento, "no sobre el mismo plano, en algún punto intermedio").

 

 El júbilo del místico es el júbilo de un sensual supremamente logrado (´´San´´ Pablo, no necesariamente lo que se llamaría un místico, alguna vez reconocío que ´´la paradoja del espíritu es que siempre tiene que recurrir a cosas materiales para manifestarse."  Así, para Simone Weil, "La belleza es la sonrisa de ternura que Cristo le envía a la criatura por medio del mundo material".

 

5.            Siguiendo el tren de lo que antecede, sólo un sistema de redes entrelazadas a través de las comunidades, de casa a casa, de casa a agencia, escuela, entre escuelas, entre las distintas entidades públicas y privadas, será capaz de enfrentarse al inmenso caudal de información existente, con la necesaria flexibilidad en el proceso de poner a prueba de forma eficaz y eficiente programas capaces de satisfacer nuestras necesidades dentro de un marco en constante movimiento.  Las gentes, los trabajos, los productos del trabajo, los servicios, el capital, necesitan moverse con facilidad para que se logre la máxima utilización de recursos, entendiéndose por la ´´máxima utilización´´ un criterio de valor global más allá de nuestra propia generación, un criterio de calidad y no sólo de cantidad (ver en los anexos el hermoso alegato por una agricultura sensata sobre el que siempre ha insistido Wendell Berry –la importancia de honrarnos como agricultores mediante una práctica agrícola que, entre otras cosas, le devuelve a la tierra lo que ha tomado de ella).

 

De lo que se trata es de una actividad responsable más allá de las fronteras  nacionales y más allá de nuestra propia generación. 

 

No confundir los medios con el fin en sí significa, en caso de las entidades públicas, reconocerse una función limitada y transitoria.  Ningún gobierno puede garantizar la felicidad de los ciudadanos, o que cada cual realice plenamente su potencial humano: puede y debe velar, sin embargo, porque los ciudadanos no pierdan su capacidad para organizarse y para tomar las iniciativas necesarias con miras a que tanto las necesidades del cuerpo como las del alma obtengan mejores probabilidades de realizarse.  Esto implica ejercer una acción del orden del timonel, diría Simone Weil, que tienda a restablecer un balance justo tan pronto se vislumbre algún desajuste.  Ni más ni menos.

 

Este principio entiende que una de las necesidades del alma es participar en actividades de interés público, ligadas al caudal de riqueza colectiva o social, y de poder ejercer en tal actividad una iniciativa personal. Pienso que una de las cosas de las que se trata aquí es del principio de la "adhocisación" de la vida política y social destacada por Alvin Toffler:  la espontánea organización de grupos para esto y aquello‑‑ad hoc‑‑cuya vida será de mayor o de menor duración según el propósito apuntalado, generalmente muy específico en sus objetivos, rasgo distintivo de la civilización de la "tercera ola".  Lo cual no debe implicar, sin embargo, el género de corrupción discernible en la actualidad gracias a la cual la esfera de lo privado hace intromisión en la esfera de lo público y vice‑versa, con desastrosas consecuencias. Lo que implica, más bien, es la cuidadosa separación ‑‑ en la medida de lo necesario y de lo posible ‑‑ de lo que es público de lo que es privado, descartando de una vez por todas el incomprensible concepto jurídico que permite que una autoridad externa rija sobre nuestras vidas en cosas que incumben a las personas en su intimidad y en sus relaciones consensuales.

 

 En el ámbito de lo público, no sería aceptable que la iniciativa personal de los ciuidadanos se desviara del propósito colectivo para satisfacer objetivos meramente privados.  Permitiría que una agencia pública interviniese, a petición de particulares legítimamente involucrados, dentro de la esfera de la vida privada, pero sin que ésta pudiera imponer fácilmente un criterio mayoritario o de "consenso público" en aquellos asuntos que deben permanecer sujetos al criterio de las partes o entre un ser humano y su conciencia (o "Dios").  Este principio implica tolerancia y un esfuerzo por mantener la tensión entre  particulares, entre individuo y sociedad, y entre las distintas sociedades, a un nivel tolerable.  Implica descartar enteramente la noción de ´´crimen´´ del ámbito de la actividad consensual: Donde no hay víctima no puede haber crimen...El suicidio como asesinato de sí mismo (fallo da se) parece haber sido una invención de San Agustín con el objetivo de impedir que los cristianos optaran por una mejor vida en el más allá en lugar de permanecer en el más acá, donde la iglesia institucional requería de su existencia vital con miras a su mundanal expansión.  Mejor esclavos que mártires.

 

6.         Tal modelo de ciudadanía supone un concepto drásticamente distinto de lo que constituye la seguridad y pone de manifiesto las innumerables falacias de la noción misma de seguridad nacional. No puede existir ninguna seguridad nacional, ni local, ni global, que no parta de una concientizacón de las realidades que confronta nuestro planeta y que atañen a todos por igual;   la "nación"  (en la medida que esta pueda significar algo concreto) tampoco habrá de sobrevivir si las comunidades locales se ven defraudadas en sus intentos por controlar el propio destino dentro de un marco que incluya respeto por sus peculiaridades culturales, lingüísticas, históricas, naturales, bioregionales --percibidas éstas como parte de un todo que trasciende lo particular pero que al mismo tiempo permanece necesaria y saludablemente compuesto de particularidades.  Lo dicho en relación al ámbito de lo privado y de lo público tiene su aplicabilidad en relación al derecho que habrá de regir los intercambios entre la localidad‑‑el municipio‑‑ y el que ha de gobernar las relaciones interlocales o intermunicipales a nivel de las múltiples regiones continentales e intercontinentales. Un período experimental o de transición podría comprender la posibilidad de un carril doble para la ciudadanía que nos permitiera a cada cual ser ciudadano de un país mientras se crea un curriculum ciudadano en una o varias comunidades locales de ambos lados  de las distintas fronteras.

 

Estos ciudadanos de doble carril se verían exentos de servicio militar tradicional y aceptarían deberes conformes a la moral de un solo planeta para todos los terrestres:  nutrir varias patrias a nivel local a través de las existentes fronteras nacionales es algo conforme tanto a las posibilidades como a los requisitos de nuestras avanzadas tecnologías de la comunicación y de nuestra ya bien establecida preocupación por resolver los extraordinarios problemas de orden ecológico.  Es algo que concuerda perfectamente con la necesidad de echar raíces en varios ambientes naturales, en el sentido más amplio sugerido por Simone Weil e, igualmente, una forma de resolver los problemas de las etnias "minoritarias" (grupos raciales, religiosos, lingüísticos) en muchas "naciones" o "repúblicas" cuyo esfuerzo por funcionar como unidades desatan tensiones explosivas a cada instante.  Pensar en Irlanda y La Gran Bretaña, en la compleja cultura de México, en La Unión Soviética, en Irak, en Israel y los palestinos, en el Canada vis à vis Quebec, España en relación al movimiento independentista vasco etc...sin mencionar Yugoslavia o Los Balcanes. Como no atendamos a estos problemas rápidamente, veremos más y más países deshechos por conflictos internos de este tipo en todas partes [tal como hemos visto y, desafortunadamente, seguimos viendo en este ´´nuevo milenio´´]. Un arreglo interino que podría aliviarnos de inmediato sería que los matrimonios multinacionales y sus hijos pudieran mantener cuando menos la doble ciudadanía. ¡Ya dejen de separar a las familias!

 

En vez de quemar nuestras banderas nacionales, qué bueno que nos pusiéramos de acuerdo para confinarlas, muy respetuosamente, a un nuevo tipo de museo dedicado a preservar reliquias de "historia antinatural".

 

7.         En sintonía con el modelo de ciudadanía que se avizora está el principio generalmente aceptado de que el tipo de inversión que tiende a actuar de forma más dañina para la salud y estabilidad de una comunidad es aquél definido como capital ausente o ausentismo, ahora cada vez más un capital golondrino, que un día está y el otro no. Propietarios, terratenientes y empresarios ausentes (incluyendo al estado) tienden por naturaleza a ser menos cuidadosos y menos respetuosos que quienes se consideran a sí mismos destinados a residir por un tiempo prolongado o de generación en generación en el lugar; cuando los propietarios principales de la tierra, del inmueble, o de la empresa se sienten destinados a residir con plenas obligaciones y derechos en la comunidad, sus acciones tienden a seguir una trayectoria más conducente a un buen desempeño.  [El otro lado de la moneda es una residencia sin ningún tipo de arraigo como resultado de la falta de sentimiento de pertenencia que resulta de verse privado tanto de propiedad privada como pública.] Otorgarle ciudadanía municipal a un inversionista al mismo tiempo que se le exige un compromiso con la salud física y moral de esa comunidad es algo enteramente congruente con principios ecologistas y humanistas que propugnan la filosofía de "lo pequeño es hermoso" (Schumacker);  también lo grande puede serlo, sin duda‑‑ pero, a la hora de lidiar con las consecuencias de los errores, generalmente los pequeños descalabros son mas fáciles de reparar que los mayores.  Una gran empresa de carácter "transnacional" podría, por su parte, canalizar sus inversiones a través de socios pequeños arraigados en sus comunidades, atentos a gran variedad de oportunidades que incluirían las necesidades reales de las mismas localidades en las que los socios habrán de residir con plenos derechos y obligaciones ciudadanas.  Esa residencia podría ser periódica o cíclica, pero en cualquier caso debe buscarse que sea auténtica y no meramente formal;  que tienda hacia la preservación y la sustentabilidad (o sostenibilidad) de la comunidad y de sus recursos y que provea continuidad.  Considerar que el valor de la innovación, necesaria a la supervivencia, puede resultar contraproducente si no se ve fortalecida por la continuidad.  [El modelo ´´Solari´´ propuesto por Catherine Austin Fitts sugiere que sólo los del lugar deberían poder tomar decisiones, y yo me inclino a pensar lo mismo;  el otro ángulo es hacer que la comunidad ´´global´´ sea más congruente con el lugar y que se agilice el proceso mediante el cual uno se convierte en ciudadano reconocido de cierta localidad.]

 

8.         Así pues, como corolario del mejoramiento neto en el respeto a los derechos humanos consecuencia de la disminución del desamparo al que condenan las leyes migratorias actuales (en vista de la mayor protección de leyes que podrían favorecer a quienes hoy se encuentran en una situación que constituye una nueva forma de la esclavitud producto de la humillante condición de ser ´´extranjero´´ legal o ilegal) pero, también,  en la medida en que el arraigo "en varios medios naturales" (S.Weil) facilitaría los movimientos poblacionales mientras se contribuye a aliviar las condiciones desesperadas que los provocan – la sociedad en su conjunto se vería fortalecida contra prácticas empresariales que, en la actualidad, dependen de forma muy perjudicial de ventajas relativas resultantes de la falta de protección a la que se encuentran expuestos los pueblos y la naturaleza así como del manejo privilegiado de la información.

 

En lugar de explotar tales desventajas, las empresas se verían forzadas a considerar oportunidades para la ganancia relacionadas con otro tipo de ventajas relativas tanto para el corto como para el largo plazo:  sus probabilidades de ganar de forma razonable (y no desmesuradamente) dependería más de su capacidad para responder a la emergencia de mercados florecientes producto de un incremento sostenido en los ingresos reales de la población trabajadora y de un nivel de vida mejorado (mejor alimentación, ahorro disponible para otros tipos de consumo legítimos);  dependerían más de la proximidad de ciertas materias primas en relación a la empleomanía y sus demandas de consumo más pertinentes para su bienestar físico y espiritual; por fin, buscarían la justificación para sus inversiones en factores socioeconómicos resultantes de la descentralizacion y de las tendencias características de la civilización de la tercera ola descrita por Toffler (ver apéndice); de tal forma, las ventajas relativas de una producción más diversificada y desmasificada o individualizada entrarían en juego, al igual que los muchos aspectos positivos que se derivan de reunir a productores y consumidores ‑‑por lo menos, de ponerlos en contacto más estrecho. 

 

Una tendencia saludable sería la aceptación más generalizada de la sensatez de métodos de mano de obra intensa prescritos por los estudiosos de la conservación de suelos.  Tales políticas requerirán de innovaciones legales que permitan mayor flexibilidad en las formas de tenencia de la tierra; éstas deberán tomar en cuenta un buen caudal de factores psicológicos, económicos, sociales y culturales, que inciden sobre las prácticas ecológicamente aceptables para que las medidas puedan tener efectos más positivos que negativos dentro de un marco de interdependencia inevitable, otorgándole a la localidad un margen amplio de autodeterminación deseable orientado hacia la mayor autosuficiencia posible --sobre todo en lo que concierne a ese factor crucial que es la alimentación (de cuerpo y alma, podríamos añadir) y del cual depende finalmente todo lo demás.  En conjunción a esto último, extraordinarios beneficios serían nuestros como resultado de una mayor inserción de la actividad economicamente productiva en el hogar, tal como Simone Weil claramente intuyó (Oppression et Liberté) y tal como Toffler ha concebido sobre la base de desarrollos más recientes que conspiran para mantener a más gente trabajando en casa (como son la nueva tecnologia, el precio de la gasolina, el derrame urbano con cada vez mayores distancias que cubrir, a un costo más alto --tanto monetario como sicológico y ecológico). 

 

Tal desarrollo podría traducirse en un verdadero impulso para la recuperación física como espiritual de sociedades devastadas por el deterioro de los últimos vestigios de la familia en una época en la que la reactivación de la "familia extendida" no ha podido encontrar suficientes apoyos para su estabilización dadas las insuficiencias de nuestro sistema legal y político en medio del torbellino (y de la resaca) creada por el shock de las "tres olas" con sus profundos desplazamientos de los mecanismos de poder (referencia al libro de los esposos Toffler: Power Shift, Bantam Books, Nov., 1990).

 

El malestar y la psicosis de seres abatidos por una civilización que los ha escindido mediante desempleo prolongado y sin alivio, así como ‑‑entre otras cosas‑‑ por medio de un exceso de demandas contradictorias (dirigidas a  productores contra consumidores y vice versa, cuando los mismos individuos son ambas cosas) no puede ser resuelto con métodos divorciados de la realidad y encaminados ante todo a justificar la propia existencia (tal como sucede con la llamada "guerra contra las drogas para una América libre de drogas") ; los problemas de la niñez, de la juventud, de la madurez y de la vejez no pueden ser resueltos, o aliviados, sino mediante la más plena atención a las que constituyen las verdaderas necesidades de los seres humanos en esta tierra y que, como se habrá visto, no son  exactamente las ´´creadas´´ por los intereses de un sistema de producción y distribución masiva de productos y ´servicios´´ –ésas ´´necesidades´´ a las que Iván Illich juiciosamente pone en entredicho cuando analiza lo que realmente han significado las políticas desarrollistas promotoras de un futuro inalcanzable  [Ver en relación a esto mi ponencia ´´Metáforas discordantes del gran (des)concierto ecológico´´ en la sección de anexos a esta Guía, así como mi ensayo, ´´Wendell Berry, Ivan Illich and Simone Weil, a Political Alternative for Our Times´´, ahora igualmente añadido a la sección de los apéndices y en espera de traducción.]

 

Treinta años antes de la llegada del micro‑chip, Simone Weil soñó con otra civilización en la que el trabajo estaría organizado de forma tal que habría de contribuir grandemente a la realización espiritual de los seres humanos, en la que el juego de los niños no se vería divorciado de las labores diarias de los padres sino que, por el contrario, en muchos casos podría ser parte de actividades mutuamente enriquecedoras, actividades que apoyarían la adquisición de los conocimientos más urgentes: jubilosas, productivas, compensadoras. Parte de lo que Illich denomina la ´´sociedad convivial´´. Imaginó un modo de producción que descentralizaría a la industria y que la pondría una vez más en el campo bajo forma de miles de esfuerzos cooperativos de escala reducida recombinando el hogar  con el taller en una más estrecha asociación con la naturaleza : una empresa confeccionada a la escala humana, ahorrativa, cuidadosa de la sustentabilidad en todo sentido, restablecedora del nexo que, de tantas formas,  ha sido roto entre productores y consumidores.  Programas cibernéticos como el inventado por Catherine Austin Fitts, Community Wizzard (Hechicero comunitario) le permitirían a las comunidades, en su lugar, enterarse de lo que realmente acontece en su entorno, en su seno --en el propio medio-- motivo por el cual semejante  programa y su osada y persistente creadora han sido perseguidos y constreñidos a luchar amargamente por su vida. [Para una rigurosa información sobre el entramado que nos mantiene a todos ignorantes de mucho de lo que sucede, consultar el sitio de esta valiente ´´guerrillera cibernética´´ --www.SolariGideon.com -- cuyos artículos vengo traduciendo: ´´Narco-dólares para principiantes´´ (aparece en www.narconews.com)  y  ´´El mito del imperio de la ley, o Cómo es que funciona el dinero: La destrucción del Grupo Hamilton Securites´´, ambos disponibles por medio de la Red Solari, catherine@solari.com o por medio de la traductora: sylviamvalls@yahoo.com.]

 

9.  La lucha por el dominio de unos sobre otros ha llevado al desarraigo sistemático que acompaña a la imposición de una lengua sobre otra.  Privar a alguien de su lengua, de su forma de expresión natural,  equivale a mutilarle el alma.  Una cosa es estimular a un pueblo a que adquiera una segunda o tercera lengua que le permita integrarse efectivamente a un espacio socio‑cultural o laboral, y otra muy distinta presionar por todos lados de forma tal que la propia lengua tenga que ser abandonada.  Ningún gobierno, llámese democrático o como se quiera, puede tener licencia para forzar a los seres humanos a someterse a un desarraigo tan devastador.  La lengua materna [ver nota al final del inciso, *9-1] constituye, en efecto, nuestro regazo socio‑cultural y no es posible perderla sin que nos sobrevenga cierto sentimiento de mutilación, sin que nos sintamos empobrecidos. El imperialismo lingüístico no solamente nos daña moralmente sino que nos empobrece económicamente también.  (Claro que constituye un aspecto importante de la lucha por los mercados dentro de lo que es la civilización de la segunda ola, con su mentalidad masificante rabiosamente abrazada a los viejos hábitos, incluso a costa de destruir todo vestigio de vida.) 

 

Aquí nos encontramos ante una situación análoga a la de las famosas "mega‑semillas" puestas a trabajar en pro de la "revolución verde" (la de las "mega‑cosechas"), tan efectivas en propiciar las calamidades más recientes de una buena parte del "mundo en vías de desarrollo" y de poner a tantos agricultores de los países avanzados igualmente en desventaja: los grandes "bancos" genéticos que ofrecían una gran variedad de semillas, se han visto peligrosamente empobrecidos como resultado de la práctica de limitar las opciones en favor de un número reducido de variedades "superdesarrolladas"; en consecuencia, los agricultores han tendido a sobreproducir, al mismo tiempo que se ven forzados a depender sobremanera de químicos contaminantes en su desesperado esfuerzo por controlar la mayor incidencia de plagas que suelen acompañar a la práctica de sembrar vastas extensiones con una única variedad genética.

 

Tal como sucede con las semillas de la agricultura, las lenguas contienen la memoria acumulada de milenios de experiencias, de conocimiento ‑‑es decir, del poder de adaptación a nuevas circunstancias.  El valiosísimo conocimiento de pueblos que han estudiado la naturaleza, que la han escuchado, y que comprenden y tienen nombres para el uso terapéutico de miles de plantas, desaparece junto con ellos; pero, no es necesario que los grupos étnicos desaparezcan del todo:  basta con que abandonen su lengua a favor de otra para que el conocimiento acumulado durante cientos de generaciones se evapore en poco tiempo.  Tal cual sucede con los bancos genéticos destruidos como resultado de concentrarse la agricultura en tan sólo unas cuantas supersemillas, trozos importantes de la memoria de nuestra especie pueden desaparecer junto con los "bancos fonémicos" gracias a los cuales logramos codificar y comunicar nuestro conocimiento de la naturaleza a través del planeta.  Más que una simple analogía, entre estos dos tipos de reservas, vemos que existe en verdad una profunda  interdependencia.  El futuro de nuestra adaptabilidad como especie requiere de un mayor respeto por la diversidad:  es necesario establecer puentes entre las distintas islas de nuestra diversidad, en vez de permitir que una única, sólida e idéntica masa de tierra inerme se convierta en nuestro patrimonio común.

 

La educación multilingüe requiere ser alentada y a nadie se le debe obligar a sacrificar su linaje. (**9-2)

 

(*9-1) Illich explica (en Deschooling Society o La sociedad desescolarizada) que en realidad lo de la ´´lengua materna´´ fue una invención por parte del primer gramatólogo de la lengua castellana, Nebrija, quien comprendió muy pronto el uso que se le podía dar a su obra en el esfuerzo de la corona por imponer su imperio sobre las muchas comunidades que a penas despertaban, en esa época, a la posibilidades de la imprenta.  La descalificación de las lenguas vernáculas así se convierte en el modo de apropiación de los instrumentos de comunicación por parte de unos sobre otros –en aquella coyuntura, de quienes manejaban el castellano convertido en lengua ´´oficial´´ y predilecta sobre quienes no.

 

(**9-2)  Nuestro linaje tiene que ser considerado no tanto como un asunto de "orgullo" sino como un componente importante de la propia habilidad para sobrevivir física como espiritualmente, indisolublemente ligado al instinto de auto‑preservación, así que la continuidad pueda ser mantenida como parte de nuestra estrategia de supervivencia y de cohesión psíquica y familiar a través de las generaciones y de las fronteras nacionales de hoy.  En su más recientes investigaciones, Victor Zuñiga, del Colegio de la Frontera Norte, llega a la conclusión de que la migración mexicana a los Estados Unidos está más condicionada por factores culturales relacionados a la ascendencia (al "linaje") que a los factores económicos (sin pretender que los últimos no pesan). Para mí fue muy conmovedor constatar a partir de sus fascinantes datos, cómo jovenzuelos de la preparatoria, a tan corta edad, habían desarrollado ya un mecanismo sicológico compensatorio que les permitía permanecer fieles a ambas patrias :  aquéllos cuyas relaciones familiares eventualmente les llevaría a vivir en Houston pensaban que Houston era "la ciudad más bella del mundo"; sin embargo, al contrario de sus compañeros quienes no tenían planes definidos de mudarse del otro lado de la frontera y quienes demostraron una marcada preferencia por las hamburguesas, los que estaban seguros de mudarse más pronto o más temprano a "la ciudad más bella que ojos humanos han visto", demostraron desdén por las hamburguesas y privilegiaron los alimentos del patio sobre todos los demás.  El 55% consideró el español la lengua más hermosa, el 35% el inglés y el 10% otras lenguas (francés e italiano sobre todo, con lo cual casi las dos terceras partes permanecieron fieles a las lenguas romances).  Las tradiciones que facilitan la inserción de los mexicanos a la vida en los Estados Unidos se remontan a por lo menos cuatro generaciones [a principios de los ochenta] y tienen su origen principalmente en cuatro estados (Zacatecas, Jalisco, Michoacán y Chihuahua). Así pues, son claramente las redes de parentesco las que proveen los mecanismos de adaptación por medio de un refinado conocimiento del comportamiento del mercado laboral, de las leyes migratorias y de cómo usarlas de forma ventajosa y, por supuesto, por medio de ayuda económica y moral.  La rapidez con la que circula todo tipo de noticias gracias a estas redes resulta en extremo sorprendente.  Es a lo que me refiero cuando digo que "los programas" existen y que están esparcidos en millones de "cerebros electrónicos" tanto biológicos como de invención o factura humana.

 

10.      Entre los cambios políticos más susceptibles de beneficiar la aparición de un sistema intermunicipal viable sería la institución de mecanismos para la selección de legisladores, jueces y administradores que ya no dependieran más del corrupto, feroz y muy destructivo sistema de selección a base de partidos políticos.  Sería recomendable una alternativa y ello por exactamente los mismos motivos expresados por Simone Weil en su nota recomendando la supresión de los mismos (pp. 61‑73, Profesión de fe, traducido de sus Ecrits de Londres et dernières lettres).  En Cuba, una Asamblea Popular desembarazada de la carga ideológica, manipuladora, personalista y represiva del Partido Comunista, órgano político del ejército cubano lidereado por ese caudillo sui generis que siempre ha sido Fidel Castro‑‑ podrá conformar un gobierno íntimamente conectado a las aspiraciones y necesidades reales de la población. 

 

Pero hay que creer en los milagros sin contar mucho con ellos.  Difícil saber qué esperanzas se puedan tener de que los ejércitos se retiren de los procesos de selección así que éstos puedan llevarse a cabo sin las presiones de la fuerza bruta,  en un ambiente de transparencia que contribuya al diálogo público y sin que la acción corruptora del debate partidista contamine la atmósfera.  Tal milagro resultaría igualmente sobrecogedor de tener lugar en Washington como en La Habana.  Son los partidos políticos los que corrompen el diálogo (o la libre circulacion de las ideas) para convertirlo en  ´´debate´´ (la forzada, insalubre confrontacion de las ideas).  Si se reconoce unánimemente que los mejores resultados para el país en su conjunto se obtendrían mediante un proceso de toma de decisión en la que los legisladores evitarían el partidismo para actuar en solidaridad con lo que pareciera ser el mejor curso de acción y punto  —cómo, entonces, cabe preguntarse, pretender que para que un país se vuelva "democrático" tendría necesariamente que basar su vida política en un procedimiento tan manifiestamente inadecuado como siempre ha sido el de la competencia entre los partidos. [Esta creencia se basa en lo que Simone Weil ha llamado "contradicciones ilegítimas"; las "contradicciones legítimas" existen bajo forma de lo que se conoce como paradoja, siendo que la ausencia de contradicción en sí no es necesariamente un criterio de que estamos ante una verdad... Sin embargo, reconocer que el partidismo es malo en sí y pretender al mismo tiempo que la competencia entre los partidos políticos puede dejarnos un saldo positivo, sería lo que habría que llamar un sin‑sentido:  un soberano despropósito o una ilegítima contradicción.]

 

En completa discrepancia con la idea promovida por quienes argumentan que los partidos políticos en abierta competencia constituyen el aspecto más distintivo de cualquier democracia digna del nombre, hay que pensar que su existencia de hecho garantiza poco más que una deliberada tergiversación de los asuntos más importantes y esto debido a la mala fe en la actuación de quienes, en medio de una campaña, se ponen de acuerdo sólo o principalmente para no ponerse de acuerdo en lo que les conviene, aun cuando en el fondo sí pudieran muy bien estar de acuerdo; entre tanto, los asuntos más controvertidos y por lo tanto más cargados de "pasión social", son los que nadie ataca honestamente por miedo a perder votos, cuando lo que más se necesitaría justamente sería poder hablar en forma racional de los mismos con miras a clarificarlos para entonces poder ejercer una opción legítima, congruente con el objetivo primordial del bien social:  antes que la bala, la mayoría tiende a escoger la plata...

 

Gracias a la persistencia de la influencia corruptora de los partidos políticos, la propaganda se divierte de lo lindo y las elecciones siguen decidiéndose a base de dinero y de golpes bajos.  El motivo por el cual los defensores de "la ley y el orden" nos han llevado tan lejos por el camino del desorden y del abandono de las leyes es que nadie quiere obedecer a un gobierno legítimamente percibido como ilegítimo:  y parece bastante obvio que un sistema electoral que depende con creces de grandes concentraciones del dinero más sucio difícilmente impondrá respeto fuera de aquellos círculos a los que controla directamente  (pero, por supuesto, que nada como una guerra para alienar, justo lo necesario, la razón de las masas y promover de forma visceral los "sentimientos patrios" más bajos). 

 

Más de la mitad del pueblo de los Estados Unidos no va a las urnas principalmente porque hace tiempo que se dieron cuenta del engaño y se niegan a otorgarle credibilidad. Los demás escogen permanecer confundidos; algunos pocos (o algo más que pocos) actúan con cinismo y eso es todo.

 

Si la existencia de los partidos políticos subvierte el proceso mismo sobre el que alegamos basar la legitimidad de nuestro tipo de democracia, esto lo logra no sólo corrompiendo las posibilidades de opciones válidas, sino también (y en buena parte como resultado de lo último) comprometiendo demasiado la eficacia del sistema de división de poderes de las tres ramas del gobierno que es lo que, real y verdaderamente, podría ser considerado el principal baluarte de un sistema de gobierno democrático digno de su nombre (baluarte que Simona Weil defendió como lo más prometedor del sistema democrático).

 

Una ´´democracia´´ digna de su nombre, de nuestro respeto y apoyo, sería, entonces, una democracia en la que las tres ramas de gobierno actuarían en forma verdaderamente independiente una de la otra, en la que los elegidos tendrían que pensar primero y ante todo en el interés público:  de forma tal, que el poder tendría que servir como un medio para el logro del bien público en lugar de servirles a los menos como un medio para su exlusivo provecho, en contra del bien público. Quienes  aman el poder por el poder, o quienes se ven en una situación de incapacidad para pensar a cabalidad el bien público dada su preocupación primordial por retener el poder, nunca estarán en situación de reconocer cuáles son sus verdaderas obligaciones;  se mentirán a sí mismos y a los demás y contribuirán sólo su porción determinada de nuestra cosecha final de mentiras infectas. 

 

Nos permitimos pretender que tenemos algo que pueda llamarse  "democracia" porque podemos apuntar hacia su lado histriónico --el debate político-- mientras que la tarea de analizar los mecanismos a través de los que "la voluntad del pueblo" podría realmente ejercerse resulta algo mucho más difícil  (y para algunos, mucho más peligroso); en la medida, sin embargo, en que esa noción tan vaga pueda querer decir algo, lo más probable es que se refiera ante todo al sentimiento de justicia y de verdad que es susceptible de aparecer en la vida pública sólo en ausencia de una pasión pública, o de apasionamientos promovidos  en el seno de las masas por los partidos políticos para su propia, deshonesta ganancia. 

 

Y sin embargo, cualquiera por la calle sabe... incluso quienes han sido privados de los más elementales instrumentos de análisis y se encuentran en una situación que les impide articular su entendimiento de forma muy clara, ésos a pesar de todo saben -- puesto que están en contacto con la realidad ‑‑ que una cosa es el ´´mapa´´ y otra, muy distinta cosa, el ´´territorio´´. 

 

En esencia, pues, una democracia digna de su nombre no se definiría por el número de partidos que compiten para confundir los asuntos sino por cuánta gente puede participar en un vasto, complejo sistema de toma de decisiones desde abajo para arriba y en ausencia de "pasión pública" creada alrededor de algún asunto (o no‑asunto) con la intención de mantener en el poder a ciertos grupos cuyos intereses poco tienen que ver con el bienestar de la humanidad o con el "bien público”.   (Que estas fuerzas en movimiento manejan su información de forma muy engañosa y ni si quiera pueden discernir con claridad cuáles, a la larga, son sus intereses reales –es decir, humanos-- no es el menor de todos los problemas que nos aquejan. La esperanza de que en algún momento cercano se vean forzados a abandonar la negación total es algo que ciertamente nos anima...) 

 

Una democracia digna de su nombre mantendría un cuidadoso, real balance de poderes para impedir, entre otras cosas, que en un momento dado, una "mayoria" transitoria, aguijoneada de forma visceral por pasiones momentáneas, pudiera imponer sobre cualquier minoría ‑‑ o sobre sí misma – decisiones repugnantes a la conciencia de quienes no han sido picados por el mismo "gusano" social (cuyo veneno afecta a la "bestia social"). Se apoyaría más sobre el conocimiento real de la gente, de unos y de otros, cuando de lo que se trata es de seleccionar a los seres que han de verse en la delicada situación de tener que pensar por nosotros y decidir, en nuestro lugar, asuntos de gran importancia. Solicitaría respuestas basadas en información al alcance de la gente sobre asuntos claramente definidos, abiertos a discusión inteligente, al diálogo por encima del debate, en lugar de obligar a los votantes a tener que decidir entre "imágenes" tipo Hollywood (o Madison Avenue) confeccionadas con la ayuda de masivos fondos de dinero provenientes de regiones más y más oscuras de la economía, dominada toda ella cada vez más por el crimen organizado. 

 

Una democracia decente, y no esta indecencia que le está siendo perpetrada a nuestra plaza pública, nos salvaguardaría, cuando menos,  de tener que escoger --junto a lo que nos parece correcto—- muchas cosas que definitivamente no queremos tener que tragarnos, después de que algún horrendo Chef y sus compinches se han tomado la libertad de decidir por nosotros, en una cocina de mala muerte, qué es lo que combina con qué según su peculiar paladar.  Dejaría el mayor número posible de decisiones en manos de los que tienen que vivir con sus consecuencias, cosa que sólo se logra mediante una descentralizacion real y efectiva, tal cual aquí se avisora, en lugar de apoyar de forma meramente demagógica un principio de autonomía local inmediatamente sofocada cuando se la quiere realmente hacer valer.  Usaría, además, la tecnología de vanguardia para permitirle a las masas, prácticamente iletradas, expresarse de forma efectiva sobre los asuntos que más directamente les incumbe así que puedan proteger sus intereses ‑‑por ejemplo, asumir contratos que puedan las gentes comprender y aceptar y que les ahorre continuar siendo víctimas de la rapacidad del escribano, para que no sigan perdiendo su vida, su libertad, y toda su propiedad, irremisiblemente.

 

Es más, semejante democracia haría que aquella ´´estabilidad´´ que dicen pretender los de "la ley y el orden", se convierta en un resultado real  de nuestra actividad política.  Y, con dicha mayor estabilidad, nos veríamos en una situación menos propensa a sucumbir ante los efectos desorgarnizadores de fugas masivas de capital de una región a otra (geográfica, económica) que están en la raíz de mucha de nuestra miseria actual. Sobre todo, nos daría a cada cual la oportunidad de actuar dentro del contexto de una gran variedad de jerarquías legítimas. Pues, si las juventudes rechazan cada vez más la noción misma de ´´jerarquía´´ no es sino porque nos hemos convertido, a fin de cuentas,  en la única especie universamente lidereada por jerarquías ilegítimas (y gracias en su mayor parte a esa aberración tan poco democrática que constituye la competencia entre partidos...)

 

Entre las aspiraciones del alma humana se encuentran tanto la igualdad como la obediencia consentida, observa con extraordinario tino Simone Weil.  Y sólo una jerarquía legítima preserva la igualdad y nos da al mismo tiempo la oportunidad de ejercer una obediencia consentida, tal cual nos señala esta bendita ´´Virgen Roja´´ (...también apodada ´´la marciana´´ por su gran maestro, Alain).

 

Tales desarrollos, llámenseles como se les llame, conllevarían posibilidades muy mejoradas de satisfacer, a largo como a corto plazo, las verdaderas ´´necesidades terrestres´´, tanto de los que tienen mucho como de los que ya no tienen nada:  una impresionante mejora en casi todos los sentidos. ¡AMEN!

 

REVISIÓN DE ABRIL/Nov. DEL 2002 en Valle de Bravo, México. Este trabajo fue presentado en Miami el 22 de junio de 1991 dentro del marco de la International Social Studies Conference on the Caribbean (junio21-23, Interncontinental Hotel). Le he hecho ajustes estilísticos añadiéndole algunas acotaciones y referencias (sobre todo lo de Iván Illich a quien a penas conocía por aquel entonces, y también en relación a Catherine Austin Fitts cuya idea sobre los ´´solari´´ tanto me complace poder integrar a esta propuesta cada vez más ´´sustentable´´. [Nota:  Los ANEXOS ahora incluyen una explicación por parte de Catherine sobre su concepción de lo que sería un ´´solari´´.] Desde aquella ya más o menos ´´remota ocasión´´, a la imposición de las ´´mega-semillas´´ se viene sucediendo el bombardeo de las ´´semillas sin semillas´´ que, siguiendo la metáfora de las lenguas y sus fonemas [inciso 9], viene a significar algo así como la imposicón de una afasia cuasi total, o  la muerte programada de la agricultura.

 

 

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Última modificación: Sábado, 29 de Abril de 2006