Programa Pan Americano de Defensa y Desarrollo de la Diversidad Biológica, Cultural y Social - asociación civil

Ecología y valores

 

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Ecología, economía y empleo. ¿Los valores en un mundo global?

 

por Carlos Augusto Paz(*)

 

(*) Abogado. Miembro del comité de Estudios Ambientales del CARI. Titular de Derecho Ambiental en la carrera de Cs. Ambientales de la Universidad del Salvador. 

 

Enfrentados con la extendida destrucción del medio ambiente, los hombres de todo el mundo están llegando a la convicción de que no podemos seguir usando los bienes de la tierra igual que en el pasado... Está comenzando a surgir una nueva conciencia ecológica (...) La crisis ecológica es un tema moral” (Juan Pablo II, 1 de enero de 1990)

RESUMEN:

La tesis que aquí se expone es que nos encontramos en medio de un cambio histórico. Este cambio histórico tiene muchos nombres: la tercera ola o la sociedad de la información para Tofler; el fin de la historia, para Francis Fukuyama; la sociedad postcapitalista, para Peter Drukker. En un análisis más puntual, Heman E. Daly, habla de la economía del mundo vacío a la economía del mundo lleno; y Samuel Huntington plantea una reconfiguración del orden mundial derivado del choque de civilizaciones.

En el presente trabajo se pretende demostrar como las tensiones existentes entre economía y medio ambiente devienen del mencionado cambio global y que sólo podrá encontrar solución desde un enfoque integral que trascienda y englobe a ambas disciplinas.

Para ello, resumiremos nuestra concepción en relación con el mencionado cambio global. El mismo, tal vez, no es tanto en los hechos como en percepción que de ellos se tiene a través del paradigma reinante. Luego nos insertaremos en las lógicas propias del medio ambiente, la economía y el empleo.

Pretendemo que al concluir la lectura del presente ensayo, el lector coincida con nosotros en que la problemática del desempleo así como la del medio ambiente, solo pueden ser analizada desde sus causas, que a nuestro entender devienen de la falta de conciencia de los valores en juego con cada decisión de compra.

Y esta falta de internalización de los valores se encuentra en el paradigma reinante que maximiza los modelos de producción y distribución de la riqueza,[1] generando los actuales e insostenibles hábitos de consumo[2].


ÍNDICE

INTRODUCCIÓN

Medio ambiente y economía: Lógicas enfrentadas

Lógicas enfrentadas en ejemplos.

El trabajo

El mercado y el trabajo

Aclaraciones sobre la noción de necesidad.

El trabajo y la satisfacción de las necesidades

La economía

Necesidad de una nueva organización.

Producción y trabajo

Conclusión

 


 

INTRODUCCIÓN

            Cada pocos siglos en la historia de Occidente se produce una súbita transformación. Se cruza lo que Petter Drukker (1989) denomina una divisoria, es decir, un momento a partir del cual se ingresa en un nuevo orden del cual es imposible retroceder.

Cuando esto sucede, en el espacio de unas cuantas décadas, la sociedad se reestructura a sí misma; cambia su visión del mundo, sus valores básicos, su estructura política y social, sus artes y sus instituciones clave.

Cincuenta años más tarde hay un nuevo mundo. Quienes nacen en ese nuevo mundo,  no pueden siquiera imaginar el mundo en el que vivieron sus abuelos y en el que nacieron sus padres. Así, por ejemplo, durante los setenta años que transcurrieron desde 1.455, año en que Guttenberg inventara la prensa de tipo móvil y con ella el libro impreso; hasta 1.517, año en que surgiera Lutero con su Reforma Protestante, tuvo lugar una de estas transformaciones.

Ésas fueron las décadas en que floreció el Renacimiento, que alcanzaría su máximo esplendor entre 1.470 y 1.500 en Florencia y Venecia. En ese período se volvió a descubrir la antigüedad; Colón descubrió América; se creó la infantería española, primer ejército permanente desde las legiones romanas; hubo un reencuentro con la anatomía y a través ella una revalorización de la investigación científica y; entre otras cosas, se adoptó la numeración arábiga de forma general en Occidente.

En 1.520, nadie era capaz de imaginar como había sido el mundo en que vivieron sus abuelos y en el que habían nacido sus padres. Es difícil imaginar un mundo sin libros, en que la tierra es plana y el mundo finaliza en el lugar hasta él cual llega mi vista.

Esta gran transformación tomó su tiempo, desde que Colón descubrió América hasta que los europeos se enteraron de la existencia de las Indias pasaron muchos años. Desde la invención de la Imprenta de Guttenberg hasta el alfabetizmo pasaron muchos años también.

Estos períodos de asimilación de las transformaciones se fueron acelerando. Así, la siguiente gran transformación que se inició en 1776, año de la Revolución Americana concluyó solo cuarenta años más tarde, en Waterloo. Ese período comienza cuando se perfecciona la máquina de vapor de Watt, y Adam Smith presenta de Wealth of Nations. A partir de allí comienzan todos los ismos:  capitalismo, comunismo y también la Revolución Industrial se inicia durante esas décadas... Durante ese período se gestó una nueva civilización Europea.

Hoy, para muchos autores, nos encontramos viviendo una nueva revolución. Una revolución cuyos síntomas los manifiestan desde el mundo de las finanzas, Soros[3] (1999) hasta los intelectuales de izquierda, Gorz[4] (1996). En ambos sectores se están cuestionando los valores implícitos en nuestro actual sistema de capitalismo abierto[5].

Ambos autores, coinciden en que el capitalismo es el sistema que mejor ha conducido el desarrollo económico; que como asignador de los recursos para la producción ha vencido a los modelos de economías centralizadas de producción y consumo. Y ha llevado al planeta a ser una gran sociedad abierta.

Pero, ambos autores opinan también que, los valores que subyacen a la lógica del mercado no son, necesariamente, los que nos conducen a un mundo mejor.

En tal sentido, son de destacar las palabras de Raineer Land:

Los mecanismos reguladores del sistema eligen entre las innovaciones potenciales aquellas que mejor permiten al sistema económico autónomo consolidarse y reproducirse.

La técnica y la tecnología, la ecología y los sistemas de transporte, la urbanización, las ciudades y municipios, el trabajo, pero también las condiciones de vivienda, la manera de consumir, la alimentación, la vida familiar, etc., todo esto evoluciona de manera que asegure el crecimiento y la eficacia del proceso de producción autónomo.[6]

Desde la multitud de variables que inciden en estos grandes cambios históricos, hemos decidido tratar de analizar y proyectar las tensiones existentes entre economía y ecología y como ambas comparten una problemática nueva: EL DESEMPLEO. En esta línea de pensamiento, veremos como la necesidad juega un rol importante, tan nos ha parecido así, que le hemos dedicaremos un apartado especial.

Medio ambiente y economía: Lógicas enfrentadas

Es cosa conocida, que el pensamiento científico acostumbra aislar mentalmente de su entorno determinados campos de estudio para teorizar sobre ellos. Así, a la vez que se clasifica y sistematiza un objeto de estudio, se genera un entorno o medio ambiente inestudiado que, al escapar a la red analítica al uso, aparece como algo difuso, desordenado, asistemático.

Parece evidente que si se quiere profundizar en ese campo hay que caer en la cuenta de los límites inherentes a al red analítica que lo había segregado y buscar otras más eficaces para sistematizar el nuevo campo de estudio.

En este sentido podemos, por ahora, partir de la premisa de que la economía se ha dedicado al estudio de la producción de bienes y servicios para la satisfacción de las necesidades humanas. La ecología, por su parte, ha tomado por objeto el estudio de la forma en que están organizados los individuos, las poblaciones, las comunidades, los ecosistemas, los biomas y la biósfera. Estudia precisamente esas estructuras, es decir, la ecología se ha dedicado al estudio de las relaciones existentes en el mundo de la naturaleza.

Economía y Ecología provienen de una misma raíz griega oikos y una segunda voz diferente pero griega también. Oikos significa casa, ámbito, dominio. Nomos, que es la segunda raíz de la palabra economía, denota regla, ley o procedimiento. Logos, que es una de las madres de la palabra ecología, quiere decir razón o principio[7].

Con los conflictos ambientales estamos descubriendo que nuestra casa, oikos, es la naturaleza y que nuestras relaciones no sólo son intraespecie, sino que interactuamos con ese mundo natural. De allí parece obvio que nuestras relaciones con ella deberían regirse en primer lugar por el logos o principio racional, y sólo derivadamente por él nomos o procedimientos en que debería plasmarse en el principio racional.

No estaríamos del todo equivocados si supusiéramos que la sociedad industrial moderna ha invertido las prioridades o simplemente olvidado el principio racional. Así, las reglas de la economía han sido erigidas en principio supremo.

Estas normas enfrentadas de economía y ecología las podemos ver mas claramente desde sus perspectivas extremas, ecologismo y economicismo, y desde allí comprender sus enfoques propios. Siguiendo a la Dra. De Mahieu[8], reseñaremos estos enfoques con unos ejemplos exageradamente bidimensionales.

                        * Concepción antropocéntrica versus biocéntrica. La visión economicista de la maximización del consumo se opone a la visión ecologista de la conservación de los recursos naturales.

* Auto regulación del mercado versus auto regulación de la naturaleza. La visión de que el mercado se regula por sí solo, se opone al planteo de que es preciso proteger la naturaleza para que continúe ejerciendo sus funciones autorregulatorias. Es decir, en el momento en que confluyen naturaleza y capital no cabe duda de que en el corto plazo impone sus reglas el capital, mientras que en el largo lo hace la naturaleza.

La economía ortodoxa, al decir de Bermejo (1994) postula que el mercado regula la economía en forma automática y eficiente, por lo que no sólo no es necesario el control social sino que es perjudicial. Por el contrario, un sistema económico que tiene como objetivo prioritario la satisfacción de las necesidades vitales de todos los miembros de la sociedad no puede dejar en manos del mercado la realización de semejante tarea.

El mercado siempre entrega los bienes escasos y valiosos a los más ricos e ignora los intereses de los pobres. Si definimos a pobre en forma genérica, como aquél que no tenga dinero para negociar en el mercado, vemos como es aún injusta con el medio natural. Además, aunque el mercado fuera capaz de asignar los recursos en forma eficiente, eso no evitaría su incompatibilidad con el medio natural. No se puede crecer ilimitadamente en un medio físico finito, y el mercado resulta un medio inservible para definir los límites del crecimiento económico.

                      * Como límite al sistema:  Capacidad de trabajo de producción y capacidad de carga del ecosistema total. Frente a la economía clásica que considera la capacidad de trabajo de producción como limitativa del crecimiento económico, la ecología se pregunta si esa es realmente una restricción o si existen otros elementos que limitan al ecosistema tierra. Como ejemplo de estas otras limitaciones tomemos la capacidad que tiene la tierra de reproducir materias primas o de autodepurarse.

Lógicas enfrentadas en ejemplos.

Así por ejemplo, al decir de Janet N. Abramovitz[9] (1997), gran parte de la economía se basa en prácticas que convierten los ecosistemas en algo menos diverso con vistas a la facilidad de gestión (cosechas simultáneas que permitan el uso de maquinarias)  y obtener un máximo de producción de determinada mercancía (árboles, trigo o minerales...).

Pero los sistemas cuya diversidad se simplifica artificialmente carecen de la capacidad de recuperación que les permite readaptarse a situaciones adversas en el corto plazo, como pueden ser los brotes de epidemias o plagas, incendios forestales o contaminación, o trastornos de largo plazo como es el cambio climático.

Una plantación de árboles o un vivero piscícola pueden suministrar algunas de las cosas que necesitamos, pero nunca la amplia gama de productos y servicios que facilitan los diversos ecosistemas. Los resultados de decisiones dirigidas a obtener un máximo de productividad agrícola eliminando diversidad tienen la consecuencia de hacer que los ecosistemas se tornen más uniformes y frágiles.

Hoy, menos de 100 especies facilitan la mayoría del abastecimiento alimentario del mundo, y dentro de esas especies se ha reducido de manera drástica la diversidad genética . Como ejemplo cabe citar que en EE.UU. menos de nueve variedades aportan el 50-75% del total de productos alimentarios agrícolas.

Se va imponiendo el hábito de que una sola variedad genética abarque casi toda la producción agrícola de determinada región. En Indonesia, el 74% del arroz procede de una sola planta matriz, y en toda Asia son cerca de 4,5 millones de hectáreas las que se cultivan con una sola variedad de arroz. Las epidemias y las plagas son capaces de destruir a toda velocidad plantaciones genéticamente uniformes de cultivos, árboles e incluso bancos de pesca. En 1972, 15 millones de hectáreas trigales de invierno de la antigua Unión Soviética se sembraron con una única variedad, que demostró ser especialmente sensible a inviernos más fríos de lo normal y, virtualmente, se perdió toda la cosecha.

De forma parecida, las principales variedades comerciales de plátanos se han obtenido a base del plátano Cavendish, y carecen de resistencia genética contra la epidemia que provoca el hongo denominado cigatoka negra (cercorpora musae). Solo es posible frenar esta enfermedad a base de una aplicación sistemática de fungicidas, en los que las compañías bananeras mexicanas se gastaron por lo menos 350 millones de dólares en sólo 8 años. El coste de control químico queda fuera de las posibilidades económicas de muchos pequeños campesinos, y se habla de reducciones de hasta un 47% en la productividad bananera de la región.

A pesar de los beneficios comprobados de la diversidad genética, se han perdido en alarmante escala variedades agrícolas, así como sus parientes silvestres. Entre 1949 y los años setenta, China perdió 90% de sus 10.000 variedades de trigo, decadencia que todavía continúa.

En estos ejemplos, se puede apreciar como estas lógicas enfrentadas nos conducen a situaciones que con el tiempo se nos vuelven en contra y en lugar de brindarnos seguridad, nos colocan en situaciones mucho más débiles y sensibles a los cambios.

El trabajo

El mercado y el trabajo

¿De dónde surgen estas disparidades en torno a la administración y manejo de la casa, oikos?  El mercado, como principio básico de la organización de la sociedad, tuvo su origen histórico en la transición del feudalismo al capitalismo. Es lo que los economistas llaman ahora neutralmente el mercado de factores. Su creación requirió la transformación de la Naturaleza en tierra, la vida en trabajo, y el patrimonio en capital.

Esta fue, para Polanyi, la gran transformación: la conversión de los medios de producción (no sólo de sus productos) en bienes que deberá distribuir el mercado. La tierra se sacó de la totalidad del mundo natural y se trató como un bien intercambiable, olvidándose de sus otras funciones más allá de las de soporte de la producción[10]. 

El tiempo de trabajo se sacó de la vida y se trató como un bien que habría de valorarse e intercambiarse de acuerdo con la oferta y la demanda. El capital se sacó de la herencia social y no se trató como un patrimonio o una herencia colectiva, sino como una fuente intercambiable de ingreso no ganado por los individuos.

Aquí, siguiendo a Daly[11] creemos que el trabajo, al igual que la tierra, no es un bien como cualquier otro, cuyo precio deba ser fijado por la oferta y la demanda. El precio de otros bienes puede aproximarse a cero, o igualarse a cero si ello es necesario para vaciar el mercado. Pero ambos, salario y naturaleza, tienen funciones que van más allá de la valoración del mercado y hacen que sea necesario mantener algunos mínimos garantizados.

Así por ejemplo, el salario de los trabajadores no puede bajar más allá de un mínimo de subsistencia, que puede definirse biológicamente en los países más pobres, o por la costumbre y las normas sociales en los países ricos. El bienestar depende, una vez cubiertos los mínimos preestablecidos, de las condiciones de trabajo más que de los bienes comprados con el salario. Esto nos lleva al siguiente título; cual es el concepto de necesidades a satisfacer y como pueden serlo.

Aclaraciones sobre la noción de necesidad.

Hasta aquí hemos tratado de justificar, en la línea del Desarrollo Sostenible[12], la utilización actual del medio ambiente en relación con la satisfacción de las necesidades, pero aún no hemos precisado el concepto de necesidades.

Al referirnos en este título a las necesidades, como lo hacemos en el marco del sistema económico, nos referiremos tan solo, a las necesidades materiales con independencia de las necesidades espirituales; las cuales, consideramos más importantes e íntimamente vinculadas a las materiales pero, cuyo análisis excedería los límites del presente trabajo.

En el planteo de nuestro trabajo, necesidad actúa como nexo de unión entre los conceptos de bienestar y consumo. ¿Por qué es tan importante el consumo? Pues... se consume porque se necesita, es la respuesta comúnmente aceptada. Y esta respuesta, es la que justifica el funcionamiento y el desarrollo del poder económico[13].

La noción de necesidad es un concepto que ha evolucionado mucho a través del tiempo y ha pasado a formar parte del lenguaje común. Esto ha hecho que sus límites no sean del todo precisos, es más, si se busca en un diccionario[14] se verá que todas son acepciones de uso, a pesar de ser un término muy utilizado en los informes técnicos.

No creemos que sea posible predecir sus límites en una forma objetiva y con un alto grado de certeza para un tiempo futuro y lugar determinado. Pero sí, nos parece importante cuestionarnos su extensión y utilidad como medida del desarrollo. Este cuestionamiento nos ayudará a generar, un paradigma útil, al decir de Soros (1999), que nos permita entender la forma en que son interpretados por el mercado los valores en la sociedad global.

En tal sentido, nos parece importante mencionar lo señalado por Jean Baudrillard:

De hecho, el mínimo vital antropológico no existe: en todas las sociedades está determinado residualmente (dado un cierto estado de laboriosidad y tecnología) por la urgencia fundamental de un excedente: la parte de Dios, la parte del sacrificio, el gasto suntuario, el beneficio económico. Esta extracción del lujo es lo que determina negativamente el nivel de supervivencia, y no a la inversa (ficción idealista) (...) jamás han existido sociedades de penuria o sociedades de abundancia, puesto que, sea cual fuere el volumen objetivo de los recursos, los gastos de una sociedad se articulan en función de un excedente estructural y de un déficit no menos estructural. Un excedente enorme puede coexistir con la peor miseria. De todos modos lo que rige el conjunto es la producción de este excedente: el límite de la supervivencia jamás se determina desde abajo sino desde arriba.[15]

En consecuencia, pretendemos limitar el desarrollo actual a la satisfacción de necesidades. Pero nos encontramos con una sociedad que, a medida que satisface unas necesidades materiales adquiere, simultáneamente, otras. Esta adquisición de nuevas necesidades materiales nos lleva a preocuparnos por generar una mayor producción lo que determinará un mayor consumo. Y así sucesivamente.

Esto nos lleva a desmitificar el concepto de necesidad. Para interpretarlo, al decir de Naredo (1996) como afán de acumular riqueza. Este afán, hace que las necesidades se inflen día a día en nuestro actual modelo de civilización.

En el próximo apartado analizaremos la relación entre el trabajo y satisfacción de las necesidades y daremos una síntesis de sus interacciones y como se han modificado mutuamente.

 

El trabajo y la satisfacción de las necesidades

En el apartado anterior hemos limitado el concepto de necesidades a necesidades materiales, a partir de aquí, se nos hace imprescindible ampliar el concepto. Ya que, la lógica económica utilizada en el apartado anterior, limita en exceso el concepto de trabajo, como veremos a continuación.

Si trabajamos en la línea de fines a medios, sabemos que el trabajo es el medio y la satisfacción de las necesidades el fin. Pero aún cuando esta premisa nos quede clara a casi todos, hay algunos casos en los que el trabajo no sólo actúa como medio sino que lo hace como fin. El trabajo, en sí mismo, no solo produce bienes sino que satisface necesidades.

Cuando el Señor expulsa a Adán del paraíso y le dice “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”, pone al trabajo como medio, pero cuando se dice que el trabajo dignifica se pone al trabajo como fin o elemento dignificante más allá de lo que a través de él se produzca.

Así la Carta Encíclica Laborem exercem nos dice

el trabajo es un bien del hombre. Si este bien comporta el signo de un «bonum arduum»; según la terminología de Santo Tomás; esto no quita que, en cuanto tal, sea un bien del hombre. Y es no sólo un bien  «úti; o para disfrutar»; sino un bien «digno»; es decir, que corresponde a la dignidad del hombre, un bien que expresa esta dignidad y la aumenta. Queriendo precisar mejor el significado ético del trabajo, se debe tener presente ante todo esta verdad. El trabajo es un bien del hombre --es un bien de su humanidad--, porque mediante el trabajo el hombre no sólo transforma la naturaleza adaptándola a las propias necesidades, sino que se realiza a sí mismo como hombre, es más, en un cierto sentido «se hace más hombre».

Así también, Aristóteles en su Ética nos dice que comúnmente la felicidad depende del Ocio, pero que, por definición éste depende del trabajo. Y continúa diciendo, nos mantenemos ocupados para tener ratos de ocio, del mismo modo en que hacemos la guerra para poder vivir en paz.[16]

Como vemos, las funciones del trabajo van mucho más allá de su función de producción y, en muchos casos, colabora con nuestra realización personal, aunque más no sea permitiéndonos cumplir el deseo de ayudar a otros menos afortunados.

La función dignificadora del trabajo se ve con claridad en el caso del trabajo voluntario, el cual a pesar de la disminución del trabajo productivo o remunerado, crece en forma exponencial, incluso medido con los instrumentos económicos clásicos.

Así, la participación de este sector es sorprendente, mientras que el 80% de la actividad económica en los EE.UU. corresponde al sector empresarial, el sector público representa un 14%, mientras que el voluntariado representa un 6% de la actividad económica y genera el 9% del empleo total de los EEUU.

 Agrupa a 1.400.000 asociaciones y 69 millones de familias; 94 millones de ciudadanos realizan algún tipo de actividad voluntaria. Esta masa de trabajo voluntario representa 20.500 millones de horas de trabajo. Existe más gente trabajando como voluntarios que en las industrias de la construcción, de la electrónica, del transporte o del textil[17].

En España éste sector se halla bastante menos desarrollado, según Montserrat y López Cabrero[18] las ONG que se dedican a servicios sociales se acercan al millar. Sus gastos ascienden a 2.350 millones de dólares (0,59 % del PIB). Esto supone un gasto redistribuido que promediado en gasto anual por habitante, ronda los 60 dólares. Estas asociaciones emplean alrededor de cien mil personas (1,41 % de la población activa del sector servicios y 0,8% de la población activa total).

A través suyo se canaliza la solidaridad y el altruismo de alrededor de trescientas mil personas voluntarias. El equivalente a 25.000 puestos de trabajo a tiempo completo.

Este sector, en algunos casos nos recuerda al retorno de la vieja concepción del trabajo y su modificación en la vida moderna. Así Boff (1996), explica el choque de la cultura indígena con los grandes terratenientes en el Amazonas Brasileño, y dice nunca el trabajo ha tenido entre ellos (refiriéndose a los indígenas) un sentido meramente productivo como sucede entre nosotros. Significa la colaboración que el ser humano presta a la Madre Tierra... Por eso los indígenas trabajan lo suficiente como para garantizar la satisfacción de las demandas humanas y el desahogo de la existencia. Es siempre una actitud comunitaria y placentera, que tiene por objeto producir no una ganancia sino un buen vivir.[19]

Esta similitud entre el pensamiento indígena en proceso de destrucción y esta nueva forma de pensamiento capitalista, nos lleva a preguntarnos en dónde radica la diferencia y por qué se construye en las sociedades indígenas un desdoblamiento entre trabajo y actividad placentera y satisfactoria y en las capitalistas, se propone un trabajo sólo para realizar actividades placenteras y satisfactorias.

En este sentido, encontramos que el progreso económico en el primer mundo es una necesidad parcialmente satisfecha, pero que para mantenerlo se requiere la riqueza natural de las tierras indígenas y menos explotadas. Para obtener esas tierras es necesario imponerles la necesidad, a los tenedores de las mismas, de ese progreso de que disponen, los países industrializados, a fin de poder generar un mercado entre ambos.

En este sentido, cabría preguntarse con Gomez Gutierrez, cómo el hombre ha conseguido que sus actividades laborales vayan siempre contra su medio. El bienestar o calidad de vida y el progreso son las razones que habitualmente se esgrimen para justificar tan contradictoria situación...

Pero, continúa diciendo, muchas de las actividades catalogadas como progreso hacen al hombre más desgraciado. Por ejemplo, la rapidez o velocidad que permite hacer más en menor tiempo conduce a una vida con insatisfacciones, angustiada y teóricamente no deseable. Por lo tanto, hemos de concluir que llamar progreso a lo que aumenta nuestra infelicidad no es demasiado progreso[20].

Entonces, deberíamos preguntarnos de dónde viene esta necesidad de progreso y de consumo como indicador de ese progreso.

El fenómeno del consumo de masas, siguiendo a Rifkin[21] (1997), no se produjo de forma espontánea, ni fue tampoco la consecuencia inevitable de una insaciable naturaleza humana. Más bien al contrario.

Los economistas de fin de siglo observaron que los trabajadores se conformaban con ganar lo justo para vivir y para permitirse algunos pequeños lujos básicos, y que preferían tener más tiempo de ocio en lugar de ingresos adicionales como consecuencia de una mayor cantidad de horas de trabajo.

De acuerdo con los economistas de la época, como por ejemplo, Stanley Trevor y John Bates Clark, a medida que los ingresos de las personas se incrementaban, su empleo era cada vez menor, provocando, por lo tanto, que cada uno de estos incrementos fuese menos deseable. El hecho de que los trabajadores prefiriesen cambiar horas adicionales por horas adicionales de ocio, se convirtió en una gran preocupación para los hombres de negocios cuyos inventarios de bienes se amontonaban rápidamente en sus plantas de fabricación y en sus almacenes.

Este exceso de bienes manufacturados obligó a incrementar el consumo. Así comenzó la transformación del americano medio, de una psicología basada en el ahorro a una basada en el consumo. Esta transformación se mostró como una tarea ardua y difícil. La ética protestante del trabajo, que había dominado el comportamiento del americano de frontera, estaba profundamente enraizado en el comportamiento general. La moderación y el sentido del ahorro eran piedras angulares en el estilo de vida americano, parte fundamental de la inicial tradición yankee que había servido como guía maestra para varias generaciones de norteamericanos.

Muy pronto se descubrió la figura del consumidor insatisfecho. La General Motors ya había iniciado la introducción del cambio de modelo anual en sus automóviles, y lanzó una vigorosa campaña de publicidad diseñada para hacer consumidores insatisfechos. Y así el problema de la producción que había preocupado a los economistas de los años veinte se transformó en el problema del consumo.

Esta maximización del consumo debe comenzar a reducirse pues está generando graves problemas al planeta tierra que no puede soportar esta expoliación y derroche constante. 

La economía

Necesidad de una nueva organización.

Cuando se habla de economía del medio ambiente o de la economía ambiental[22] se expresa, al decir de Naredo[23], la voluntad cierta de llevar al análisis económico a temas que se extienden más allá de su campo de aplicación corriente. Esta falta de límites podría generar mayores dificultades de las que en principio parecería.

Esos problemas se derivarían de hecho de que, actualmente, no existe ninguna definición exacta de la Economía, pero tampoco nos hace falta dice Samuelson[24].

Esta falta de delimitación del campo específico de acción, hace que la economía surja como algo tan versátil y desprovisto de límites que puede extender su radio de acción hasta alcanzar el estudio de cualquier medio ambiente inestudiado,  sin necesidad de incurrir en molestas revisiones teóricas[25].

Al no tener esas molestas revisiones teóricas,  nos encontramos con una ciencia incapaz de delimitar y determinar su objeto. Paradójicamente, la economía, frente a ese objeto indeterminado desarrolla prácticas contables cada vez más prolijas y detalladas, que no lo determinan pero lo cuantifican. Eso hace que, todo aquello cuanto la contabilidad es capaz de medir pueda ser objeto de análisis económico.

Al resultado de esa cuantificación lo denominamos: El sistema económico. A él, lo utilizamos para denotar que es analizado como único posible y que es el que aparece representado en las contabilidades nacionales.

Ahora bien, las ciencias naturales hablan cada día más de sistemas complejos interactivos e interactuantes. En el capítulo anterior, explicamos que el medio ambiente era algo complejo, donde incidían gran cantidad de variables. Por otro lado, vemos como los sistemas lógicos han dejado de tomarse como un hecho para ser considerados una forma de razonamiento. Tan es así, que incluso surge la teoría general de los sistemas para someter a reflexión los productos de esa forma sistémica de razonar.

Se podría decir que, la ciencia ya no busca tanto describir y completar el sistema que se estimaba debía regir cada uno de esos mundos separados -físico, económico...-, sino, mas bien, estudiar la infinidad de sistemas que podrían idearse para representarlos atendiendo a contextos y finalidades diferentes.

La economía representada por las cuentas nacionales, actúa como lo hace la taxonomía en la biología, mencionando y enumerando los distintos componentes que pueden llegar a interrelacionarse. Pero, al no articularse con otros saberes que tratan de entender a la integridad del hombre, no puede más que quedar encerrada en un círculo vicioso de producción y consumo. Como vimos en un apartado anterior, ese círculo tiene como único fundamento un concepto multívoco y diverso como es el de necesidad.

En la actualidad la axiomática que rige la noción usual de sistema económico no permite establecer un registro que recoja explícitamente aquellos objetos que no son reproducibles o que lo son a menores ritmos que los que son utilizados y deteriorados, como ocurre muchas veces con los recursos naturales.

Así por ejemplo, el agua por si sola no va a controlar su escasez por el aumento del precio ya que éste se dará solamente cuando la demanda supere a la oferta, y para ese momento ya será demasiado tarde. Pues no tendremos posibilidades de obtenerla.

La economía trabaja tan sólo con objetos económicos y a estos les confiere un valor pero teniendo como único origen la producción y como destino el consumo (en un horizonte temporal de años, no décadas ni siglos ni milenios).

La forma que utiliza para prevenir la degradación del patrimonio de los agentes económicos es a  través de las amortizaciones (se deben establecer reservas monetarias que compensen el costo del desgaste de los activos físicos para asegurar su reposición cuando lleguen al final de su vida útil). El esquema se rompe cuando los bienes utilizados no pueden renovarse ni reponerse.

Así por ejemplo, la atmósfera que se contamina con los gases de efecto invernadero. La economía no tiene posibilidades de calcular cuál será la tasa a que deba amortizar su utilización del aire como vertedero de los residuos de los mencionados gases. Esto hace que quién genera sustancias perjudiciales para la atmósfera, no podrá incluir en el precio la información de cuanto costará la adaptación del planeta al aumento de la temperatura global.

Producción y trabajo

A la economía le corresponde maximizar la producción con la menor cantidad de recursos materiales posibles. El problema es que la producción que se maximiza es unilateral y sólo comprende a la producción económica sin incluir otros valores.

Así por ejemplo, la industria moderna experimenta un ahorro de mano de obra. Dicho ahorro se deriva de las nuevas tecnologías y de los motores, tanto eléctricos como a explosión. El coste que generan estas tecnologías se lo imputamos a las reservas de energía que durante millones de años fue acumulando la tierra y sobre las cuales es imposible calcular una amortización. Esa energía ahorrada por la tierra se manifiesta, entre otras formas, como petróleo.

La ciencia económica actual nos permite calcular el aumento de la cantidad de producto económico generado por unidad de dinero invertido. Pero, ésta ciencia en su estado actual, es incapaz de determinar y por ende calcular, la cantidad de productos que han dejado de generarse por ese ahorro económico. En el ejemplo concreto, vemos que no se han tenido en cuenta, por carecer de cuantificación monetaria, las horas de esparcimiento y realización personal que generaba el trabajo en las personas que producían allí.

 Entonces, dos preguntas cruciales que la economía no puede resolver ¿Cuál era el valor de ese trabajo ahorrado? Y ¿Cuál será el valor de ese petróleo consumido hoy, que la tierra ha tardado millones de años en producir y que las generaciones futuras no podrán utilizar?.

Y, si a esos precios les imputamos los costes del riesgo que significa el calentamiento del planeta con las consecuencias descriptas en el capítulo anterior. ¿Cuál sería su coste real?.

En ausencia de criterios empíricos para la atribución de valores de cambio a un determinado recurso o valor ambiental, sólo cabe asignar imputaciones fundamentadas. Estas imputaciones deben tener en cuenta el grado de incertidumbre respecto a las posibles utilidades actuales o futuras del recurso y, considerar las consecuencias de su alteración. Por supuesto, en ambos casos los márgenes deben estar estrechamente acotados.

Pero esto es precisamente lo contrario de lo que ocurre con un elevado número de recursos y valores ambientales. El reconocimiento de la incertidumbre acerca de las consecuencias que se derivan de la transformación de los recursos y, en general, de la modificación de los ecosistemas naturales, es otra de las claves sobre las que se debe edificar la economía. En la actualidad, es imposible predecir las consecuencias de los problemas ambientales, ni las posibles utilizaciones futuras de los recursos que actualmente se encuentran en vías de extinción. Esta incertidumbre debería hacer subir el precio de los recursos no renovables.

En segundo lugar, existen razones de orden ético, no menos importantes que las anteriores, y que se refieren a las consecuencias de la monetarización del medio ambiente sobre la equidad en el acceso a los recursos. 

La opción de monetarizar sistemáticamente las externalidades y valorizar los recursos naturales y sociales afectados por éstas. Implica necesariamente descargar con posterioridad esos incrementos de los costes a los precios que pagan los consumidores o usuarios.

No es difícil demostrar que la opción, expuesta en el párrafo anterior, conduce a exacerbar las desigualdades sociales e internacionales, y no a reducirlas.

Asimismo, una vez elegida la vía de la monetarización para la gestión de los problemas ambientales, se acaba siendo prisionero de esa forma de razonamiento.

Así por ejemplo, en términos neoclásicos, internalizar costes externos significa elevar los precios de los recursos para reducir su consumo hasta llegar a un nuevo punto de equilibrio  que  se supone sostenible desde el punto de vista ambiental y óptimo desde el punto de vista económico.

Como dice su Santidad en la encíclica Centésimus Annus[26],

La defensa y preservación de un bien común, como el medio ambiente natural y humano, que no puede salvaguardarse simplemente con las fuerzas del mercado. 

Conclusión

Hasta ahora, esa capacidad, descripta en el apartado de Economía, de cuantificar y producir que ha mostrado la ciencia económica ha sido de gran utilidad. Como dice Daly nos encontrábamos en un mundo vacío, donde podíamos darnos el lujo de acumular cuanto encontrábamos. Hoy nuestra oikos se está llenando y ya no alcanza con encontrar cosas y acumularlas, debemos seleccionar, debemos dar prioridad.

En el mundo vacío la prioridad era generar, llenar, producir...; en general debía trabajarse en términos cuantitativos, tanto tienes tanto vales. En el mundo lleno la prioridad debe ser seleccionar, eliminar, disminuir y tender hacia el crecimiento interno tanto eres tanto vales.

La materialización de estas ideas, que en principio pueden parecer abstractas, debe realizarse desde una vuelta al estudio del Hombre. Pero Hombre en sentido amplio, tanto en su dimensión social, espiritual como material y no tan sólo sea estudiado como consumidor. Hoy, dirigidos por la oferta y la demanda tenemos una mayor cantidad de gente estudiando los colores; las formas y las funciones de productos que gente preguntándose que es lo que realmente hace Feliz a un hombre.

Este es el resultado de una sociedad guiada y dirigida por la oferta y la demanda. Es lo que, modestamente, vemos como una sociedad sin valores asumidos. Cuando hablamos de valores asumidos, queremos decir, que la gente que forma parte de los mercados, no es consciente de los valores finales a que lleva la suma de sus valores individuales. Sobre las razones de esto creo que excede al presente trabajo pero a modo de ejemplo, mostraremos un caso en que la decisión de mercado fue tomada por ignorancia.

Cuando los consumidores descubrieron que la empresa Nike, producía sus prendas deportivas con mano de obra tailandesa, que trabajaba en condiciones infrahumanas, entonces los compradores tomaron conciencia de que el precio y la calidad no son lo único importante en la elección de un producto. Y optaron por los valores generando un boicot a la marca. Lo mismo sucedió cuando Greenpeace hizo saber a los consumidores, que la Shell hundía sus plataformas petroleras en alta mar por ser eso más barato que desmontarlas.

Los hechos mencionados muestran como, cuando se toma conciencia de los valores que están mas allá del mercado la gente no opta, necesariamente, por la eficiencia ni por la mejor relación calidad - precio de producto.

La paradoja surge cuando se nos presenta al mercado como la única forma de elegir y el paradigma de la libertad. La libertad sólo es posible desde la intención y la intención requiere conocimiento. La pregunta que dejamos como conclusión es: como consumidores ¿Qué posibilidades tenemos, desde nuestras opciones de compra, de fijar los valores a ésta sociedad global?.

Definitivamente, en el mercado, por definición de oferta (capacidad de venta) y demanda (capacidad de compra) quien más puede comprar más puede elegir. Entonces el primer valor de la democracia, un hombre = un voto; deja de ser cierto para ser un dólar igual a un dólar independientemente de a quién o a quienes represente.

Dejamos como reflexión y comentario final las palabras de su Santidad en la carta encíclica Centésimus Annus[27],

La defensa y preservación de un bien común, como el medio ambiente natural y humano, que no puede salvaguardarse simplemente con las fuerzas del mercado.

 


NOTAS:

[1] Ver: Para trabajo: RIFKIN, Jeremy: El fin del trabajo, Editorial PAIDOS, Buenos Aires, 1997.En el mencionado libro se analiza la problemática generada entre las nuevas formas de producción y los métodos tradicionales de distribución de la riqueza.

[2]  Ver:  V programa de medio ambiente de la CEE.

[3] SOROS, George: La Crisis del Capitalismo Global, editorial Sudamericana, Buenos Aires, 1999.

[4] GORZ, Andre: Capitalismo, socialismo y ecología, Ediciones Hoac, España, 1995.

[5] Al referirnos a capitalismo abierto, en realidad estaremos hablando de la parte económica de la sociedad capitalista abierta.

[6] R.LAND: EVOLUTION UN Enfremlung. Wirtschafliche Dubsysteme nd individuelle Lebenswelt in der gesellschaftlichen Entwicklung, en initial,6,1990,pag. 637

[7] SEMPERE, Joaquim, 1993: Entre el liberalismo económico y la protección social, en  Mientras Tanto 56 Barcelona, p.29-30

[8] De MAHIEU, Genoveva y PAZ, Augusto: Aportes para una economía ecológica en los procesos de integración, Ponencia presentada en el V Encuentro de Derecho Internacional de América del Sur, publicado en “Énfasis Ambiental”, Año 3, número 28, Febrero 1997, pags. 14 a 17.

[9] ABRAMOVITZ, Janet N. La valoración de los servicios de la naturaleza, en La situación del mundo 1997, informe del Worldwatch institute, Icara editorial, Barcelona 1997.

[10] Ver: ABRAMOVITZ, Janet N. La valoración de los servicios de la naturaleza, ob cit.

[11] DALY, Herman  COBB, John, Reorientando la economía hacia la comunidad, el medio ambiente y un futuro sostenible, FCE, Mejico1993, p.63.

[12] En tal sentido, se recuerda la definición de Desarrollo Sostenible como aquél que permite la satisfacción de “las necesidades de la generación presente sin comprometer las posibilidades de las futuras generaciones para satisfacer las suyas” (“Nuestro futuro común”, abril 1987, más conocidos como informe Gro Brudtland, de la Comisión de Expertos O.N.U). Como surge de la definición, el concepto limitante del crecimiento es la satisfacción de las necesidades actuales y de las futuras. Si la observamos como una ecuación, donde crecimiento o desarrollo debe igualar a necesidades, y no nos preocupamos por limitar ninguna de las dos: D=N. La forma de equipararla es o aumentando el desarrollo o disminuyendo las necesidades...

[13] Ver Naredo, José Manuel: La economía en evolución. Historia y perspectivas de las categorías básicas del pensamiento económico. Siglo veintiuno de España Editores, 2ª edición, Madrid, 1.996 pag53 y ssgtes.

[14] Según el diccionario María Moliner estas serían las definiciones de la palabra necesidad:

1 (partitivo). Cualidad de necesario: ‘La necesidad de las causas’.

2 (numerable y partitivo: ‘remediar algunas necesidades, tener [haber] necesidad de’; «Haber; Tener, Sentir»). Circunstancia de ser necesaria cierta cosa, en general o para alguien determinado: ‘La necesidad de las restricciones eléctricas por la sequía. No siento necesidad [la necesidad] de salir de casa’. Se emplea mucho en frases terciopersonales con «haber», equivalentes a «ser necesario [preciso], hacer falta, haber [tener] que»: ‘No hay necesidad de gritar para eso’. En plural, con «cumplir, llenar» o «satisfacer», designa lo que se necesita o alguien necesita en general: ‘Esto cumple [llena, satisface] nuestras necesidades por el momento’.  La necesidad de una acción se expresa con «haber que» cuando el sujeto es indeterminado y con «tener que» cuando es determinado: ‘No hay que correr demasiado. Tienes que marcharte cuanto antes.

3 («Encontrarse en, Tener una»). «*Apuro». Situación de alguien en que necesita ayuda o auxilio de otros, o dinero: ‘Puedo recurrir a él en cualquier necesidad. Se encuentra en una gran necesidad.                4 «Pobreza». Situación de quien no tiene lo necesario para vivir: ‘Cometió el robo impulsado por la necesidad’. Cuando es complemento va siempre acompañado de «gran, mayor» o adjetivos semejantes: ‘Al morir el padre quedaron en la mayor necesidad. * Cosa necesaria: ‘Para mí es una necesidad salir al campo. * (en pl.; «Pasar, Sufrir»). *Privaciones.

[15] Baudrillard, Jean, la génesis de las necesidades, Barcelona, Anagrama, 1976,pp.65-66. Tomada de Naredo, José Manuel (1996), ob cit. Pag. 53-54.

[16] Cita tomada de RYBCZYNSKI, Witold: Esperando el fin de semana, EMECE, Barcelona, 1992. Es una novela interesante acerca de la problemática del fin de semana y como éste puede transformarse en el sentido de toda la semana.

[17] VAN TIL, Jon, Mapping the third Sector: Voluntarism in a Changing Social Economy, Washington, DC, Foundation Center, 1998, pag. 3

[18] MONTSERRAT, Julia y LÓPEZ CABRERO, Gregorio, Dimensión económica del sector de las entidades no lucrativas en servicios sociales, en Las entidades voluntarias en España, ed. Ministerio de Asuntos Sociales, Madrid, 1996.

[19] BOFF, Leonardo, Ecología: Grito de la Tierra, Grito de los Pobres, Editorial Trotta, Madrid, 1996,  pag.162

[20] GÓMEZ GUTIERREZ, José M., La naturaleza como modelo de conducta. ¿Puede la Naturaleza enseñar al hombre cómo debe comportarse? Pag. 109 y 110, Copia mimeo.

[21] RIFKIN, Jeremy, El fin del trabajo, editorial Paidos, Buenos Aires, 1997.

[22] Como dice el libro de David W. Pearce, Environmental Economics, Londeres, 1976. Traducido por el Fondo de Cultura Económica de Méjico bajo el título Economía Ambiental, Méjico, 1985.

[23] Naredo, José Manual: ¿Qué pueden hacer los economistas para ocuparse de los recursos naturales? Desde el Sistema Económico hacia la Economía de los Sistemas. En Pensamiento Iberoamericano, nº 12 Jul.-dic. 1997 pag. 61-72.

[24] P.A. Samuelson: Economics, 1º Ed. New York, 1948; traducción al castellano 14º Ed. Aguilar, Madrid, 1966 pag. 5.

[25] Sobre este tema es interesante ver el viaje teórico realizado por Naredo (1996) ob. Cit. Pro la evolución de la Ciencia económica y la expansión de su campo de acción. En las primeras 450 páginas de su libro presenta el contexto en que surge la economía, su génesis, cómo se afianza y culmina el desarrollo para comenzar el declive de las soluciones de la ciencia.

[26] Citado en  Conferencia Episcopal Norteamericana, Washington, 14 de noviembre de 1991, publicado en Política del medio ambiente, reflexión y acción, Fundación Encuentro, Madrid, 1987, pag. 66.

[27] Citado en  Conferencia Episcopal Norteamericana, Washington, 14 de noviembre de 1991, publicado en Política del medio ambiente, reflexión y acción, Fundación Encuentro, Madrid, 1987, pag. 66.

 

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