Programa Pan Americano de Defensa y Desarrollo de la Diversidad Biológica, Cultural y Social - asociación civil

Privatización y subsistencia

 

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Privatización de los medios de subsistencia. La comercialización de la diversidad biológica en África

por Rachel Wynberg, Biowatch, Sudáfrica
con la contribución de Gaia/GRAIN
- Mayo 2000

Conflicto entre Comercio Global y Biodiversidad

 Conflicto entre comercio global y biodiversidad es una edición de informes publicados conjuntamente por la fundación Gaia Foundation y GRAIN (Acción Internacional por los Recursos Genéticos). Esta serie de informes examina puntos críticos de conflicto entre la privatización de la biodiversidad, alentada por intereses corporativos empresariales y la OMC, y los esfuerzos de personas e instituciones por empoderar a las comunidades locales para el manejo de su diversidad biológica y cultural, especialmente en los países en vías de desarrollo.


 

Desde épocas inmemoriales la población africana ha fundado su seguridad económica, su alimentación y la disponibilidad de combustibles, medicamentos y vivienda, en el acceso libre y facilitado a una rica diversidad de recursos biológicos que intercambiaban y comerciaban entre sí. Hoy, la globalización acelerada está sometiendo a África a intensas presiones para que abra sus mercados y se adecue a las reglas del comercio mundial, dándole acceso a sus recursos naturales a las empresas transnacionales, aun cuando las necesidades básicas de su población queden insatisfechas. La privatización creciente de la biodiversidad de África amenaza no sólo la base de recursos biológicos sino los medios de vida y los derechos de las comunidades locales que dependen de ella, así como los saberes y las tecnologías que estas han desarrollado para su uso y conservación.

El comercio de recursos biológicos es hoy un gran negocio, pero los términos de intercambio mundiales están incrementando el control que ejercen las grandes empresas sobre los sistemas agrícolas y de salud de África, y minan los derechos colectivos de las comunidades a la biodiversidad. En la agricultura, la mercantilización del intercambio de semillas, las patentes sobre las semillas y la introducción de la ingeniería genética traen graves consecuencias para los agricultores y la seguridad alimentaria de África. En el ámbito de la salud, los derechos de propiedad intelectual generan aumentos en los precios de los medicamentos esenciales y al mismo tiempo recompensan a las agroindustrias, las compañías farmacéuticas y los institutos de investigación originarios del Norte que hacen bioprospección sobre los recursos biológicos de África, mientras los gobiernos nacionales y las comunidades locales, que son quienes producen saberes y tecnologías relacionados con la biodiversidad, salen perdiendo.

Sin embargo, África no se conforma con ese papel de mero proveedor de materias primas para la economía mundial: el continente se está afirmando a todos los niveles, y eso se hace evidente en hechos que van desde el rechazo a la imposición de las agendas de los países desarrollados y los “Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual Relacionados con el Comercio” (ADPIC, mejor conocidos como TRIPS, por sus siglas en inglés) en la Organización Mundial del Comercio, hasta la consolidación de redes de la sociedad civil, como la Red Africana de Vigilancia al Comercio (African Trade Network), que defienden esas posiciones. Las iniciativas africanas en términos de generación de políticas autóctonas han conseguido afirmar el derecho de las naciones a mantener el control sobre sus propios recursos biológicos, a garantizar los derechos de las comunidades locales a utilizar, guardar e intercambiar semillas, y a proporcionar medicinas esenciales a precios accesibles. En su afán de generar respuestas y estrategias para conservar y aprovechar la biodiversidad, África se resiste a la apropiación de los medios de supervivencia de su población por las empresas multinacionales.

 

1. La riqueza natural de África

 1.1 La biodiversidad: una cuestión de supervivencia

     África es un continente rico en una enorme diversidad de recursos biológicos, y notable por las innovaciones que su pueblo ha desarrollado para utilizarlos y conservarlos. La región alberga una cuarta parte de la biodiversidad del mundo, y muchas de sus especies vegetales no se dan en ningún otro lugar. Una gran variedad de plantas útiles originarias de África han hecho contribuciones importantes a la agricultura mundial, entre ellos el café, el sorgo, diversos tipos de mijo (o millo) y el aceite de palma, así como numerosas plantas medicinales.

 Más que en cualquier otra región del mundo, en África los recursos biológicos constituyen la base del sustento y las economías nacionales. La gran mayoría de los 700 millones de habitantes del continente dependen directamente de la biodiversidad para obtener alimentos, medicinas, materiales de construcción baratos, leña, materiales para artesanías e ingresos monetarios. Para ellos la biodiversidad es una cuestión de supervivencia: su uso, abundancia y variedad constituyen una defensa indispensable contra la pobreza, las sequías, los cambios ambientales y las guerras.

 A diferencia de muchas otras partes del mundo, donde el conocimiento sobre la biodiversidad y las técnicas de utilización de muchas especies está en manos de grupos indígenas geográficamente diferenciados, en África ese conocimiento está repartido en prácticamente todos los hogares rurales, y también en muchos hogares urbanos. Eso se manifiesta en las culturas enormemente disímiles que presentan los dos mil o más grupos étnicos que habitan el continente, y en el papel central que desempeñan las plantas y los animales en los sistemas autóctonos de medicina y agricultura.

 Además de los usos de subsistencia, la mayor parte del empleo, la producción económica y los ingresos por exportaciones de África provienen de sus recursos biológicos. La agricultura genera entre el 30% y el 60% del PIB de África subsahariana, y emplea a más del 60% de la fuerza de trabajo (1). La silvicultura y la pesca también desempeñan un papel muy importante en muchas economías nacionales africanas, aportando hasta el 60% de las divisas en países como Guinea Ecuatorial y Mauritania. En suma, una base de recursos biológicos productiva, diversa y fácilmente accesible constituye el fundamento de la vida en África.

 1.2 La riqueza natural de África en riesgo

    La pérdida acelerada de biodiversidad amenaza la fuente de sustento de millones de personas que dependen de esa base de recursos biológicos. Esa pérdida está ocasionada por la tala de bosques y la ampliación de la agricultura comercial sobre sus suelos en base a monocultivos y plantaciones forestales, a la pesca excesiva, a la invasión de especies exóticas, a la minería y la sobreexplotación de los recursos naturales. Esas actividades traen aparejada la erosión y desaparición del saber tradicional sobre la biodiversidad. Pero lo que afecta de manera más grave y generalizada la biodiversidad y la subsistencia de los pueblos de África es el control cada vez mayor que ejercen las transnacionales sobre la alimentación, la agricultura y la salud.

Las empresas multinacionales son los actores más poderosos de la economía mundial y hoy se están apoderando de la biodiversidad de África a un ritmo sin precedentes. En su ayuda acude un régimen mundial de comercio que les garantiza acceso facilitado a los mercados, y la piratería legalizada del conocimiento indígena y la biodiversidad a través de los derechos de propiedad intelectual (DPIs). La influencia y dimensión de las empresas crece a medida que los gigantescos complejos agroquímicos, de semillas y farmacéuticos convergen mediante compras, fusiones y asociaciones múltiples. Esta tendencia se ha acelerado a causa de las grandes inversiones en biotecnologías, y la concesión de patentes sobre organismos vivos y las presiones consiguientes para la comercialización de nuevos productos. Apenas un puñado de 'gigantes' de la ingeniería genética –Aventis, DuPont, Monsanto, AstraZeneca y Novartis— dominan hoy el mercado. AstraZeneca y Novartis ya anunciaron su fusión para formar Syngenta, convirtiéndose en la agroindustria más grande del mundo, con el 23% del mercado. Conjuntamente, estos 'gigantes' acaparan casi dos tercios del mercado mundial de plaguicidas valorado en US$ 31 mil millones, casi una cuarta parte del mercado de semillas comerciales estimado en US$ 30 mil millones, prácticamente todo el mercado de semillas modificadas mediante ingeniería genética (2) y, para completar, se hallan en un proceso de fusión creciente con la industria farmacéutica, cuyo valor total de ventas asciende a los US$ 300 mil millones.

Con ventas de esa magnitud, el predominio de esas empresas sobre otras más pequeñas y las instituciones nacionales está prácticamente asegurado. En África, el 88% del mercado de agroquímicos está en manos de apenas diez empresas (3). Cuatro de los mayores productores de plaguicidas –Novartis, AstraZeneca, Monsanto y DuPont—dominan también el mercado africano de semillas genéticamente modificadas (4) y, cada vez más, también el abasto y la comercialización de semillas. Las empresas transnacionales además dominan la mayoría de los mercados locales de productos farmacéuticos en África subsahariana, cuyo valor en 1997 –junto con el de Medio Oriente—se estimaba en más de US$ 8 mil millones (5).

En este panorama general de apropiación creciente de los sectores de la alimentación y la salud en manos de empresas multinacionales, la biodiversidad se convierte en una mercancía más a explotar para beneficio de algunos pocos, en lugar de ser mantenida como medio de supervivencia para las grandes mayorías.

 2. África en la economía mundial

 2.1 La vulnerabilidad de África

     África padece un sinfín de problemas. Enfrenta índices de deuda externa paralizantes, cercanos a los US$ 230 mil millones, cuyo servicio asciende al doble del gasto combinado en educación y salud. El desempeño económico de la mayoría de los países africanos se caracteriza por el estancamiento o la recesión. Las estadísticas de África subsahariana son particularmente desoladoras. Actualmente casi el 76% de su población vive con menos de dos dólares por día, y el número de personas viviendo en la pobreza va en aumento (6). Además, el continente enfrenta los índices de VIH/SIDA más altos del mundo, con niveles que alcanzan casi el triple del promedio mundial.

Las agencias donantes, los inversionistas y las instituciones crediticias consideran que la integración de África a la economía mundial constituye un requisito previo para el desarrollo de esa región. El Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Africano de Desarrollo y los países donantes con programas de ayuda internacional, como Estados Unidos, les imponen a los países receptores condiciones que los obligan a orientar sus economías según el modelo del libre mercado. Eso incluye la liberalización comercial, que implica abrir sus mercados a las empresas multinacionales, la privatización de las instituciones nacionales, y recortes en el gasto público. Los países no tienen prácticamente otra opción que adoptar programas de ajuste estructural que, entre otras medidas, los han obligado a recortar servicios sociales básicos y reemplazar la producción de alimentos para el mercado interno por los cultivos de exportación. En términos generales, los programas draconianos de ajuste estructural impuestos en muchos sectores durante los ‘80 y los ‘90 determinaron que, debido a sus efectos, cualquier progreso económico previo quedara prácticamente anulado.

    Actualmente, la participación de África en el comercio internacional apenas llega al 1-2% del total mundial. Como mercado inexplotado y socio comercial emergente, el continente africano constituye un objetivo estratégico para algunos productores e inversionistas. Un estudio de sesenta y cinco empresas transnacionales realizado por la UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, por sus siglas en inglés) y la Cámara Internacional de Comercio entre noviembre de 1999 y enero del 2000 mostró que existe interés por invertir en la agricultura, en productos químicos y farmacéuticos, y también en alimentos y bebidas. El Consejo Empresarial por África, un grupo de presión empresarial estadounidense-africano, saludó con beneplácito los anuncios de nuevas privatizaciones en Nigeria comentando que ese país constituye "un enorme mercado que todavía no ha sido explotado por las empresas estadounidenses." (7)

 2.2 El orden mundial del comercio

     Pero una integración aún más profunda de África a la economía mundial probablemente resultará en mayores perjuicios para la seguridad alimentaria, la atención de salud y la conservación del medio ambiente como objetivos de interés público. Los términos de intercambio mundial sirven a los intereses de las naciones industrializadas y sus empresas, al tiempo que presionan cada vez más a los países en vías de desarrollo para que abran sus economías a la competencia extranjera. Se estima que la pasada ronda de negociaciones de la OMC (Organización Mundial del Comercio) aumentará el valor del comercio mundial en US$ 200 mil millones para el año 2005. Sin embargo, el 70% de ese monto irá a parar a manos del mundo industrializado, mientras que las expectativas para África subsahariana son de pérdidas por valor de US$ 1.200 millones anuales durante el mismo período (8). En boca de Moses Tekere, profesor de economía de la Universidad de Zimbabwe: "La ideología fundamental de la OMC está errada. Lo que queremos es desarrollo, no sólo liberalización" (9). La marginación de los países del Sur en la OMC está evidenciada en el hecho de que diecinueve países africanos son demasiado pobres para tener siquiera un delegado permanente en la sede central de la institución en Ginebra, Suiza. Los desequilibrios generales que la atraviesan tienen consecuencias graves para los países del Sur, muchos de los cuales son ricos en biodiversidad y en su gran mayoría dependen de los recursos biológicos para el sustento de su población.

El controvertido acuerdo sobre Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual Relacionados con el Comercio (TRIPS, por su sigla en inglés) de la OMC, creó un régimen mundial de derechos de propiedad intelectual sobre la biodiversidad y, además, le abrió la puerta al patentamiento de seres vivos. Dado que su principal promotor son las multibillonarias industrias farmacéutica y de biotecnología, este acuerdo suscita cuestionamientos éticos muy profundos acerca de la comercialización de los seres vivos, el control monopólico del saber, y los derechos de los gestores y los usuarios de conocimientos y tecnologías de origen colectivo y comunitario. A esto se agrega la injusticia inherente al hecho de permitir que las empresas se apropien de los conocimientos y las tecnologías de las comunidades rurales y cobren regalías por su empleo, mediante el sistema de piratería legalizada que ese acuerdo consagra. Como miembros de la OMC, la mayoría de los países del mundo ahora están obligados a permitir que las patentes y otras formas de propiedad intelectual se integren al mundo de la agricultura, la producción de alimentos y el cuidado de la salud. El mundo industrializado detenta el 97% de todas las patentes, la mayor parte de las cuales están en manos de grandes empresas. Fuera de eso, más del 80% de las patentes concedidas en los países en vías de desarrollo pertenecen a residentes de los países industrializados (10). El Acuerdo sobre TRIPs no sólo facilita la apropiación empresarial y el control monopólico sobre los recursos biológicos del Sur, sino que además puede obligar a los países en vías de desarrollo a pagar regalías a los propietarios de esas patentes. La biodiversidad, antes libremente accesible para todos, está siendo reducida ahora a una posesión privada, explotada con ánimo de lucro individual o empresarial.

Los derechos de propiedad intelectual constituyen apenas un capítulo de un paquete de iniciativas comerciales mucho más amplias, que amenazan la biodiversidad de África y los medios de vida de su población, basados en los recursos naturales. El Acuerdo sobre Agricultura de la OMC, por ejemplo, hace caso omiso de las disparidades abismales entre la agricultura de los países desarrollados y aquella de los países en vías de desarrollo. La OMC utiliza el discurso de promover la competencia en "un campo de juego parejo" para exigir que todos los países miembros reduzcan los subsidios gubernamentales a los agricultores locales y eliminen los controles no arancelarios para los productos agrícolas. Ese acuerdo podría realmente destruir los medios de vida de millones de pequeños productores agrícolas de África, al ponerlos a competir directamente con las grandes empresas transnacionales. A pesar de su retórica sobre el "comercio libre", el acuerdo en realidad obliga a los países pobres a aplicar una liberalización que difícilmente puedan permitirse, mientras los países ricos siguen protegiendo celosamente su propia agricultura y sus mercados. Por ejemplo, lejos de eliminar las medidas de protección a sus mercados, Estados Unidos actualmente impone un arancel progresivo del 67% sobre el maní o cacahuate importado, impidiendo así el acceso de los países africanos productores de maní, como Senegal, al mercado estadounidense. Entretanto, la eliminación de los subsidios a los insumos agrícolas esta socavando la producción local de alimentos en África, al tiempo que el Norte inunda a los países africanos con granos baratos, generalmente subsidiados, vendidos por debajo del costo de producción (“dumping”). Eso determina que a pesar de poseer capacidad para la autosuficiencia en materia de producción de cereales, un país como Burkina Faso, por ejemplo, tiene que gastar hasta el 15% de su PBI en importarlos, merced a ese acuerdo de la OMC sobre agricultura.

 2.3 Los acuerdos comerciales con la Unión Europea y Estados Unidos

    En nombre del desarrollo, también se están implantando regímenes de libre comercio en el marco de los tratados de África con sus principales socios comerciales, la Unión Europea (UE) y Estados Unidos (EEUU). La renegociación de la Convención de Lomé –el acuerdo comercial de trato preferencial entre la UE y los países de África, el Caribe y el Pacífico (ACP)- y la ley estadounidense de Crecimiento y Oportunidades para África habrán de orientar las relaciones comerciales de Estados Unidos y la Unión Europea con África en los próximos años, e incidir de manera importante en las prioridades para el desarrollo del continente.

La UE evidentemente ve la globalización de África como el objetivo principal de su política de cooperación para el desarrollo. La Convención de Lomé ha servido de guía durante los últimos veinticuatro años para las relaciones comerciales y de ayuda entre la mayoría de los países africanos y la UE. En el pasado, los términos que establecía la convención eran relativamente generosos y ofrecían a los países signatarios acceso preferencial a los mercados europeos para la mayoría de sus exportaciones, sin obligación de reciprocidad. Pero esos términos son ahora inaceptables en el contexto de la OMC. La renegociación de la convención en el 2000 revela ese claro viraje hacia pautas de relación y desarrollo más orientadas hacia el mercado: las prioridades ahora son la liberalización comercial, la imposición de regímenes de protección de los derechos de propiedad intelectual y la "fluida integración de África en el mercado mundial" (11), a pesar de lo cual, de hecho, todavía es probable que el nuevo acuerdo sea impugnado ante la OMC. En el acuerdo de Lomé renegociado, la UE pretende establecer zonas de libre comercio interregionales con socios económicamente fuertes, a pesar que hay muchos que consideran esa política como una amenaza para la solidaridad africana (12). Los nuevos términos de Lomé afectarán a muchas naciones africanas: la UE es destinataria de cerca del 40% de las exportaciones africanas, muchas de las cuales reúnen las condiciones para recibir trato preferencial según la convención de Lomé (13).

La Ley de Crecimiento y Oportunidades para África (AGOA, por sus siglas en inglés), ahora incluida en la Ley de Comercio y Desarrollo del 2000 aprobada recientemente por el Congreso de Estados Unidos, constituye un marco propicio para la competencia de las empresas estadounidenses en África. Está diseñada para aumentar las exportaciones y las inversiones privadas estadounidenses en África, fomentar el crédito a través del banco Export-Import Bank y, por último, crear zonas de libre comercio con los países y las regiones más fuertes (14). Los términos de esa ley simplemente intentan garantizarle mercados abiertos en África a las empresas estadounidenses. La AGOA le otorga amplios derechos y beneficios a las empresas transnacionales que operan en África, pero no hace nada para asegurar que las empresas y los trabajadores africanos se beneficien del aumento del comercio, y tampoco incluye ninguna cláusula sobre protección del medio ambiente. Los beneficios que promete para África son mayor acceso de sus exportaciones a los mercados estadounidenses y fondos de apoyo garantizados por EEUU para impulsar el desarrollo del sector privado. Sin embargo, para hacerse beneficiario de esas promesas los países tienen que proteger los derechos de propiedad intelectual, ofrecer amplias garantías a los inversores extranjeros y embarcarse en un proceso de apertura de sus economías, según los lineamientos aprobados por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional.

 2.4 Comercio de biodiversidad

     El comercio de biodiversidad constituye una parte importante de la visión de África globalizada. En los últimos siglos África ha provisto al resto del mundo una cantidad enorme de sus recursos naturales, pero la gama de recursos y las formas en que se utilizan ahora ha aumentado muchísimo.

En la década pasada el interés por el uso comercial de las especies silvestres y los recursos genéticos se multiplicó en una escala sin precedentes. La bioprospección –la exploración de la biodiversidad en busca de recursos genéticos y bioquímicos valiosos—es un negocio en expansión acelerada. En particular las nuevas técnicas de ingeniería genética, que permiten trasladar genes y material genético de un organismo a otro, han generado nuevos usos -algunos previamente inconcebibles- para los recursos genéticos. Los bioprospectores ahora buscan características genéticas interesantes para implantárselas a otras especies, y es tan intenso el ritmo que ha adquirido esta actividad, que la bioprospección genética evoca a la "fiebre del oro". La industria de la medicina botánica o natural también está creciendo rápidamente e impulsando la explotación de la biodiversidad. Se estima que los medicamentos derivados de productos naturales contribuyeron alrededor de US$ 120 mil millones en 1997, equivalentes al 40% de las ventas mundiales de farmacéuticos, mientras que el comercio mundial de materias primas botánicas en el mismo año totalizó alrededor de US$ 8 mil millones (15).

¿Cómo puede África beneficiarse de estos procesos? África alberga el 25% de la biodiversidad mundial, y se estima que el valor total aproximado de todos los productos derivados de los recursos genéticos del mundo asciende a sumas entre los US$ 500 y 800 mil millones anuales (16). Es evidente que África constituye una veta rica y rentable de materias primas y conocimientos para el desarrollo de nuevas medicinas, alimentos, cosméticos y otros productos de la biodiversidad. Sin embargo, mientras que, históricamente, las potencias coloniales recibieron importantes ventajas y ganancias económicas por la utilización de esos recursos, la región africana en su conjunto obtuvo muy pocos beneficios de su comercialización. Muchos sostienen que la situación actual es equiparable.

Corregir esas desigualdades constituye un objetivo clave del Convenio sobre Diversidad Biológica (CDB), del que forman parte 47 países africanos. Bajo este convenio, los países proveedores de recursos genéticos deberían recibir una serie de beneficios de aquellos que comercializan esos recursos, incluida la participación equitativa de las ganancias generadas, así como beneficios no monetarios como transferencia de tecnología y la posibilidad de participar en proyectos de investigación. A cambio de eso, los países proveedores deberán facilitar el acceso a sus recursos genéticos y al conocimiento asociado a ellos. El CDB pretende garantizar que ese acceso se dé en "términos mutuamente aceptables" y sujeto al consentimiento previamente informado del país proveedor. El artículo 8(j) del CDB reconoce los derechos de los generadores de conocimientos y tecnologías comunitarios y la importancia de compartir equitativamente las ganancias derivadas del uso de ese conocimiento. Es de singular importancia el hecho que el convenio declara que el control sobre esos recursos biológicos le corresponde a quienes los cultivan y custodian.

Sin embargo, si se comparan las disposiciones del Convenio sobre Diversidad Biológica y las de los acuerdos de la OMC, resultan evidentes algunas contradicciones y conflictos inquietantes de prioridad que se están haciendo cada vez más explícitos en África y en otras partes, con respecto al uso sustentable y equitativo de la biodiversidad, por una parte, y las premisas del mercado global por la otra. África, la India y otros han planteado su preocupación por esas contradicciones entre el CDB y la OMC, en particular en el caso concreto del Acuerdo TRIPS. Básicamente, las prioridades de los dos organismos están en conflicto: simplemente no es compatible para las naciones dedicar sus esfuerzos a conservar, compartir y desarrollar de modo sustentable la biodiversidad, y al mismo tiempo adherir a toda costa a una agenda de prioridades comerciales orientada y dirigida por las empresas.

 3. Biodiversidad, agricultura y salud

 3.1 Agricultura

     En ninguna parte se hace tan evidente la polaridad entre los enfoques de la OMC y aquellos del Convenio de Biodiversidad como en el ámbito de la agricultura. Esto se manifiesta con toda claridad en los dos sistemas de cultivo profundamente diferentes que existen en África: el tradicional y el industrial. La agricultura tradicional es practicada por la mayoría de los campesinos africanos, y en África subsahariana más del 90% de los alimentos son cosechados mediante prácticas de cultivo tradicionales basadas en el policultivo, el empleo de semillas propias seleccionadas de la zafra anterior, escasos insumos químicos, lluvia, y selección de los cultivos a nivel predial y a criterio de cada agricultor (17). La propiedad sobre los recursos, las semillas, los conocimientos y las tecnologías es generalmente colectiva, "compartida con orgullo y regalada como un gran honor" (18). En cambio, la agricultura industrial se basa en semillas compradas, sistemas mecánicos de riego, gran cantidad de insumos químicos, mecanización y monocultivos, bajo un sistema principalmente orientado hacia cultivos comerciales de exportación como el café, algodón, cacao, tabaco, té y azúcar. Con excepción del maíz, la mayor parte de la agricultura industrial se hace a expensas de la producción de alimentos para el consumo local (19), y la mayor parte de las semillas utilizadas son híbridos importados de alto rendimiento que los agricultores tienen que comprar de las empresas semilleristas cada vez que van a sembrar (20).

La agricultura tradicional constituye un enemigo para las agroindustrias, dado que limita el mercado de agroquímicos y frena significativamente la expansión del mercado de semillas comerciales, en virtud del hecho que la semilla que los campesinos guardan de sus propias cosechas representa alrededor del 90% de todas las semillas que se siembran en el continente (21). No sorprende entonces que haya esfuerzos agresivos por "modernizar" la agricultura africana, es decir, introducir híbridos de alto rendimiento, variedades transgénicas (esto es, modificadas mediante las técnicas de la ingeniería genética), fertilizantes, herbicidas y plaguicidas. Eso es particularmente evidente en el suministro y la distribución de semillas. Merced a los programas de ajuste estructural, prácticamente todos los gobiernos africanos están siendo presionados a privatizar los sistemas estatales de suministro de semillas. En Malawi, por ejemplo, hay un programa del Banco Mundial y el FMI para reformar el sector agrícola que incluye la privatización de la Compañía Nacional de Semillas de Malawi. Los ajustes estructurales han provocado cambios similares en el sector de semillas en Uganda, Senegal y otros países de África occidental.

También hace parte de esta tendencia el establecimiento de la Asociación Semillerista Africana (AFSTA, por sus siglas en inglés), cuya misión declarada es "representar los intereses de las industrias semilleristas africanas y fomentar el desarrollo de la industria semillerista para el mejoramiento de la producción agrícola en África" (22). En teoría, sería posible desarrollar una industria semillerista autóctona para atender las necesidades de los campesinos africanos. Sin embargo, hay indicios recientes que revelan que la presión económica empuja a las empresas semilleristas autóctonas a asociarse con los grandes monopolios, o ser totalmente absorbidas por ellos. Sensako, una productora local de semillas en Sudáfrica, vendió la mayoría de sus acciones a la Monsanto "a fin de competir con otras empresas semilleristas transnacionales" (23), y la Carnia -otra empresa semillerista sudafricana- corrió una suerte similar. En conjunto, se estima que las fusiones en el sector dejarán sin empleo a una cuarta parte del personal (24).

¿Qué significan estos procesos para los millones de pequeños productores agrícolas cuya subsistencia depende de la semilla que guardan? Los debates acerca de la reforma de la agricultura africana hablan de la necesidad de darle acceso a los agricultores a semillas de alta calidad y los productos de las investigaciones más recientes, así como de aumentar los ingresos por exportaciones. Sin embargo, son pocos los agricultores africanos que disponen de capital como para comprar semillas de alto rendimiento, mucho menos variedades transgénicas que con frecuencia están manipuladas para obligar al agricultor a comprar los paquetes asociados de herbicidas y plaguicidas fabricados por la misma empresa. Además, un control más estricto de los derechos de propiedad intelectual le impedirá a los agricultores conservar e intercambiar semillas 'protegidas'.

Exigencias del Acuerdo sobre TRIPs

El compromiso que obliga a los países miembros de la OMC a introducir, conforme al Acuerdo sobre TRIPs, derechos de propiedad intelectual sobre las variedades vegetales, aumentará las amenazas que pesan sobre la práctica milenaria de guardar semillas del propio predio para la próxima siembra. A pesar del hecho que algunos países africanos están asumiendo enfoques novedosos para cumplir con ese requisito, quince países francófonos, miembros de la Organización Africana para la Propiedad Intelectual (OAPI), firmaron el año pasado un acuerdo de actualización de su legislación compartida sobre derechos de propiedad intelectual -el acuerdo revisado de Bangui- que contiene una disposición sobre protección de los derechos de propiedad intelectual sobre nuevas obtenciones vegetales -aparte de otras disposiciones sobre patentes, derechos de autor y marcas registradas- cuyo texto es una réplica casi exacta de las normas del convenio de 1991 de la Unión para la Protección de Nuevas Obtenciones Vegetales (UPOV, por sus siglas originales en francés), de carácter altamente restrictivas (25,26). Esa disposición prohíbe explícitamente que los agricultores guarden semillas -en el caso de especies forestales, frutícolas y ornamentales- que se encuentren registradas bajo el sistema de Protección de Variedades Vegetales (PVV), a menos que el gobierno expida permisos específicos que los eximan de la aplicación de esa norma. Las empresas semilleristas estadounidenses y europeas serán seguramente los mayores beneficiarios de esa disposición, merced a la cual obtendrán derechos monopólicos exclusivos sobre las nuevas variedades, mientras que los campesinos africanos se verán obligados a pagar un ‘impuesto’ de propiedad intelectual para poder utilizarlas. Hasta el momento el único país que ratificó el acuerdo es Camerún, que lo hizo sin ningún tipo de debate parlamentario ni discusión pública. En realidad, hay bastantes científicos, ONGs y organizaciones campesinas en distintos lugares de África francófona que muestran preocupación por los impactos de esa nueva legislación sobre la biodiversidad, la sustentabilidad agrícola y los derechos comunitarios. Algunos consideran que se trata típicamente de una legislación impuesta desde afuera, sin ninguna participación de la gente que trabaja en temas de desarrollo, agricultura o medio ambiente. Para quienes la proponen parecería que ningún sacrificio es muy grande -a pesar que afecta los derechos de unos veinte millones de campesinos africanos- si el objetivo es integrar a África al mundo globalizado.

 3.2 La biotecnología: ¿sedienta de ganancias?

    El papel de África en la industria de la biotecnología ha sido principalmente como proveedor de materias primas utilizadas por institutos de investigación y empresas transnacionales de Occidente. Sin embargo, el creciente rechazo de los consumidores del Norte a los productos genéticamente manipulados ha acelerado la campaña que promueve vigorosamente su uso y desarrollo en África, mientras que el gobierno de Estados Unidos busca ansiosamente nuevos mercados para su industria agropecuaria, tasada en US$ 60 mil millones.

 Con el discurso de "combatir el hambre, la degradación ambiental y la pobreza" (27), la biotecnología viene siendo promovida muy agresivamente en África. La reciente Ley de Crecimiento y Oportunidades para África ( AGOA), que asegura la creación de un clima de inversión favorable para las compañías estadounidenses en África -en especial la eliminación de lo que ellos denominan las "barreras comerciales" que protegen la agricultura local- seguramente hará parte de ese impulso a la biotecnología. Bajo la AGOA, la 'Asociación para el Crecimiento y la Oportunidad de África', creada por el presidente Clinton, será un programa de intercambio científico destinado a fomentar la investigación agrobiotecnológica en África subsahariana y promover "la conciencia sobre los beneficios de la biotecnología para las naciones en vías de desarrollo" (28).

 Hace poco se fundó en Argelia una Agencia Africana de Biotecnología, con el objeto de ayudar a desarrollar la biotecnología en todo el continente (29). En Kenia, el Servicio Internacional para la Adquisición de Agrobiotecnologías (ISAAB, por sus siglas en inglés) pretende "facilitar la transferencia de biotecnologías a los países en vías de desarrollo para beneficio principalmente de los pobres del campo y los pequeños productores agrícolas" (30). En Sudáfrica, la Monsanto, Delta and Pine Lands, AgrEvo, Novartis, Pioneer Hi-Breed y varios institutos de investigación y productores han constituido un gran consorcio llamado África-Bio para "llevar con fuerza ante el gobierno la voz unificada de la biotecnología y asegurar que no se establezcan barreras comerciales injustificadas que limiten a sus miembros" (31).

 Los efectos potenciales sobre la agricultura y la seguridad alimentaria de África son inmensos. La necesidad de mejorar la seguridad alimentaria y la productividad agrícola de África es una preocupación compartida por todos, pero el problema no es la insuficiencia de alimentos, sino más bien el acceso a ellos y su distribución, lo cual incluye las luchas de los campesinos pobres para obtener crédito, la falta de servicios de almacenamiento y una infraestructura inadecuada (32). Veinticuatro representantes de veinte países africanos y treinta organizaciones comunitarias, ambientalistas y de agricultores que asistieron a una reunión de las Naciones Unidas en agosto de 1998, manifestaron su enérgico rechazo a la ingeniería genética en una declaración conjunta titulada "Que la cosecha continúe", argumentando que ese tipo de biotecnologías sólo sirve a los intereses empresariales del Norte y señalando que no es apropiada para las necesidades de África.

En realidad, la mayor parte de las autorizaciones para pruebas de campo y comercialización de cultivos transgénicos han sido otorgadas para cultivos resistentes a las plagas y los herbicidas, antes que para cultivos con características que sí podrían afectar positivamente la producción de alimentos en África, tales como mejor fijación del nitrógeno o resistencia a las sequías y los virus. La industria está mucho más interesada en los cultivos de gran volumen que ofrecen mayores oportunidades de ventas por exportación, que en aquellos cultivos -como el sorgo y el mijo- comúnmente utilizados como alimento básico por los africanos. En Sudáfrica se aprobaron en los últimos años 165 pruebas de campo y 5 autorizaciones para comercialización de cultivos genéticamente modificados, pero más del 90% de las solicitudes para ensayos con cultivos transgénicos correspondieron a variedades resistentes a plagas y herbicidas. En el primer caso, se trata principalmente de plantas a las que se les incorpora mediante ingeniería genética un gen de la bacteria Bacillus thuringiensis, o Bt, que produce una toxina que mata a los insectos que se alimentan de la planta, pero frente a la cual las plagas desarrollan resistencia muy rápidamente. En el segundo caso, los cultivos son modificados genéticamente para tolerar sin daño a los herbicidas fabricados por la misma empresa que produce las semillas transgénicas, de manera tal que el agricultor tiene que comprar el paquete entero de semillas y herbicida. El 70% de esas solicitudes fueron presentadas por las transnacionales ‘gigantes en ingeniería genética’, entre ellas la Monsanto, la Pioneer Hi-Breed, AgrEvo, Delta and Pine Land, Novartis y DuPont.

Además, la mayoría de los países africanos carece de las instalaciones básicas para realizar siquiera los cultivos de tejidos más sencillos -para no hablar de las técnicas de ingeniería genética. Los países que están desarrollando o aplicando biotecnologías modernas -Sudáfrica, Egipto, Kenia, Nigeria y Zimbabwe- lo hacen sin disponer de capacidad para evaluar o manejar los riesgos (33). En Marruecos, Zimbabwe, Egipto y Sudáfrica ya se han liberado comercialmente algunos cultivos transgénicos sin que hayan mediado ningún tipo de estudios de impacto ambiental ni evaluación alguna de la necesidad o conveniencia de cada uno de esos cultivos, a pesar de hallazgos recientes que ponen de relieve los riesgos potenciales de la biotecnología sobre el medio ambiente y la salud, y de la inquietud creciente por los efectos de la ingeniería genética sobre la biodiversidad de África. (34)

Lejos de ser la panacea para África, la ingeniería genética acarrea una multitud de problemas ambientales y socioeconómicos para el continente. Esa biotecnología podría destruir las fuentes de sustento de los pequeños productores agropecuarios africanos. La Organización Internacional del Trabajo estima que el impacto de la ingeniería genética podría dejar sin trabajo hasta un 50% de los trabajadores actualmente empleados en los países en vías de desarrollo (35). Las técnicas de la ingeniería genética podrían habilitar a las empresas para producir en el laboratorio o en zonas subtropicales cultivos que hoy crecen exclusivamente en los trópicos. A manera de ejemplo, hay 70 mil cultivadores de vainilla en Madagascar que podrían verse amenazados por la producción de fragancia de vainilla en los laboratorios industriales en sustitución de la vainilla en rama y la esencia de vainilla (36). Además, el mayor rendimiento de las nuevas variedades de cacao genéticamente modificado para grandes cultivadores comerciales podría reducir los precios y poner en situación de grave peligro a los pequeños productores de cacao de África occidental. La producción industrial del edulcorante llamado thaumatin –derivado de una planta de África occidental —amenaza la subsistencia de millares de personas que cosechan esa planta silvestre en la Costa de Marfil y otros países de la región.

La comercialización de la llamada Tecnología Terminator -diseñada para impedir la reproducción de las semillas y asegurar así su venta reiterada- y otras tecnologías coactivas que imponen la subordinación a las empresas semilleristas, tendría consecuencias indecibles sobre los millones de pequeños productores agrícolas africanos que dependen de sus propias semillas que vuelven a sembrar año tras año. Esos campesinos simplemente no tienen dinero para comprar nuevas semillas cada año. Las solicitudes de patente para la Tecnología Terminator pendientes en cerca de 90 países en vías de desarrollo alimentan aún más esa inquietud. A pesar de las declaraciones públicas de la Monsanto y AstraZeneca comprometiéndose a no comercializar la Tecnología Terminator, sus promesas ya demostraron tener muy poco valor. En 1999 AstraZeneca realizó en Gran Bretaña la primera prueba de campo de la tecnología de esterilización de semillas, y ahora ‘Terminator’ transita la "vía rápida" hacia la comercialización. (37)

La agroindustria, como siempre, tendrá máximo interés en aquellos productos que generen ventas suficientemente grandes para recuperar los costos y producir ganancias, de tal manera que será la gente y el medio ambiente quienes corran con los riesgos y costos que supone la ingeniería genética en la agricultura. Es contradictorio que el ánimo de lucro controle y prime sobre las necesidades de desarrollo en temas tan fundamentales como la alimentación y el cuidado de la salud. La seguridad alimentaria, el desarrollo humano y la sustentabilidad ecológica simplemente no tienen lugar en esa ecuación de lucro.

 3.3 El cuidado de la salud

     El sector de la salud en África está experimentando un desarrollo similar. Actualmente se están aplicando políticas de privatización, medidas comerciales y normativas sobre derechos de propiedad intelectual que actúan en detrimento de la satisfacción de las necesidades básicas de la mayoría de la población. Al igual que en la agricultura, en África coexisten dos sistemas de medicina diferenciados, uno tradicional y el otro basado en el uso de productos farmacéuticos y los enfoques occidentales de la salud. En la mayoría de los sistemas nacionales de salud predomina la medicina occidental, pero muchos países ya están empezando a incorporar la medicina tradicional en sus programas oficiales de salud (38).

 El sistema de medicina tradicional utiliza la biodiversidad como parte integrante de un proceso de curación espiritual, una ética ambiental y un sistema de creencias ancestral que son peculiares de África. Los conocimientos y observaciones son transmitidos de una generación a otra, lo que resulta en un sistema de salud compartido a través de fronteras étnicas y culturales, pero también sujeto a constantes cambios y a la influencia de factores sociales, económicos y políticos (39).

 La medicina tradicional es más barata y más asequible que la occidental: en las zonas rurales de África subsahariana hay un médico tradicional para un promedio entre cien y mil personas, en tanto que la proporción de médicos occidentales es típicamente de 1 por cada diez mil a cien mil habitantes (40). Se estima que entre el 70 y el 80% de la población africana -tanto rural como urbana- depende de la medicina tradicional y la variedad de plantas y animales en que esta se basa, y para ellos la conservación y uso sustentable de la biodiversidad es de vital importancia.

Cuadro 1. Patentes más importantes sobre la biodiversidad africana
Especie

 

Código de patente y propietario

Usos y participación de los beneficios

Forskolin

(Coleus forskohlii)

 

US 4.724.238; EP 0265.810; IN 162.171; IN 147.030; IN 143.875 a nombre de Hoechst (DE)

Empleada en medicina tradicional en toda África, la India y el Brasil. La patente cubre el uso de las propiedades analgésicas y antiinflamatorias del Forskolin.

Combretastatin A4, aislado del Bushwillow del Cabo

(Combretum caffrum)

 

US 4.996.237; WO 9.405.682 a nombre de la Universidad de Arizona (EE.UU) y cuatro inventores italianos.

 

En la medicina tradicional de África y la India se emplean varias especies del Combretum. La patente cubre los métodos de extracción y aislamiento del cobretastatin y el uso del compuesto en el tratamiento de la leucemia linfática y el cáncer de colon. La empresa OXiGENE tiene la opción de adquirir una licencia exclusiva de cobertura mundial sobre esos compuestos y cobrar regalías.

Mirra

(Commiphora molmol)

 

JP 10.298.097 a nombre de Aamedo Mohamedo Ari Masoudo, un individuo japonés.

Su uso tradicional se remonta a los antiguos egipcios. La patente cubre su empleo en el tratamiento de la esquistosomiasis.

Ñame (o camote) (Dioscorea dumetorum)

US 5.019.580 a nombre de Shaman  Pharmaceuticals y M. Iwu.

Empleada en la medicina tradicional de África occidental para curar la diabetes. La patente cubre el uso de la dioscoretina en el tratamiento de la diabetes.

Monellin extraída de los frutos del Serendipity

(Dioscoreophyllum

cumminisii) (42)

US 3.998.798; JP 5.070.494 a nombre de la Universidad de Pensilvania (EE.UU) y la maltería Kirin Brewery Ltd (Japón).

Empleada durante siglos como edulcorante de alimentos y bebidas en África occidental.

Harpagophytum procumbens

 

US 5.888.514 a nombre de Weisman Bernard (EE.UU); WO 9744051 a nombre de Finzelberg S Nachfolger Gmbh (DE) y los propios inventores.

 

Es una especie endémica de Sudáfrica, Namibia y Botswana, donde goza de una larga historia de uso tradicional y también se cosecha para comercio internacional. Las patentes cubren el uso de extractos en el tratamiento de diversos tipos de asma bronquial, colitis ulcerosa, la enfermedad de Chrohn, el reumatismo y las inflamaciones óseas o de articulaciones. No se conoce que haya ningún acuerdo sobre participación de los beneficios para los poseedores originales del conocimiento asociado a sus usos.

Harungana vismia

 

US 5.837.255 a nombre de Shaman Pharmaceuticals Inc. (EEUU).

 

Su empleo en la medicina tradicional tiene historia en diversos países africanos. El producto está dirigido al tratamiento de la hipoglicemia y la diabetes.

Especies de Hypoxis y Spiloxene

 

US 4.652.636 (1987) a nombre de Roecar Holdings NV (NL).

 

Las plantas son originarias del sur de África donde se han empleado tradicionalmente en el tratamiento de tumores e infecciones. La patente cubre el uso del compuesto para el tratamiento de todo tipo de cáncer, excepto la leucemia linfática.

La familia de la Mesembryanthemaceae, incluido el Sceletium tortuosum

WO 9.746.234 a nombre de Farmarc Nederland B V (NL) y ciudadanos sudafricanos.

Empleado tradicionalmente por las comunidades en el sur de África como sedante y embriagante. La patente cede monopolio sobre el uso de mesembrin y otros compuestos asociados en el tratamiento de trastornos mentales.

Brazzein ("J'oublie")

(Pentadiplandra brazzeana) (43)

 

US 5.527.555; US 5.326.580; US 5.346.998; US 5.741.537 a nombre de la Universidad de Wisconsin (EE.UU).

 

Planta originaria de Gabón, donde tradicionalmente se ha empleado como edulcorante. La patente cubre el compuesto proteico edulcorante, el gen del Brazzein y los organismos transgénicos que le dan expresión al gen. La comercialización del producto obviará la necesidad de sembrar comercialmente o recolectar la planta en África occidental. PRODIGENE está introduciendo el gen en el maíz, y existen planes para establecer un mecanismo de participación de1 los beneficios para los pueblos de África occidental que descubrieron y cuidaron el recurso.

Pygeum

(Prunus Africana) (44)

 

US 3.856.946; FR 2.605.886 a nombre de Debat Lab (Francia).

 

Árbol nativo de los bosques de montaña de África, muy ampliamente difundido. Empleado tradicionalmente en tallas y, hasta cierto punto, con fines medicinales (45). Su uso en el tratamiento de las enfermedades de la próstata ha reportado ventas que ascienden a los US 150 millones anuales, pero también ha significado la sobreexplotación del recurso en muchas zonas.

Thaumatin extraído del

(Thaumatococcus danielli) (46)

 

US 4.011.206; US 5.464.770 a nombre de Tate & Lyle (UK) y Xoma Corp (EEUU).

 

La Universidad de Ife en Nigeria fue la primera en identificar su potencial como edulcorante. El gen ha sido desde entonces clonado y usado como edulcorante en confitería. La gente del lugar donde se obtuvo la planta no recibió ninguna compensación (47).

Fungus

(Eupenicillium shearii)

 

US 5.492.902 a nombre del Ministerio de Agricultura estadounidense, el Fondo de Investigaciones de la Universidad de Iowa (EEUU) y la Biotechnology Research and Development (EEUU).

El Fungus se encuentra en los suelos de Costa de Marfíl y pretenden emplearlo como insecticida.

Nueva cepa del virus-1 VIH

 

US 5.019.510 a nombre del Instituto Pasteur (Francia).

La cepa fue aislada de un médico de Gabón. La patente cubre el virus y su secuencia de ADN.

 

 Muchas de las especies utilizadas por la medicina herbaria son silvestres. Para satisfacer la demanda, la recolección de plantas medicinales en África a menudo ocurre a ritmos que superan su regeneración natural, y un número cada vez mayor de ellas está en peligro de extinción o empezando a escasear. Su conservación reviste una importancia crítica, no sólo para proteger la biodiversidad sino también para responder a las necesidades de salud del continente. La presión sobre esos recursos habrá de aumentar significativamente en el futuro inmediato, no sólo debido al rápido crecimiento de la población africana sino, sobretodo, a medida que el mercado de productos naturales y hierbas medicinales de procedencia africana crece, tanto en Estados Unidos como en Europa, a un ritmo que alcanza el 10% anual, como en el caso de la corteza de Prunus africana, utilizada para tratar la prostatitis masculina.

 La mayor parte de los 150 medicamentos farmacéuticos más importantes cuyo principio activo proviene de plantas medicinales están asociados a conocimientos tradicionales desarrollados por comunidades locales a lo largo y ancho del planeta (41). La explotación del conocimiento tradicional a manos de los actores más poderosos de la economía mundial utilizando nuevas tecnologías es hoy un gran negocio que protege sus ganancias mediante patentes. Si bien de África todavía no ha derivado ningún medicamento de éxito comercial internacional, el saber tradicional africano ha sido empleado para identificar y desarrollar muchos productos comerciales de uso médico, cosmético, alimenticio o agropecuario. En muchos casos esos productos han sido patentados por investigadores o empresas de los países industrializados, sin la más mínima consideración por los derechos de los poseedores originales de esos conocimientos o tecnologías. (Véase Cuadro 1, página 9)

 El sistema de patentes ocasiona problemas tanto para el sistema de salud moderno como para el tradicional. No sólo permite que se ejerza piratería de la medicina tradicional sino que hace a las hierbas medicinales menos accesibles, por ejemplo, generando escasez de la ya mencionada Prunus africana utilizada para curar la prostatitis. Además, vehiculiza la concentración monopólica del mercado de fármacos modernos y los mantiene a precios artificialmente altos, colocando al sistema de salud moderno fuera del alcance de la mayoría de los pobres.

 La gran ironía, por lo tanto, es que los medicamentos modernos derivados de la medicina africana tradicional seguramente no habrán de ayudar a resolver las crisis de salud que asolan la región. Las mismas empresas que dominan la industria de semillas y agroquímicos se están fusionando también con la industria farmacéutica, y es muy probable que en el curso de los próximos cinco años se adueñen del 75% de las compañías farmacéuticas de todo el mundo. Con costos estimados para el desarrollo e introducción de un nuevo medicamento cercanos a los US$ 300 millones, el principal foco de interés de esas empresas está en producir mercancías destinadas a los mercados occidentales acaudalados -fármacos contra la obesidad, antidepresivos, cardiotónicos y tratamientos para el cáncer- y no en aquellas medicinas que podrían transformar la vida de los millones de africanos que sufren de paludismo, tuberculosis y desnutrición. En promedio, los africanos gastan menos de diez dólares por persona por año en el cuidado de su salud, y sus gobiernos agobiados por las deudas no pueden o no quieren subsidiar tratamientos médicos adecuados. Incluso aquellos medicamentos que sí responden a las necesidades africanas -por ejemplo para el tratamiento del SIDA- son prohibitivamente costosos para la mayoría de los países en vías de desarrollo. (Véase recuadro).

 El acuerdo TRIPS de la Organización Mundial del Comercio (OMC) -sobre derechos de propiedad intelectual- exacerbará la falta de acceso a los servicios de salud para la mayoría de la población, incrementando aún más el precio de los medicamentos y la concentración de la investigación y desarrollo en los países industrializados. Además, la revisión y ampliación actualmente en curso del Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios ( GATS, por sus siglas en inglés), de la OMC, obligará a los países a abrir sus servicios de salud a empresas comerciales extranjeras y transnacionales. La privatización y la apropiación extranjera de los servicios de salud tendrá consecuencias graves para la mayoría de la población del mundo, que simplemente no puede pagar por esos servicios.

Sólo los ricos se pueden curar

Problemas de acceso a los medicamentos contra el SIDA en Sudáfrica

     Las empresas farmacéuticas multinacionales combaten con saña las políticas tendientes a rebajar el costo de los medicamentos que se precisan más urgentemente para resolver los problemas sanitarios más graves de África, argumentando que constituyen una violación de sus derechos de patente e infringen las reglas de la OMC.

Con la intención de mitigar sus problemas de salud pública más apremiantes, Sudáfrica emitió licencias obligatorias que autorizan a los fabricantes locales a producir versiones baratas de medicamentos que tienen patentes aún vigentes y permitió la importación paralela, habilitando así que se importen medicamentos a precios más bajos que los que quieren cobrar los fabricantes. En un país donde el 20% de los jóvenes y las embarazadas son portadores del VIH/SIDA, esa ley haría asequibles medicamentos como el AZT que reduce la transmisión del virus del VIH de las madres embarazadas a sus bebés.

Tanto las licencias obligatorias como la importación paralela están permitidas bajo el régimen actual del acuerdo TRIPS de la OMC, pero el gobierno estadounidense, a pesar de ello, prefirió interpretar las reglas a su manera --a pedido de 41 de las mayores empresas farmacéuticas del mundo-- y amenazó con imponerle sanciones comerciales y de otros tipos, incluso retirarle sus fondos de cooperación internacional para presionar al gobierno sudafricano a revocar esa normativa propia. No obstante, la postura decidida del gobierno sudafricano de no dar marcha atrás, sumada al apoyo del vigoroso grupo de presión estadounidense de los activistas contra el SIDA, logró avergonzar en diciembre de 1999 a la administración Clinton, obligándola a batirse en retirada.

    Sin inmutarse, las empresas farmacéuticas multinacionales han optado ahora por demandar al gobierno sudafricano en las cortes de justicia nacionales, pero éste se mantiene firme en su decisión de introducir medidas para bajar el costo de los medicamentos. Con más de 23 millones de personas infectadas con el virus del SIDA en el continente africano, la postura sudafricana en favor de los medicamentos a precios accesibles podría sentar un importante precedente en esa región y, de hecho, para otros países en vías de desarrollo. Sin embargo, este caso también ilustra cómo los derechos de propiedad intelectual chocan con la prestación de servicios médicos dignos y decentes para los pobres, ya que las empresas no tienen ninguna obligación de desarrollar productos provechosos ni de ponerlos a la venta a precios razonablemente accesibles. Estados Unidos, por ejemplo, impidió que la Organización Mundial de la Salud (OMS) desarrollara medicamentos en base a patentes que se encuentran en manos del gobierno de ese país, inclusive medicamentos clasificados en la ‘lista de esenciales de la OMS’ como claves para solucionar crisis sanitarias a nivel mundial.

 

 4. Bioprospección y comercialización

 4.1 ¿Comercialización para beneficio de las comunidades?

     Dada la situación actual, ¿cómo puede utilizarse la riqueza de recursos biológicos e innovaciones humanas del continente africano para beneficio de la región? Una solución adoptada por actores tan diversos como el Banco Mundial, muchos gobiernos nacionales, los organismos de la ONU, algunas ONGs y el sector privado consiste en comercializar activamente la biodiversidad y el saber y las tecnologías comunitarios, al amparo de las disposiciones sobre conservación y participación de los beneficios en el marco del Convenio sobre Diversidad Biológica. Todos ellos sostienen que es imposible conservar adecuadamente la biodiversidad si ello no genera rédito económico, argumentando seguidamente que mediante su comercialización, la riqueza biológica de los países en vías de desarrollo se valorizará, generando oportunidades económicas y fomentando la necesaria transferencia de tecnologías y el desarrollo de capacidades. Sin embargo, en la práctica, la comercialización está entregando el control y el desarrollo de la biodiversidad en manos de empresas e instituciones principalmente del Norte, dejando a cambio muy pocos beneficios para las comunidades locales.

Cada día se extraen más y más recursos biológicos africanos con fines comerciales, para estudiarlos en busca de posibles beneficios terapéuticos u otros, o para empaquetarlos y venderlos como hierbas medicinales, cosméticos u otros productos naturales. Hay informes de Namibia, Senegal, Uganda, Kenia, Sudáfrica, Mauricio, Zimbabwe, Camerún y Etiopía que indican que las actividades de bioprospección se están incrementando (48). También crece el interés local: universidades, museos, jardines botánicos y otras instituciones de investigación colaboran en contratos de bioprospección, prestando ayuda a empresas o institutos de investigación extranjeros en tareas de campo y recolección, proporcionando material biológico e información y, en contados casos en que existe la capacidad, participando directamente en el desarrollo de nuevos productos. Las empresas e institutos de investigación extranjeros que desean investigar la biodiversidad de un país suelen buscar colaboración invitando a biólogos, químicos y curanderos de los países en vías de desarrollo a participar a título personal en sus emprendimientos, y casi nunca falta quien acepte la oferta –generalmente por falta de información— de pagos ad hoc o contratos que no cumplen con las disposiciones del Convenio de Biodiversidad sobre acceso y sobre participación de los beneficios. Debido a que los gobiernos destinan recursos cada vez más menguados para investigación científica, las universidades y los institutos de investigación de los países en vías de desarrollo han quedado particularmente expuestos a las tentadoras propuestas de las empresas e instituciones científicas occidentales.

Uno de los problemas más serios es que la mayoría de los países africanos carece de la capacidad tecnológica y científica necesaria para capitalizar a su favor los esquemas de colaboración comercial y las oportunidades creadas por el Convenio de Biodiversidad. También carecen de la pericia necesaria para negociar y asegurarse un trato justo, limitación que se agrava porque la mayoría de los países africanos no tiene legislación que regule el acceso a los recursos genéticos y establezca parámetros para el reparto de beneficios. En tales circunstancias cabe preguntarse si la comercialización de la biodiversidad podrá servir a otro propósito que el apuntalamiento del papel de África como rica veta de materias primas expropiables, dejando apenas mínimos beneficios para sus economías maltrechas, en el mejor de los casos.

Algunos países africanos -especialmente Sudáfrica, Kenia y Nigeria- han logrado tener cierta participación en el proceso en la medida que han podido dar “valor agregado" a la información y los recursos suministrados, o a través de actividades de investigación y desarrollo a nivel nacional y, en algunos casos, por haber podido acceder al desarrollo de nuevos productos y las tecnologías correspondientes (véase recuadro siguiente). Esos proyectos han reforzado hasta cierto punto la capacidad científica nacional, así como a algunas instituciones locales y los inventarios de biodiversidad, pero todavía no hay ningún indicio que revele cómo servirá la comercialización de la biodiversidad para mejorar las condiciones socioeconómicas de la población africana y generar incentivos para la conservación de la diversidad biológica, ni cómo habrán de ser compensados los generadores de conocimientos y tecnologías comunitarios, ni menos aún cómo se resolverá el engorroso tema de las patentes sobre seres vivos. En suma, parecería que la comercialización en última instancia sirve para acentuar los desequilibrios económicos y las iniquidades del sistema de comercio mundial, en lugar de corregirlos.

Hay quienes ponen en duda -por ejemplo en Sudáfrica- que la bioprospección deje dividendos reales y reconocen cada vez más la importancia de apoyar y desarrollar la industria nacional de fitomedicamentos, de suplementos alimenticios y de productos de higiene personal de origen vegetal (53). Esa opción implica menos riesgos y demoras (54), el uso de tecnologías más apropiadas para los países en vías de desarrollo, y también probabilidades mucho más altas de que los beneficios lleguen a los más necesitados. Guiados por ese enfoque, en Sudáfrica existe un programa de creación de empleos para mineros desocupados que actualmente está catapultando la producción comercial de una cerveza hecha en base a un árbol autóctono llamado marula; en Namibia hay una cooperativa de mujeres que se ocupa de la comercialización de un recurso ancestralmente usado y cuidado en el país; y en Botswana y Zimbabwe se están iniciando numerosos proyectos para desarrollar productos, en régimen de gestión y propiedad en manos de comunidades locales. Es claro que todos los países necesitan desarrollar estrategias para responder a la bioprospección y la búsqueda de nuevos medicamentos y nuevos productos, pero en la situación actual lo mejor que puede hacer África es invertir sus energías en soluciones autóctonas para las crisis económicas y ambientales, que brinden mejoras económicas tangibles a la población local.

 

Algunos proyectos muy importantes de bioprospección en África

 CSIR, Phytopharm y Pfizer

   El instituto paraestatal de investigaciones CSIR de Sudáfrica y la empresa farmacéutica Phytopharm, con sede en Gran Bretaña, pretenden desarrollar un medicamento contra la obesidad en base a la Hoodia, una planta autóctona de la región usada desde tiempos inmemoriales por el pueblo San para calmar la sed y el hambre. Tal medicamento inhibidor del apetito puede convertirse en el primer gran éxito de la industria farmacéutica derivado de una planta africana (49), con un mercado potencial estimado en más de US$ 3 mil millones. Sin embargo, no hay nada dispuesto sobre participación de los beneficios para los poseedores originales de ese conocimiento.

El desarrollo ulterior del producto y su comercialización habrá de ser emprendido por la Pfizer, una de las mayores empresas farmacéuticas de Estados Unidos. Este proyecto forma parte de un programa mucho mayor de bioprospección orientado por el CSIR, que pretende utilizar conocimientos tradicionales para investigar las propiedades comercialmente valiosas de la mayor parte de las 23 mil especies vegetales del país mediante un acuerdo entre ese instituto y un grupo de diez curanderos que actúan individualmente, lo que ha suscitado polémicos cuestionamientos acerca del modo en que el resto de curanderos sudafricanos habrá de beneficiarse de la comercialización de sus conocimientos tradicionales (50).

 Programa de Conservación y Desarrollo de los Recursos Biológicos

     El Programa de Conservación y Desarrollo de los Recursos Biológicos (BDCP, por sus siglas en inglés) es una ONG con sede en Nigeria, una oficina internacional en Estados Un