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Privatización de los medios de subsistencia.
La comercialización de la diversidad biológica en África
por Rachel Wynberg, Biowatch, Sudáfrica Conflicto entre Comercio Global y
Biodiversidad
Desde épocas inmemoriales
la población africana ha fundado su seguridad económica, su alimentación y la
disponibilidad de combustibles, medicamentos y vivienda, en el acceso libre y facilitado a
una rica diversidad de recursos biológicos que intercambiaban y comerciaban entre sí.
Hoy, la globalización acelerada está sometiendo a África a intensas presiones para que
abra sus mercados y se adecue a las reglas del comercio mundial, dándole acceso a sus
recursos naturales a las empresas transnacionales, aun cuando las necesidades básicas de
su población queden insatisfechas. La privatización creciente de la biodiversidad de
África amenaza no sólo la base de recursos biológicos sino los medios de vida y los
derechos de las comunidades locales que dependen de ella, así como los saberes y las
tecnologías que estas han desarrollado para su uso y conservación. El comercio de recursos
biológicos es hoy un gran negocio, pero los términos de intercambio mundiales están
incrementando el control que ejercen las grandes empresas sobre los sistemas agrícolas y
de salud de África, y minan los derechos colectivos de las comunidades a la
biodiversidad. En la agricultura, la mercantilización del intercambio de semillas, las
patentes sobre las semillas y la introducción de la ingeniería genética traen graves
consecuencias para los agricultores y la seguridad alimentaria de África. En el ámbito
de la salud, los derechos de propiedad intelectual generan aumentos en los precios de los
medicamentos esenciales y al mismo tiempo recompensan a las agroindustrias, las
compañías farmacéuticas y los institutos de investigación originarios del Norte que
hacen bioprospección sobre los recursos biológicos de África, mientras los gobiernos
nacionales y las comunidades locales, que son quienes producen saberes y tecnologías
relacionados con la biodiversidad, salen perdiendo. Sin embargo, África no se conforma con ese papel de
mero proveedor de materias primas para la economía mundial: el continente se está
afirmando a todos los niveles, y eso se hace evidente en hechos que van desde el rechazo a
la imposición de las agendas de los países desarrollados y los Aspectos de los
Derechos de Propiedad Intelectual Relacionados con el Comercio (ADPIC, mejor
conocidos como TRIPS, por sus siglas en inglés) en la Organización Mundial del Comercio,
hasta la consolidación de redes de la sociedad civil, como la Red Africana de Vigilancia
al Comercio (African Trade Network), que defienden esas posiciones. Las iniciativas
africanas en términos de generación de políticas autóctonas han conseguido afirmar el
derecho de las naciones a mantener el control sobre sus propios recursos biológicos, a
garantizar los derechos de las comunidades locales a utilizar, guardar e intercambiar
semillas, y a proporcionar medicinas esenciales a precios accesibles. En su afán de
generar respuestas y estrategias para conservar y aprovechar la biodiversidad, África se
resiste a la apropiación de los medios de supervivencia de su población por las empresas
multinacionales. 1. La riqueza natural de África 1.1 La biodiversidad:
una cuestión de supervivencia
África es un continente rico en una enorme diversidad de recursos biológicos, y notable
por las innovaciones que su pueblo ha desarrollado para utilizarlos y conservarlos. La
región alberga una cuarta parte de la biodiversidad del mundo, y muchas de sus especies
vegetales no se dan en ningún otro lugar. Una gran variedad de plantas útiles
originarias de África han hecho contribuciones importantes a la agricultura mundial,
entre ellos el café, el sorgo, diversos tipos de mijo (o millo) y el aceite de palma,
así como numerosas plantas medicinales. Más que en cualquier
otra región del mundo, en África los recursos biológicos constituyen la base del
sustento y las economías nacionales. La gran mayoría de los 700 millones de habitantes
del continente dependen directamente de la biodiversidad para obtener alimentos,
medicinas, materiales de construcción baratos, leña, materiales para artesanías e
ingresos monetarios. Para ellos la biodiversidad es una cuestión de supervivencia: su
uso, abundancia y variedad constituyen una defensa indispensable contra la pobreza, las
sequías, los cambios ambientales y las guerras. A diferencia de muchas
otras partes del mundo, donde el conocimiento sobre la biodiversidad y las técnicas de
utilización de muchas especies está en manos de grupos indígenas geográficamente
diferenciados, en África ese conocimiento está repartido en prácticamente todos los
hogares rurales, y también en muchos hogares urbanos. Eso se manifiesta en las culturas
enormemente disímiles que presentan los dos mil o más grupos étnicos que habitan el
continente, y en el papel central que desempeñan las plantas y los animales en los
sistemas autóctonos de medicina y agricultura. Además de los usos de
subsistencia, la mayor parte del empleo, la producción económica y los ingresos por
exportaciones de África provienen de sus recursos biológicos. La agricultura genera
entre el 30% y el 60% del PIB de África subsahariana, y emplea a más del 60% de la
fuerza de trabajo (1). La silvicultura y la pesca también desempeñan un papel muy
importante en muchas economías nacionales africanas, aportando hasta el 60% de las
divisas en países como Guinea Ecuatorial y Mauritania. En suma, una base de recursos
biológicos productiva, diversa y fácilmente accesible constituye el fundamento de la
vida en África. 1.2 La riqueza natural de
África en riesgo La
pérdida acelerada de biodiversidad amenaza la fuente de sustento de millones de personas
que dependen de esa base de recursos biológicos. Esa pérdida está ocasionada por la
tala de bosques y la ampliación de la agricultura comercial sobre sus suelos en base a
monocultivos y plantaciones forestales, a la pesca excesiva, a la invasión de especies
exóticas, a la minería y la sobreexplotación de los recursos naturales. Esas
actividades traen aparejada la erosión y desaparición del saber tradicional sobre la
biodiversidad. Pero lo que afecta de manera más grave y generalizada la biodiversidad y
la subsistencia de los pueblos de África es el control cada vez mayor que ejercen las
transnacionales sobre la alimentación, la agricultura y la salud. Las empresas multinacionales
son los actores más poderosos de la economía mundial y hoy se están apoderando de la
biodiversidad de África a un ritmo sin precedentes. En su ayuda acude un régimen mundial
de comercio que les garantiza acceso facilitado a los mercados, y la piratería legalizada
del conocimiento indígena y la biodiversidad a través de los derechos de propiedad
intelectual (DPIs). La influencia y dimensión de las empresas crece a medida que los
gigantescos complejos agroquímicos, de semillas y farmacéuticos convergen mediante
compras, fusiones y asociaciones múltiples. Esta tendencia se ha acelerado a causa de las
grandes inversiones en biotecnologías, y la concesión de patentes sobre organismos vivos
y las presiones consiguientes para la comercialización de nuevos productos. Apenas un
puñado de 'gigantes' de la ingeniería genética Aventis, DuPont, Monsanto,
AstraZeneca y Novartis dominan hoy el mercado. AstraZeneca y Novartis ya anunciaron
su fusión para formar Syngenta, convirtiéndose en la agroindustria más grande del
mundo, con el 23% del mercado. Conjuntamente, estos 'gigantes' acaparan casi dos tercios
del mercado mundial de plaguicidas valorado en US$ 31 mil millones, casi una cuarta parte
del mercado de semillas comerciales estimado en US$ 30 mil millones, prácticamente todo
el mercado de semillas modificadas mediante ingeniería genética (2) y, para completar,
se hallan en un proceso de fusión creciente con la industria farmacéutica, cuyo valor
total de ventas asciende a los US$ 300 mil millones. Con ventas de esa magnitud,
el predominio de esas empresas sobre otras más pequeñas y las instituciones nacionales
está prácticamente asegurado. En África, el 88% del mercado de agroquímicos está en
manos de apenas diez empresas (3). Cuatro de los mayores productores de plaguicidas
Novartis, AstraZeneca, Monsanto y DuPontdominan también el mercado africano
de semillas genéticamente modificadas (4) y, cada vez más, también el abasto y la
comercialización de semillas. Las empresas transnacionales además dominan la mayoría de
los mercados locales de productos farmacéuticos en África subsahariana, cuyo valor en
1997 junto con el de Medio Orientese estimaba en más de US$ 8 mil millones
(5). En este panorama general de
apropiación creciente de los sectores de la alimentación y la salud en manos de empresas
multinacionales, la biodiversidad se convierte en una mercancía más a explotar para
beneficio de algunos pocos, en lugar de ser mantenida como medio de supervivencia para las
grandes mayorías. 2. África en la economía mundial 2.1 La vulnerabilidad
de África
África padece un sinfín de problemas. Enfrenta índices de deuda externa paralizantes,
cercanos a los US$ 230 mil millones, cuyo servicio asciende al doble del gasto combinado
en educación y salud. El desempeño económico de la mayoría de los países africanos se
caracteriza por el estancamiento o la recesión. Las estadísticas de África subsahariana
son particularmente desoladoras. Actualmente casi el 76% de su población vive con menos
de dos dólares por día, y el número de personas viviendo en la pobreza va en aumento
(6). Además, el continente enfrenta los índices de VIH/SIDA más altos del mundo, con
niveles que alcanzan casi el triple del promedio mundial. Las agencias donantes, los
inversionistas y las instituciones crediticias consideran que la integración de África a
la economía mundial constituye un requisito previo para el desarrollo de esa región. El
Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Africano de Desarrollo y los
países donantes con programas de ayuda internacional, como Estados Unidos, les imponen a
los países receptores condiciones que los obligan a orientar sus economías según el
modelo del libre mercado. Eso incluye la liberalización comercial, que implica abrir sus
mercados a las empresas multinacionales, la privatización de las instituciones
nacionales, y recortes en el gasto público. Los países no tienen prácticamente otra
opción que adoptar programas de ajuste estructural que, entre otras medidas, los han
obligado a recortar servicios sociales básicos y reemplazar la producción de alimentos
para el mercado interno por los cultivos de exportación. En términos generales, los
programas draconianos de ajuste estructural impuestos en muchos sectores durante los
80 y los 90 determinaron que, debido a sus efectos, cualquier progreso
económico previo quedara prácticamente anulado. Actualmente, la participación de
África en el comercio internacional apenas llega al 1-2% del total mundial. Como mercado
inexplotado y socio comercial emergente, el continente africano constituye un objetivo
estratégico para algunos productores e inversionistas. Un estudio de sesenta y cinco
empresas transnacionales realizado por la UNCTAD (Conferencia de las Naciones Unidas sobre
Comercio y Desarrollo, por sus siglas en inglés) y la Cámara Internacional de Comercio
entre noviembre de 1999 y enero del 2000 mostró que existe interés por invertir en la
agricultura, en productos químicos y farmacéuticos, y también en alimentos y bebidas.
El Consejo Empresarial por África, un grupo de presión empresarial
estadounidense-africano, saludó con beneplácito los anuncios de nuevas privatizaciones
en Nigeria comentando que ese país constituye "un enorme mercado que todavía no ha
sido explotado por las empresas estadounidenses." (7) 2.2 El orden mundial del
comercio
Pero una integración aún más profunda de África a la economía mundial probablemente
resultará en mayores perjuicios para la seguridad alimentaria, la atención de salud y la
conservación del medio ambiente como objetivos de interés público. Los términos de
intercambio mundial sirven a los intereses de las naciones industrializadas y sus
empresas, al tiempo que presionan cada vez más a los países en vías de desarrollo para
que abran sus economías a la competencia extranjera. Se estima que la pasada ronda de
negociaciones de la OMC (Organización Mundial del Comercio) aumentará el valor del
comercio mundial en US$ 200 mil millones para el año 2005. Sin embargo, el 70% de ese
monto irá a parar a manos del mundo industrializado, mientras que las expectativas para
África subsahariana son de pérdidas por valor de US$ 1.200 millones anuales durante el
mismo período (8). En boca de Moses Tekere, profesor de economía de la Universidad de
Zimbabwe: "La ideología fundamental de la OMC está errada. Lo que queremos es
desarrollo, no sólo liberalización" (9). La marginación de los países del Sur en
la OMC está evidenciada en el hecho de que diecinueve países africanos son demasiado
pobres para tener siquiera un delegado permanente en la sede central de la institución en
Ginebra, Suiza. Los desequilibrios generales que la atraviesan tienen consecuencias graves
para los países del Sur, muchos de los cuales son ricos en biodiversidad y en su gran
mayoría dependen de los recursos biológicos para el sustento de su población. El controvertido acuerdo
sobre Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual Relacionados con el Comercio
(TRIPS, por su sigla en inglés) de la OMC, creó un régimen mundial de derechos de
propiedad intelectual sobre la biodiversidad y, además, le abrió la puerta al
patentamiento de seres vivos. Dado que su principal promotor son las multibillonarias
industrias farmacéutica y de biotecnología, este acuerdo suscita cuestionamientos
éticos muy profundos acerca de la comercialización de los seres vivos, el control
monopólico del saber, y los derechos de los gestores y los usuarios de conocimientos y
tecnologías de origen colectivo y comunitario. A esto se agrega la injusticia inherente
al hecho de permitir que las empresas se apropien de los conocimientos y las tecnologías
de las comunidades rurales y cobren regalías por su empleo, mediante el sistema de
piratería legalizada que ese acuerdo consagra. Como miembros de la OMC, la mayoría de
los países del mundo ahora están obligados a permitir que las patentes y otras formas de
propiedad intelectual se integren al mundo de la agricultura, la producción de alimentos
y el cuidado de la salud. El mundo industrializado detenta el 97% de todas las patentes,
la mayor parte de las cuales están en manos de grandes empresas. Fuera de eso, más del
80% de las patentes concedidas en los países en vías de desarrollo pertenecen a
residentes de los países industrializados (10). El Acuerdo sobre TRIPs no sólo facilita
la apropiación empresarial y el control monopólico sobre los recursos biológicos del
Sur, sino que además puede obligar a los países en vías de desarrollo a pagar regalías
a los propietarios de esas patentes. La biodiversidad, antes libremente accesible para
todos, está siendo reducida ahora a una posesión privada, explotada con ánimo de lucro
individual o empresarial. Los derechos de propiedad
intelectual constituyen apenas un capítulo de un paquete de iniciativas comerciales mucho
más amplias, que amenazan la biodiversidad de África y los medios de vida de su
población, basados en los recursos naturales. El Acuerdo sobre Agricultura de la OMC, por
ejemplo, hace caso omiso de las disparidades abismales entre la agricultura de los países
desarrollados y aquella de los países en vías de desarrollo. La OMC utiliza el discurso
de promover la competencia en "un campo de juego parejo" para exigir que todos
los países miembros reduzcan los subsidios gubernamentales a los agricultores locales y
eliminen los controles no arancelarios para los productos agrícolas. Ese acuerdo podría
realmente destruir los medios de vida de millones de pequeños productores agrícolas de
África, al ponerlos a competir directamente con las grandes empresas transnacionales. A
pesar de su retórica sobre el "comercio libre", el acuerdo en realidad obliga a
los países pobres a aplicar una liberalización que difícilmente puedan permitirse,
mientras los países ricos siguen protegiendo celosamente su propia agricultura y sus
mercados. Por ejemplo, lejos de eliminar las medidas de protección a sus mercados,
Estados Unidos actualmente impone un arancel progresivo del 67% sobre el maní o cacahuate
importado, impidiendo así el acceso de los países africanos productores de maní, como
Senegal, al mercado estadounidense. Entretanto, la eliminación de los subsidios a los
insumos agrícolas esta socavando la producción local de alimentos en África, al tiempo
que el Norte inunda a los países africanos con granos baratos, generalmente subsidiados,
vendidos por debajo del costo de producción (dumping). Eso determina que a
pesar de poseer capacidad para la autosuficiencia en materia de producción de cereales,
un país como Burkina Faso, por ejemplo, tiene que gastar hasta el 15% de su PBI en
importarlos, merced a ese acuerdo de la OMC sobre agricultura. 2.3 Los acuerdos
comerciales con la Unión Europea y Estados Unidos En nombre
del desarrollo, también se están implantando regímenes de libre comercio en el marco de
los tratados de África con sus principales socios comerciales, la Unión Europea (UE) y
Estados Unidos (EEUU). La renegociación de la Convención de Lomé el acuerdo
comercial de trato preferencial entre la UE y los países de África, el Caribe y el
Pacífico (ACP)- y la ley estadounidense de Crecimiento y Oportunidades para África
habrán de orientar las relaciones comerciales de Estados Unidos y la Unión Europea con
África en los próximos años, e incidir de manera importante en las prioridades para el
desarrollo del continente. La UE evidentemente ve la
globalización de África como el objetivo principal de su política de cooperación para
el desarrollo. La Convención de Lomé ha servido de guía durante los últimos
veinticuatro años para las relaciones comerciales y de ayuda entre la mayoría de los
países africanos y la UE. En el pasado, los términos que establecía la convención eran
relativamente generosos y ofrecían a los países signatarios acceso preferencial a los
mercados europeos para la mayoría de sus exportaciones, sin obligación de reciprocidad.
Pero esos términos son ahora inaceptables en el contexto de la OMC. La renegociación de
la convención en el 2000 revela ese claro viraje hacia pautas de relación y desarrollo
más orientadas hacia el mercado: las prioridades ahora son la liberalización comercial,
la imposición de regímenes de protección de los derechos de propiedad intelectual y la
"fluida integración de África en el mercado mundial" (11), a pesar de lo cual,
de hecho, todavía es probable que el nuevo acuerdo sea impugnado ante la OMC. En el
acuerdo de Lomé renegociado, la UE pretende establecer zonas de libre comercio
interregionales con socios económicamente fuertes, a pesar que hay muchos que consideran
esa política como una amenaza para la solidaridad africana (12). Los nuevos términos de
Lomé afectarán a muchas naciones africanas: la UE es destinataria de cerca del 40% de
las exportaciones africanas, muchas de las cuales reúnen las condiciones para recibir
trato preferencial según la convención de Lomé (13). La Ley de Crecimiento y
Oportunidades para África (AGOA, por sus siglas en inglés), ahora incluida en la Ley de
Comercio y Desarrollo del 2000 aprobada recientemente por el Congreso de Estados Unidos,
constituye un marco propicio para la competencia de las empresas estadounidenses en
África. Está diseñada para aumentar las exportaciones y las inversiones privadas
estadounidenses en África, fomentar el crédito a través del banco Export-Import Bank y,
por último, crear zonas de libre comercio con los países y las regiones más fuertes
(14). Los términos de esa ley simplemente intentan garantizarle mercados abiertos en
África a las empresas estadounidenses. La AGOA le otorga amplios derechos y beneficios a
las empresas transnacionales que operan en África, pero no hace nada para asegurar que
las empresas y los trabajadores africanos se beneficien del aumento del comercio, y
tampoco incluye ninguna cláusula sobre protección del medio ambiente. Los beneficios que
promete para África son mayor acceso de sus exportaciones a los mercados estadounidenses
y fondos de apoyo garantizados por EEUU para impulsar el desarrollo del sector privado.
Sin embargo, para hacerse beneficiario de esas promesas los países tienen que proteger
los derechos de propiedad intelectual, ofrecer amplias garantías a los inversores
extranjeros y embarcarse en un proceso de apertura de sus economías, según los
lineamientos aprobados por el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. 2.4 Comercio de
biodiversidad El
comercio de biodiversidad constituye una parte importante de la visión de África
globalizada. En los últimos siglos África ha provisto al resto del mundo una cantidad
enorme de sus recursos naturales, pero la gama de recursos y las formas en que se utilizan
ahora ha aumentado muchísimo. En la década pasada el
interés por el uso comercial de las especies silvestres y los recursos genéticos se
multiplicó en una escala sin precedentes. La bioprospección la exploración de la
biodiversidad en busca de recursos genéticos y bioquímicos valiososes un negocio
en expansión acelerada. En particular las nuevas técnicas de ingeniería genética, que
permiten trasladar genes y material genético de un organismo a otro, han generado nuevos
usos -algunos previamente inconcebibles- para los recursos genéticos. Los bioprospectores
ahora buscan características genéticas interesantes para implantárselas a otras
especies, y es tan intenso el ritmo que ha adquirido esta actividad, que la
bioprospección genética evoca a la "fiebre del oro". La industria de la
medicina botánica o natural también está creciendo rápidamente e impulsando la
explotación de la biodiversidad. Se estima que los medicamentos derivados de productos
naturales contribuyeron alrededor de US$ 120 mil millones en 1997, equivalentes al 40% de
las ventas mundiales de farmacéuticos, mientras que el comercio mundial de materias
primas botánicas en el mismo año totalizó alrededor de US$ 8 mil millones (15). ¿Cómo puede África
beneficiarse de estos procesos? África alberga el 25% de la biodiversidad mundial, y se
estima que el valor total aproximado de todos los productos derivados de los recursos
genéticos del mundo asciende a sumas entre los US$ 500 y 800 mil millones anuales (16).
Es evidente que África constituye una veta rica y rentable de materias primas y
conocimientos para el desarrollo de nuevas medicinas, alimentos, cosméticos y otros
productos de la biodiversidad. Sin embargo, mientras que, históricamente, las potencias
coloniales recibieron importantes ventajas y ganancias económicas por la utilización de
esos recursos, la región africana en su conjunto obtuvo muy pocos beneficios de su
comercialización. Muchos sostienen que la situación actual es equiparable. Corregir esas desigualdades
constituye un objetivo clave del Convenio sobre Diversidad Biológica (CDB), del que
forman parte 47 países africanos. Bajo este convenio, los países proveedores de recursos
genéticos deberían recibir una serie de beneficios de aquellos que comercializan esos
recursos, incluida la participación equitativa de las ganancias generadas, así como
beneficios no monetarios como transferencia de tecnología y la posibilidad de participar
en proyectos de investigación. A cambio de eso, los países proveedores deberán
facilitar el acceso a sus recursos genéticos y al conocimiento asociado a ellos. El CDB
pretende garantizar que ese acceso se dé en "términos mutuamente aceptables" y
sujeto al consentimiento previamente informado del país proveedor. El artículo 8(j) del
CDB reconoce los derechos de los generadores de conocimientos y tecnologías comunitarios
y la importancia de compartir equitativamente las ganancias derivadas del uso de ese
conocimiento. Es de singular importancia el hecho que el convenio declara que el control
sobre esos recursos biológicos le corresponde a quienes los cultivan y custodian. Sin embargo, si se comparan
las disposiciones del Convenio sobre Diversidad Biológica y las de los acuerdos de la
OMC, resultan evidentes algunas contradicciones y conflictos inquietantes de prioridad que
se están haciendo cada vez más explícitos en África y en otras partes, con respecto al
uso sustentable y equitativo de la biodiversidad, por una parte, y las premisas del
mercado global por la otra. África, la India y otros han planteado su preocupación por
esas contradicciones entre el CDB y la OMC, en particular en el caso concreto del Acuerdo
TRIPS. Básicamente, las prioridades de los dos organismos están en conflicto:
simplemente no es compatible para las naciones dedicar sus esfuerzos a conservar,
compartir y desarrollar de modo sustentable la biodiversidad, y al mismo tiempo adherir a
toda costa a una agenda de prioridades comerciales orientada y dirigida por las empresas. 3. Biodiversidad, agricultura y salud 3.1 Agricultura
En
ninguna parte se hace tan evidente la polaridad entre los enfoques de la OMC y aquellos
del Convenio de Biodiversidad como en el ámbito de la agricultura. Esto se manifiesta con
toda claridad en los dos sistemas de cultivo profundamente diferentes que existen en
África: el tradicional y el industrial. La agricultura tradicional es practicada por la
mayoría de los campesinos africanos, y en África subsahariana más del 90% de los
alimentos son cosechados mediante prácticas de cultivo tradicionales basadas en el
policultivo, el empleo de semillas propias seleccionadas de la zafra anterior, escasos
insumos químicos, lluvia, y selección de los cultivos a nivel predial y a criterio de
cada agricultor (17). La propiedad sobre los recursos, las semillas, los conocimientos y
las tecnologías es generalmente colectiva, "compartida con orgullo y regalada como
un gran honor" (18). En cambio, la agricultura industrial se basa en semillas
compradas, sistemas mecánicos de riego, gran cantidad de insumos químicos, mecanización
y monocultivos, bajo un sistema principalmente orientado hacia cultivos comerciales de
exportación como el café, algodón, cacao, tabaco, té y azúcar. Con excepción del
maíz, la mayor parte de la agricultura industrial se hace a expensas de la producción de
alimentos para el consumo local (19), y la mayor parte de las semillas utilizadas son
híbridos importados de alto rendimiento que los agricultores tienen que comprar de las
empresas semilleristas cada vez que van a sembrar (20). La agricultura tradicional
constituye un enemigo para las agroindustrias, dado que limita el mercado de agroquímicos
y frena significativamente la expansión del mercado de semillas comerciales, en virtud
del hecho que la semilla que los campesinos guardan de sus propias cosechas representa
alrededor del 90% de todas las semillas que se siembran en el continente (21). No
sorprende entonces que haya esfuerzos agresivos por "modernizar" la agricultura
africana, es decir, introducir híbridos de alto rendimiento, variedades transgénicas
(esto es, modificadas mediante las técnicas de la ingeniería genética), fertilizantes,
herbicidas y plaguicidas. Eso es particularmente evidente en el suministro y la
distribución de semillas. Merced a los programas de ajuste estructural, prácticamente
todos los gobiernos africanos están siendo presionados a privatizar los sistemas
estatales de suministro de semillas. En Malawi, por ejemplo, hay un programa del Banco
Mundial y el FMI para reformar el sector agrícola que incluye la privatización de la
Compañía Nacional de Semillas de Malawi. Los ajustes estructurales han provocado cambios
similares en el sector de semillas en Uganda, Senegal y otros países de África
occidental. También hace parte de esta
tendencia el establecimiento de la Asociación Semillerista Africana (AFSTA, por sus
siglas en inglés), cuya misión declarada es "representar los intereses de las
industrias semilleristas africanas y fomentar el desarrollo de la industria semillerista
para el mejoramiento de la producción agrícola en África" (22). En teoría, sería
posible desarrollar una industria semillerista autóctona para atender las necesidades de
los campesinos africanos. Sin embargo, hay indicios recientes que revelan que la presión
económica empuja a las empresas semilleristas autóctonas a asociarse con los grandes
monopolios, o ser totalmente absorbidas por ellos. Sensako, una productora local de
semillas en Sudáfrica, vendió la mayoría de sus acciones a la Monsanto "a fin de
competir con otras empresas semilleristas transnacionales" (23), y la Carnia -otra
empresa semillerista sudafricana- corrió una suerte similar. En conjunto, se estima que
las fusiones en el sector dejarán sin empleo a una cuarta parte del personal (24). ¿Qué significan estos
procesos para los millones de pequeños productores agrícolas cuya subsistencia depende
de la semilla que guardan? Los debates acerca de la reforma de la agricultura africana
hablan de la necesidad de darle acceso a los agricultores a semillas de alta calidad y los
productos de las investigaciones más recientes, así como de aumentar los ingresos por
exportaciones. Sin embargo, son pocos los agricultores africanos que disponen de capital
como para comprar semillas de alto rendimiento, mucho menos variedades transgénicas que
con frecuencia están manipuladas para obligar al agricultor a comprar los paquetes
asociados de herbicidas y plaguicidas fabricados por la misma empresa. Además, un control
más estricto de los derechos de propiedad intelectual le impedirá a los agricultores
conservar e intercambiar semillas 'protegidas'. Exigencias del Acuerdo sobre TRIPs El compromiso que obliga a los países miembros de la
OMC a introducir, conforme al Acuerdo sobre TRIPs, derechos de propiedad intelectual sobre
las variedades vegetales, aumentará las amenazas que pesan sobre la práctica milenaria
de guardar semillas del propio predio para la próxima siembra. A pesar del hecho que
algunos países africanos están asumiendo enfoques novedosos para cumplir con ese
requisito, quince países francófonos, miembros de la Organización Africana para la
Propiedad Intelectual (OAPI), firmaron el año pasado un acuerdo de actualización de su
legislación compartida sobre derechos de propiedad intelectual -el acuerdo revisado de
Bangui- que contiene una disposición sobre protección de los derechos de propiedad
intelectual sobre nuevas obtenciones vegetales -aparte de otras disposiciones sobre
patentes, derechos de autor y marcas registradas- cuyo texto es una réplica casi exacta
de las normas del convenio de 1991 de la Unión para la Protección de Nuevas Obtenciones
Vegetales (UPOV, por sus siglas originales en francés), de carácter altamente
restrictivas (25,26). Esa disposición prohíbe explícitamente que los agricultores
guarden semillas -en el caso de especies forestales, frutícolas y ornamentales- que se
encuentren registradas bajo el sistema de Protección de Variedades Vegetales (PVV), a
menos que el gobierno expida permisos específicos que los eximan de la aplicación de esa
norma. Las empresas semilleristas estadounidenses y europeas serán seguramente los
mayores beneficiarios de esa disposición, merced a la cual obtendrán derechos
monopólicos exclusivos sobre las nuevas variedades, mientras que los campesinos africanos
se verán obligados a pagar un impuesto de propiedad intelectual para poder
utilizarlas. Hasta el momento el único país que ratificó el acuerdo es Camerún, que lo
hizo sin ningún tipo de debate parlamentario ni discusión pública. En realidad, hay
bastantes científicos, ONGs y organizaciones campesinas en distintos lugares de África
francófona que muestran preocupación por los impactos de esa nueva legislación sobre la
biodiversidad, la sustentabilidad agrícola y los derechos comunitarios. Algunos
consideran que se trata típicamente de una legislación impuesta desde afuera, sin
ninguna participación de la gente que trabaja en temas de desarrollo, agricultura o medio
ambiente. Para quienes la proponen parecería que ningún sacrificio es muy grande -a
pesar que afecta los derechos de unos veinte millones de campesinos africanos- si el
objetivo es integrar a África al mundo globalizado. 3.2 La biotecnología:
¿sedienta de ganancias? El papel
de África en la industria de la biotecnología ha sido principalmente como proveedor de
materias primas utilizadas por institutos de investigación y empresas transnacionales de
Occidente. Sin embargo, el creciente rechazo de los consumidores del Norte a los productos
genéticamente manipulados ha acelerado la campaña que promueve vigorosamente su uso y
desarrollo en África, mientras que el gobierno de Estados Unidos busca ansiosamente
nuevos mercados para su industria agropecuaria, tasada en US$ 60 mil millones. Con el discurso de
"combatir el hambre, la degradación ambiental y la pobreza" (27), la
biotecnología viene siendo promovida muy agresivamente en África. La reciente Ley de
Crecimiento y Oportunidades para África ( AGOA), que asegura la creación de un clima de
inversión favorable para las compañías estadounidenses en África -en especial la
eliminación de lo que ellos denominan las "barreras comerciales" que protegen
la agricultura local- seguramente hará parte de ese impulso a la biotecnología. Bajo la
AGOA, la 'Asociación para el Crecimiento y la Oportunidad de África', creada por el
presidente Clinton, será un programa de intercambio científico destinado a fomentar la
investigación agrobiotecnológica en África subsahariana y promover "la conciencia
sobre los beneficios de la biotecnología para las naciones en vías de desarrollo"
(28). Hace poco se fundó en
Argelia una Agencia Africana de Biotecnología, con el objeto de ayudar a desarrollar la
biotecnología en todo el continente (29). En Kenia, el Servicio Internacional para la
Adquisición de Agrobiotecnologías (ISAAB, por sus siglas en inglés) pretende
"facilitar la transferencia de biotecnologías a los países en vías de desarrollo
para beneficio principalmente de los pobres del campo y los pequeños productores
agrícolas" (30). En Sudáfrica, la Monsanto, Delta and Pine Lands, AgrEvo, Novartis,
Pioneer Hi-Breed y varios institutos de investigación y productores han constituido un
gran consorcio llamado África-Bio para "llevar con fuerza ante el gobierno la voz
unificada de la biotecnología y asegurar que no se establezcan barreras comerciales
injustificadas que limiten a sus miembros" (31). Los efectos
potenciales sobre la agricultura y la seguridad alimentaria de África son inmensos. La
necesidad de mejorar la seguridad alimentaria y la productividad agrícola de África es
una preocupación compartida por todos, pero el problema no es la insuficiencia de
alimentos, sino más bien el acceso a ellos y su distribución, lo cual incluye las luchas
de los campesinos pobres para obtener crédito, la falta de servicios de almacenamiento y
una infraestructura inadecuada (32). Veinticuatro representantes de veinte países
africanos y treinta organizaciones comunitarias, ambientalistas y de agricultores que
asistieron a una reunión de las Naciones Unidas en agosto de 1998, manifestaron su
enérgico rechazo a la ingeniería genética en una declaración conjunta titulada
"Que la cosecha continúe", argumentando que ese tipo de biotecnologías sólo
sirve a los intereses empresariales del Norte y señalando que no es apropiada para las
necesidades de África. En realidad, la mayor parte
de las autorizaciones para pruebas de campo y comercialización de cultivos transgénicos
han sido otorgadas para cultivos resistentes a las plagas y los herbicidas, antes que para
cultivos con características que sí podrían afectar positivamente la producción de
alimentos en África, tales como mejor fijación del nitrógeno o resistencia a las
sequías y los virus. La industria está mucho más interesada en los cultivos de gran
volumen que ofrecen mayores oportunidades de ventas por exportación, que en aquellos
cultivos -como el sorgo y el mijo- comúnmente utilizados como alimento básico por los
africanos. En Sudáfrica se aprobaron en los últimos años 165 pruebas de campo y 5
autorizaciones para comercialización de cultivos genéticamente modificados, pero más
del 90% de las solicitudes para ensayos con cultivos transgénicos correspondieron a
variedades resistentes a plagas y herbicidas. En el primer caso, se trata principalmente
de plantas a las que se les incorpora mediante ingeniería genética un gen de la bacteria
Bacillus thuringiensis, o Bt, que produce una toxina que mata a los insectos que se
alimentan de la planta, pero frente a la cual las plagas desarrollan resistencia muy
rápidamente. En el segundo caso, los cultivos son modificados genéticamente para tolerar
sin daño a los herbicidas fabricados por la misma empresa que produce las semillas
transgénicas, de manera tal que el agricultor tiene que comprar el paquete entero de
semillas y herbicida. El 70% de esas solicitudes fueron presentadas por las
transnacionales gigantes en ingeniería genética, entre ellas la Monsanto, la
Pioneer Hi-Breed, AgrEvo, Delta and Pine Land, Novartis y DuPont. Además, la mayoría de los
países africanos carece de las instalaciones básicas para realizar siquiera los cultivos
de tejidos más sencillos -para no hablar de las técnicas de ingeniería genética. Los
países que están desarrollando o aplicando biotecnologías modernas -Sudáfrica, Egipto,
Kenia, Nigeria y Zimbabwe- lo hacen sin disponer de capacidad para evaluar o manejar los
riesgos (33). En Marruecos, Zimbabwe, Egipto y Sudáfrica ya se han liberado
comercialmente algunos cultivos transgénicos sin que hayan mediado ningún tipo de
estudios de impacto ambiental ni evaluación alguna de la necesidad o conveniencia de cada
uno de esos cultivos, a pesar de hallazgos recientes que ponen de relieve los riesgos
potenciales de la biotecnología sobre el medio ambiente y la salud, y de la inquietud
creciente por los efectos de la ingeniería genética sobre la biodiversidad de África.
(34) Lejos de ser la panacea para
África, la ingeniería genética acarrea una multitud de problemas ambientales y
socioeconómicos para el continente. Esa biotecnología podría destruir las fuentes de
sustento de los pequeños productores agropecuarios africanos. La Organización
Internacional del Trabajo estima que el impacto de la ingeniería genética podría dejar
sin trabajo hasta un 50% de los trabajadores actualmente empleados en los países en vías
de desarrollo (35). Las técnicas de la ingeniería genética podrían habilitar a las
empresas para producir en el laboratorio o en zonas subtropicales cultivos que hoy crecen
exclusivamente en los trópicos. A manera de ejemplo, hay 70 mil cultivadores de vainilla
en Madagascar que podrían verse amenazados por la producción de fragancia de vainilla en
los laboratorios industriales en sustitución de la vainilla en rama y la esencia de
vainilla (36). Además, el mayor rendimiento de las nuevas variedades de cacao
genéticamente modificado para grandes cultivadores comerciales podría reducir los
precios y poner en situación de grave peligro a los pequeños productores de cacao de
África occidental. La producción industrial del edulcorante llamado thaumatin
derivado de una planta de África occidental amenaza la subsistencia de
millares de personas que cosechan esa planta silvestre en la Costa de Marfil y otros
países de la región. La comercialización de la
llamada Tecnología Terminator -diseñada para impedir la reproducción de las semillas y
asegurar así su venta reiterada- y otras tecnologías coactivas que imponen la
subordinación a las empresas semilleristas, tendría consecuencias indecibles sobre los
millones de pequeños productores agrícolas africanos que dependen de sus propias
semillas que vuelven a sembrar año tras año. Esos campesinos simplemente no tienen
dinero para comprar nuevas semillas cada año. Las solicitudes de patente para la
Tecnología Terminator pendientes en cerca de 90 países en vías de desarrollo alimentan
aún más esa inquietud. A pesar de las declaraciones públicas de la Monsanto y
AstraZeneca comprometiéndose a no comercializar la Tecnología Terminator, sus promesas
ya demostraron tener muy poco valor. En 1999 AstraZeneca realizó en Gran Bretaña la
primera prueba de campo de la tecnología de esterilización de semillas, y ahora
Terminator transita la "vía rápida" hacia la comercialización.
(37) La agroindustria, como
siempre, tendrá máximo interés en aquellos productos que generen ventas suficientemente
grandes para recuperar los costos y producir ganancias, de tal manera que será la gente y
el medio ambiente quienes corran con los riesgos y costos que supone la ingeniería
genética en la agricultura. Es contradictorio que el ánimo de lucro controle y prime
sobre las necesidades de desarrollo en temas tan fundamentales como la alimentación y el
cuidado de la salud. La seguridad alimentaria, el desarrollo humano y la sustentabilidad
ecológica simplemente no tienen lugar en esa ecuación de lucro. 3.3 El cuidado de la salud El
sector de la salud en África está experimentando un desarrollo similar. Actualmente se
están aplicando políticas de privatización, medidas comerciales y normativas sobre
derechos de propiedad intelectual que actúan en detrimento de la satisfacción de las
necesidades básicas de la mayoría de la población. Al igual que en la agricultura, en
África coexisten dos sistemas de medicina diferenciados, uno tradicional y el otro basado
en el uso de productos farmacéuticos y los enfoques occidentales de la salud. En la
mayoría de los sistemas nacionales de salud predomina la medicina occidental, pero muchos
países ya están empezando a incorporar la medicina tradicional en sus programas
oficiales de salud (38). El sistema de medicina
tradicional utiliza la biodiversidad como parte integrante de un proceso de curación
espiritual, una ética ambiental y un sistema de creencias ancestral que son peculiares de
África. Los conocimientos y observaciones son transmitidos de una generación a otra, lo
que resulta en un sistema de salud compartido a través de fronteras étnicas y
culturales, pero también sujeto a constantes cambios y a la influencia de factores
sociales, económicos y políticos (39). La medicina
tradicional es más barata y más asequible que la occidental: en las zonas rurales de
África subsahariana hay un médico tradicional para un promedio entre cien y mil
personas, en tanto que la proporción de médicos occidentales es típicamente de 1 por
cada diez mil a cien mil habitantes (40). Se estima que entre el 70 y el 80% de la
población africana -tanto rural como urbana- depende de la medicina tradicional y la
variedad de plantas y animales en que esta se basa, y para ellos la conservación y uso
sustentable de la biodiversidad es de vital importancia. Cuadro 1. Patentes más importantes
sobre la biodiversidad africana
Muchas de las especies
utilizadas por la medicina herbaria son silvestres. Para satisfacer la demanda, la
recolección de plantas medicinales en África a menudo ocurre a ritmos que superan su
regeneración natural, y un número cada vez mayor de ellas está en peligro de extinción
o empezando a escasear. Su conservación reviste una importancia crítica, no sólo para
proteger la biodiversidad sino también para responder a las necesidades de salud del
continente. La presión sobre esos recursos habrá de aumentar significativamente en el
futuro inmediato, no sólo debido al rápido crecimiento de la población africana sino,
sobretodo, a medida que el mercado de productos naturales y hierbas medicinales de
procedencia africana crece, tanto en Estados Unidos como en Europa, a un ritmo que alcanza
el 10% anual, como en el caso de la corteza de Prunus africana, utilizada para tratar la
prostatitis masculina. La mayor parte de los
150 medicamentos farmacéuticos más importantes cuyo principio activo proviene de plantas
medicinales están asociados a conocimientos tradicionales desarrollados por comunidades
locales a lo largo y ancho del planeta (41). La explotación del conocimiento tradicional
a manos de los actores más poderosos de la economía mundial utilizando nuevas
tecnologías es hoy un gran negocio que protege sus ganancias mediante patentes. Si bien
de África todavía no ha derivado ningún medicamento de éxito comercial internacional,
el saber tradicional africano ha sido empleado para identificar y desarrollar muchos
productos comerciales de uso médico, cosmético, alimenticio o agropecuario. En muchos
casos esos productos han sido patentados por investigadores o empresas de los países
industrializados, sin la más mínima consideración por los derechos de los poseedores
originales de esos conocimientos o tecnologías. (Véase Cuadro 1, página 9) El sistema de patentes
ocasiona problemas tanto para el sistema de salud moderno como para el tradicional. No
sólo permite que se ejerza piratería de la medicina tradicional sino que hace a las
hierbas medicinales menos accesibles, por ejemplo, generando escasez de la ya mencionada
Prunus africana utilizada para curar la prostatitis. Además, vehiculiza la concentración
monopólica del mercado de fármacos modernos y los mantiene a precios artificialmente
altos, colocando al sistema de salud moderno fuera del alcance de la mayoría de los
pobres. La gran ironía, por
lo tanto, es que los medicamentos modernos derivados de la medicina africana tradicional
seguramente no habrán de ayudar a resolver las crisis de salud que asolan la región. Las
mismas empresas que dominan la industria de semillas y agroquímicos se están fusionando
también con la industria farmacéutica, y es muy probable que en el curso de los
próximos cinco años se adueñen del 75% de las compañías farmacéuticas de todo el
mundo. Con costos estimados para el desarrollo e introducción de un nuevo medicamento
cercanos a los US$ 300 millones, el principal foco de interés de esas empresas está en
producir mercancías destinadas a los mercados occidentales acaudalados -fármacos contra
la obesidad, antidepresivos, cardiotónicos y tratamientos para el cáncer- y no en
aquellas medicinas que podrían transformar la vida de los millones de africanos que
sufren de paludismo, tuberculosis y desnutrición. En promedio, los africanos gastan menos
de diez dólares por persona por año en el cuidado de su salud, y sus gobiernos agobiados
por las deudas no pueden o no quieren subsidiar tratamientos médicos adecuados. Incluso
aquellos medicamentos que sí responden a las necesidades africanas -por ejemplo para el
tratamiento del SIDA- son prohibitivamente costosos para la mayoría de los países en
vías de desarrollo. (Véase recuadro). El acuerdo TRIPS de la
Organización Mundial del Comercio (OMC) -sobre derechos de propiedad intelectual-
exacerbará la falta de acceso a los servicios de salud para la mayoría de la población,
incrementando aún más el precio de los medicamentos y la concentración de la
investigación y desarrollo en los países industrializados. Además, la revisión y
ampliación actualmente en curso del Acuerdo General sobre el Comercio de Servicios (
GATS, por sus siglas en inglés), de la OMC, obligará a los países a abrir sus servicios
de salud a empresas comerciales extranjeras y transnacionales. La privatización y la
apropiación extranjera de los servicios de salud tendrá consecuencias graves para la
mayoría de la población del mundo, que simplemente no puede pagar por esos servicios. Sólo los ricos se pueden curar Problemas de acceso a los medicamentos contra el SIDA en Sudáfrica Las empresas farmacéuticas multinacionales combaten con saña las políticas tendientes a rebajar el costo de los medicamentos que se precisan más urgentemente para resolver los problemas sanitarios más graves de África, argumentando que constituyen una violación de sus derechos de patente e infringen las reglas de la OMC. Con la intención de mitigar sus problemas de salud pública más apremiantes, Sudáfrica emitió licencias obligatorias que autorizan a los fabricantes locales a producir versiones baratas de medicamentos que tienen patentes aún vigentes y permitió la importación paralela, habilitando así que se importen medicamentos a precios más bajos que los que quieren cobrar los fabricantes. En un país donde el 20% de los jóvenes y las embarazadas son portadores del VIH/SIDA, esa ley haría asequibles medicamentos como el AZT que reduce la transmisión del virus del VIH de las madres embarazadas a sus bebés. Tanto las licencias obligatorias como la importación paralela están permitidas bajo el régimen actual del acuerdo TRIPS de la OMC, pero el gobierno estadounidense, a pesar de ello, prefirió interpretar las reglas a su manera --a pedido de 41 de las mayores empresas farmacéuticas del mundo-- y amenazó con imponerle sanciones comerciales y de otros tipos, incluso retirarle sus fondos de cooperación internacional para presionar al gobierno sudafricano a revocar esa normativa propia. No obstante, la postura decidida del gobierno sudafricano de no dar marcha atrás, sumada al apoyo del vigoroso grupo de presión estadounidense de los activistas contra el SIDA, logró avergonzar en diciembre de 1999 a la administración Clinton, obligándola a batirse en retirada. Sin
inmutarse, las empresas farmacéuticas multinacionales han optado ahora por demandar al
gobierno sudafricano en las cortes de justicia nacionales, pero éste se mantiene firme en
su decisión de introducir medidas para bajar el costo de los medicamentos. Con más de 23
millones de personas infectadas con el virus del SIDA en el continente africano, la
postura sudafricana en favor de los medicamentos a precios accesibles podría sentar un
importante precedente en esa región y, de hecho, para otros países en vías de
desarrollo. Sin embargo, este caso también ilustra cómo los derechos de propiedad
intelectual chocan con la prestación de servicios médicos dignos y decentes para los
pobres, ya que las empresas no tienen ninguna obligación de desarrollar productos
provechosos ni de ponerlos a la venta a precios razonablemente accesibles. Estados Unidos,
por ejemplo, impidió que la Organización Mundial de la Salud (OMS) desarrollara
medicamentos en base a patentes que se encuentran en manos del gobierno de ese país,
inclusive medicamentos clasificados en la lista de esenciales de la OMS como
claves para solucionar crisis sanitarias a nivel mundial. 4. Bioprospección y comercialización 4.1
¿Comercialización para beneficio de las comunidades?
Dada la situación actual, ¿cómo puede utilizarse la riqueza de recursos biológicos e
innovaciones humanas del continente africano para beneficio de la región? Una solución
adoptada por actores tan diversos como el Banco Mundial, muchos gobiernos nacionales, los
organismos de la ONU, algunas ONGs y el sector privado consiste en comercializar
activamente la biodiversidad y el saber y las tecnologías comunitarios, al amparo de las
disposiciones sobre conservación y participación de los beneficios en el marco del
Convenio sobre Diversidad Biológica. Todos ellos sostienen que es imposible conservar
adecuadamente la biodiversidad si ello no genera rédito económico, argumentando
seguidamente que mediante su comercialización, la riqueza biológica de los países en
vías de desarrollo se valorizará, generando oportunidades económicas y fomentando la
necesaria transferencia de tecnologías y el desarrollo de capacidades. Sin embargo, en la
práctica, la comercialización está entregando el control y el desarrollo de la
biodiversidad en manos de empresas e instituciones principalmente del Norte, dejando a
cambio muy pocos beneficios para las comunidades locales. Cada día se extraen más y
más recursos biológicos africanos con fines comerciales, para estudiarlos en busca de
posibles beneficios terapéuticos u otros, o para empaquetarlos y venderlos como hierbas
medicinales, cosméticos u otros productos naturales. Hay informes de Namibia, Senegal,
Uganda, Kenia, Sudáfrica, Mauricio, Zimbabwe, Camerún y Etiopía que indican que las
actividades de bioprospección se están incrementando (48). También crece el interés
local: universidades, museos, jardines botánicos y otras instituciones de investigación
colaboran en contratos de bioprospección, prestando ayuda a empresas o institutos de
investigación extranjeros en tareas de campo y recolección, proporcionando material
biológico e información y, en contados casos en que existe la capacidad, participando
directamente en el desarrollo de nuevos productos. Las empresas e institutos de
investigación extranjeros que desean investigar la biodiversidad de un país suelen
buscar colaboración invitando a biólogos, químicos y curanderos de los países en vías
de desarrollo a participar a título personal en sus emprendimientos, y casi nunca falta
quien acepte la oferta generalmente por falta de información de pagos ad
hoc o contratos que no cumplen con las disposiciones del Convenio de Biodiversidad
sobre acceso y sobre participación de los beneficios. Debido a que los gobiernos destinan
recursos cada vez más menguados para investigación científica, las universidades y los
institutos de investigación de los países en vías de desarrollo han quedado
particularmente expuestos a las tentadoras propuestas de las empresas e instituciones
científicas occidentales. Uno de los problemas más
serios es que la mayoría de los países africanos carece de la capacidad tecnológica y
científica necesaria para capitalizar a su favor los esquemas de colaboración comercial
y las oportunidades creadas por el Convenio de Biodiversidad. También carecen de la
pericia necesaria para negociar y asegurarse un trato justo, limitación que se agrava
porque la mayoría de los países africanos no tiene legislación que regule el acceso a
los recursos genéticos y establezca parámetros para el reparto de beneficios. En tales
circunstancias cabe preguntarse si la comercialización de la biodiversidad podrá servir
a otro propósito que el apuntalamiento del papel de África como rica veta de materias
primas expropiables, dejando apenas mínimos beneficios para sus economías maltrechas, en
el mejor de los casos. Algunos países africanos
-especialmente Sudáfrica, Kenia y Nigeria- han logrado tener cierta participación en el
proceso en la medida que han podido dar valor agregado" a la información y los
recursos suministrados, o a través de actividades de investigación y desarrollo a nivel
nacional y, en algunos casos, por haber podido acceder al desarrollo de nuevos productos y
las tecnologías correspondientes (véase recuadro siguiente). Esos proyectos han
reforzado hasta cierto punto la capacidad científica nacional, así como a algunas
instituciones locales y los inventarios de biodiversidad, pero todavía no hay ningún
indicio que revele cómo servirá la comercialización de la biodiversidad para mejorar
las condiciones socioeconómicas de la población africana y generar incentivos para la
conservación de la diversidad biológica, ni cómo habrán de ser compensados los
generadores de conocimientos y tecnologías comunitarios, ni menos aún cómo se
resolverá el engorroso tema de las patentes sobre seres vivos. En suma, parecería que la
comercialización en última instancia sirve para acentuar los desequilibrios económicos
y las iniquidades del sistema de comercio mundial, en lugar de corregirlos. Hay quienes ponen en duda
-por ejemplo en Sudáfrica- que la bioprospección deje dividendos reales y reconocen cada
vez más la importancia de apoyar y desarrollar la industria nacional de fitomedicamentos,
de suplementos alimenticios y de productos de higiene personal de origen vegetal (53). Esa
opción implica menos riesgos y demoras (54), el uso de tecnologías más apropiadas para
los países en vías de desarrollo, y también probabilidades mucho más altas de que los
beneficios lleguen a los más necesitados. Guiados por ese enfoque, en Sudáfrica existe
un programa de creación de empleos para mineros desocupados que actualmente está
catapultando la producción comercial de una cerveza hecha en base a un árbol autóctono
llamado marula; en Namibia hay una cooperativa de mujeres que se ocupa de la
comercialización de un recurso ancestralmente usado y cuidado en el país; y en Botswana
y Zimbabwe se están iniciando numerosos proyectos para desarrollar productos, en régimen
de gestión y propiedad en manos de comunidades locales. Es claro que todos los países
necesitan desarrollar estrategias para responder a la bioprospección y la búsqueda de
nuevos medicamentos y nuevos productos, pero en la situación actual lo mejor que puede
hacer África es invertir sus energías en soluciones autóctonas para las crisis
económicas y ambientales, que brinden mejoras económicas tangibles a la población
local. Algunos proyectos muy importantes de bioprospección en África CSIR, Phytopharm y Pfizer El instituto
paraestatal de investigaciones CSIR de Sudáfrica y la empresa farmacéutica Phytopharm,
con sede en Gran Bretaña, pretenden desarrollar un medicamento contra la obesidad en base
a la Hoodia, una planta autóctona de la región usada desde tiempos inmemoriales
por el pueblo San para calmar la sed y el hambre. Tal medicamento inhibidor del apetito
puede convertirse en el primer gran éxito de la industria farmacéutica derivado de una
planta africana (49), con un mercado potencial estimado en más de US$ 3 mil millones. Sin
embargo, no hay nada dispuesto sobre participación de los beneficios para los poseedores
originales de ese conocimiento. El desarrollo ulterior del
producto y su comercialización habrá de ser emprendido por la Pfizer, una de las mayores
empresas farmacéuticas de Estados Unidos. Este proyecto forma parte de un programa mucho
mayor de bioprospección orientado por el CSIR, que pretende utilizar conocimientos
tradicionales para investigar las propiedades comercialmente valiosas de la mayor parte de
las 23 mil especies vegetales del país mediante un acuerdo entre ese instituto y un grupo
de diez curanderos que actúan individualmente, lo que ha suscitado polémicos
cuestionamientos acerca del modo en que el resto de curanderos sudafricanos habrá de
beneficiarse de la comercialización de sus conocimientos tradicionales (50). Programa de Conservación y
Desarrollo de los Recursos Biológicos El Programa de Conservación y Desarrollo de los Recursos Biológicos (BDCP, por sus siglas en inglés) es una ONG con sede en Nigeria, una oficina internacional en Estados Un |