Programa Pan Americano de Defensa y Desarrollo de la Diversidad Biológica, Cultural y Social - asociación civil

Enfoque cultural

 

Arriba • Derechos Lingüísticos • Arreglo de La Haya • Enfoque cultural • La problemática de la diversidad cultural • Qullasuyu por siempre • Calendario Aymara • Etnohistoria mapuche • Trentrenfilú • Migración Mapuche y No Mapuche • La identidad cultural y el nombre • El problema de lo urbano y lo rural • La guerra contra el Paraguay • Nacionalismo y cultura • Un río, un mar... • La educación multicultural • Economía en la Guajira (Colombia)

 

 

Portada
Prensa
Índice
Correo
 

de la situación de los Pueblos Indígenas argentinos

por Patricio Doyle

INAI (Instituto Nacional de Asuntos Indígenas)- Capital Federal

 

 

En 1974, llego como misionero al norte, zona de wichi o matacos, era miembro del clero, y creía que a un sacerdote le correspondía estar en donde la gente moría como moscas, un paraje sin médicos ni medicinas donde en dos días se morían cincuenta y pico de bebés, es decir, no quedaba ninguno vivo. Allí quedo hasta el año 80, en que mi congregación decidió que volviera a Buenos Aires, y después de pensar y rezar decidí que no tenía sentido, y dejé el clero para quedarme con los aborígenes; era otra forma de vivir el sacerdocio, y seguí hasta el año 94, cuando vine a Buenos Aires a pedir apoyo para el trabajo que estábamos haciendo, y el doctor Prol, entonces Secretario de Desarrollo, me dijo que necesitaba una persona de experiencia para el tema indígena, y me ofreció el INAI; pregunté a los wichi si estaban de acuerdo, me pidieron que aceptara, y aquí estoy.

Me da bastante alegría y preocupación, porque es un tema muy delicado y veo que hay distintas áreas, se habló bastante de temas técnicos, de cómo se hace el trabajo de recolección y los extractos, eso allá en el monte no se hacía, no lo conozco.

Pero a mí me preocupa mucho el trasfondo humano del asunto y es lo que quisiera dejar abierto. En lo que he podido vivir y lo que conozco, me lo enseñaron los wichis, no soy, nunca fui un indigenista, así que lo que he aprendido me lo enseñaron fundamentalmente ellos.

Una primera cosa que es fundamental, es clarificar nuestra actitud; se habla mucho de integración, de promoción, pero creo que son términos ambiguos, a mí me costó horrores darme cuenta de ciertas cosas. Fui al monte en el 74, sintiéndome el bueno de la película, que iba a dar una mano a los pobres diablos que estaban muriéndose como moscas. Que si bien su postración humana, especialmente técnica, económica, sanitaria era muy real, con todo, al poco tiempo empecé a darme cuenta que estaban haciendo ellos mucho más por mí que lo que yo por ellos, y que esos marginados que yo había conocido tenían profundidad, historia, rostro, cultura y así terminé o estoy en un proceso en que mucho de lo que vivo, siento y hago se lo debo a ellos.

Ahí está, para mí, la importancia del tema "integración", qué significa integrarse. Hay quienes hablan de que hay que integrar al indígena, y el presupuesto detrás de esa frase es en realidad "nosotros somos mejores", nuestra cultura es superior, ellos serían, usando la terminología del antiguo imperio, "los bárbaros". Entonces, se los integra porque somos buenos, y así tienen todos los beneficios de los que gozamos nosotros. Y hay mucha gente muy honesta que se plantea eso, yo creo que lleva un tiempo el poder realizar esas cosas, ahí vendría el planteo "qué es cultura?". Me acuerdo una vez de un grupo de docentes hablando de temas culturales. Me decían "no, nosotros somos los que tenemos cultura, ellos son incultos". En realidad parecían muy convencidos, para ellos, tener más cultura era tener más desarrollo técnico, mayor bagaje de conocimientos y unas estructuras que para ellos eran las mejores. Yo les planteaba que si ser más humano era eso, en la primera mitad de nuestro siglo el grupo humano que tenía más de eso era el nazi, pero que estaba lejos de ser el más humano. Se me ocurrió una idea, y tomando una chaqueta hecha por los wichi, pregunté a una de ellas si sabía tejer, ella dijo que sí, y le pregunté cómo tejería una chaqueta con un diseño a cuadros. Me contesta: muy simple, tomo el centímetro, mido el talle de la persona para la que lo voy a hacer, después tomo los distintos colores de hilo o lana, voy contando los puntos...y ahí la interrumpo y le digo: ¿Te imaginarías eso si no supieras sumar, restar y contar? si no se sabe, no se puede tejer. Entonces le digo: si es cierto lo que acabas de decir, decime como hacen esta chaqueta...yo a esta persona la conozco, esta artesana no sabe castellano, sólo habla wichi, y en wichi no hay números, las únicas medidas de cantidad son uno, el otro, pocos, muchos y todo...Y las desafié a que le encuentren un defecto a esta chaqueta; quedaron mudas. ¿qué sucede? nosotros tenemos un sistema, en él tenemos elementos, métodos, técnicas, y con eso nos arreglamos, nos manejamos, perdemos, ganamos, etc. Y lo que no entra en ese sistema, o no existe, o es considerado "humano de segunda". En este contexto, si no hay números, no se puede tejer, y eso es válido hasta que aparece esta mujer, con esta chaquetita, y esto existe, y por lo tanto, no se puede negar. Y existe sin las técnicas y los métodos de acá, eso quiere decir que hay otro mundo, otro universo que golpea acá.

Si yo trato de meter todo este ambiente en este frasquito, no es posible, el ambiente es más amplio, pero si yo abro el frasquito, al ratito cualquiera me dice: ¡qué hermoso perfume! ¿qué ha sucedido? saliendo del frasquito se puede abarcar todo. En el proceso de tratar de comprender, dominar la situación, no se puede; pero en el proceso de salir, el proceso afectivo, sí se puede. Ante el misterio, la otra actitud es la de asombro, que cuando la volcamos hacia lo trascendente es la oración; el asombro ante lo distinto, ante la valoración, ante el otro. El que no es yo, porque es distinto a mí, pero con el cual, si tengo la sencillez de abrirme me puedo encontrar.

Este es el tremendo desafío, es decir, existen culturas distintas a las nuestras, existen personas, individuos, distintos a nosotros, el desafío es: ni ignorarlos, ni despreciarlos, y entonces lograremos realizaciones creativas. Eso lo enseña la Biblia, que nos dice, respecto al hombre, Dios lo crea a su imagen y semejanza, varón y mujer lo hace; quiere decir que el hombre no es ni el varón ni la mujer, se da en el encuentro, y cuanto más se encuentren y más unidos estén, más varón es él y más mujer es ella; por lo tanto, más distintos. Es decir, en esta antinomia, distintos en armonía, está la base de todo lo creativo, cuando tenemos tentación de negar la antinomia, o negando lo diverso y entonces se dan las homogeinizaciones o masificaciones, o negando la unidad, entonces se dan los aislamientos. El desafío es poder vivenciar e internalizar la tensión de la antinomia. Y eso es válido tanto a nivel individual como de grupos humanos, grupos sociales. Eso entonces nos plantea el problema de la integración, no como el ser muy buenitos y abrir una ventanita para que entren al sistema, sino un diálogo de ida y vuelta, que se dará fundamentalmente en forma afectiva. Y desde el afecto a los actos, porque siempre recuerden que lo afectivo es mucho más fundamental que lo efectivo, y lo efectivo únicamente tiene sentido mientras surja de lo afectivo. Si no surge de ello, si lo reemplaza, termina oprimiendo.

Acá vendría entonces otro planteo, qué sería con esto, la realidad de la cultura? Quiero aclarar algo respecto del ejemplo: esta mujer no tiene números, no porque sea un pueblo primitivo, sino porque no los necesita. Si con mirar, puede ubicar y sentir los puntos, los lados que toma, etc., es decir, no inventaron el número porque como nosotros, no inventan lo innecesario, porque no tiene sentido.

Cuando se habla de aborígenes, hay que considerar sus diferencias: entre un wichi y un ona, hay más diferencias que entre un wichi y un inglés, tienen sólo en común el hecho de ser aborígenes.

¿Qué pasó con la medicina de ellos? Después de bastantes años me di cuenta de que no estaba basada en el principio de prueba y error, de fijarse qué yuyo andaba y cuál no; ellos tienen una relación dialogal con la naturaleza muy fuerte, y su medicina está en la línea del perro que cuando se siente mal come pasto, no porque olvidó su dignidad de carnívoro; es porque siente, dialogalmente con la naturaleza, que eso lo va a sanar. Ese sentimiento, este grupo humano, los wichi, lo tenía muy fuerte, lo que llaman en su idioma el "pick". Cuando ellos fueron conquistados militarmente, después llegaron los misioneros, con mucha buena voluntad, pero con un error mortífero: les impusieron que todo lo suyo era malo, que tenían que olvidarlo, ser buenos trabajadores, vivir como blancos, y alguna vez serían felices. Eso, además de ser teológicamente un disparate, en ninguna parte está dicho que tengamos que ser greco romanos para ser hijos de Dios, socialmente fue un genocidio, porque estas personas empezaron a no valorarse a sí mismas, dejando de lado sus sentimientos, y su diálogo con la naturaleza se debilitó, entonces empezaron a morir como moscas.

Esa relación dialogal de que hablo, es asombrosa. Una vez, caminando en el monte con un indígena, me para y me dice "sanfots", que indica la serpiente en su lengua. A unos 15-30 metros, dormía enroscada una víbora. El no la había visto, no la había escuchado, pero sintió que estaba. En el tiempo que yo pasé en el monte con ellos, nunca encontré un indígena mordido por víboras, me dijeron de uno o dos, pero era porque estaban borrachos en ese momento.

De aquí, de esta relación dialogal con la naturaleza, podemos derivar una definición de cultura: cultura, en idioma wichi se dice "lacaís", que significa "las buenas costumbres". Es decir, cultura es costumbres que la gente crea escuchando las voces que la rodean. Dicen que los antiguos entendían muy bien las voces del monte, del río, del cielo y de todo lo que los rodeaba, de otros hombres y entonces hicieron costumbres muy seguras y vivían muy tranquilos. Pero nosotros de esas voces entendemos algo, pero no entendemos la radio, ni la política, ni la escuela, ni el comercio, entonces no podemos hacer costumbres porque no entendemos voces, y nos da mucho miedo y mucha vergüenza, tanto que me decían: no nos animamos a ir al crédito porque se van a dar cuenta que somos wichi y eso nos da mucho problema.

Queremos que nuestros hijos entiendan esas voces y entonces van a crear otra vez costumbres y van a poder vivir seguros y tranquilos; pero esas costumbres no van a ser las de antes, porque las voces cambiaron. Pero van a ser hijas de las de antes, porque -dicen ellos- un poste, que no tiene raíces, nunca va a dar frutos; un arbolito, sí, y algún día lo tendrá. Pero el fruto no es la raíz, es el hijo de ella, pero es otra cosa. Yo creo que esta definición, hecha por un grupo de ellos, tiene un profundo valor, por empezar es claro que es relacional. Para ellos el ser humano y el grupo humano no tienen sentido al margen de su contexto. Lo otro es evolutivo, cambian las voces, cambian las costumbres, es una definición vitalista, la cultura depende de la vida y no al revés, en la medida en que la vida crezca, la cultura ha de evolucionar. Sobre esto, creo que lo que aquí se plantea puede tener una cosa muy interesante, suponiendo que existan estos elementos y que existe de veras la capacidad de que la gente entienda las voces, y si eso se da, está la posibilidad de una real integración. Acá yo encuentro un planteo, hay cosas que se están haciendo, y ya se ha decidido que aquí, en Buenos Aires, donde están los métodos y estas fuerzas, estas energías, han decidido lo que hay que hacer acá (en las comunidades), pero esta gente tiene la posibilidad de decir sí, o no, poco más.

Entonces, aquí, como realidad relacional es algo que a mí me da mucho temor, y lo digo como una inquietud: ¿Ha de haber un auténtico respeto por el distinto? ¿Va a haber una auténtica posibilidad de integración dialogal? ¿O más bien, es un paso más de absorción?

Es evidente que se ha pensado en ello, y es un paso muy grande, incluso es evidente que ha habido mucha buena voluntad en la cosa, pero creo que, así como se me pidió que por veinte años de monte viniera a hacer esto, creo que lo que me toca es hacer escuchar la voz que previene.

Les digo que hay muchos valores que hay que respetar. Como cosa muy personal como para concluir: cuando dejé el clero, a los dos años me casé y tengo una nena, ahora de trece años, como opción inicial hicimos que en vez de aprender inglés como segundo idioma, que yo lo tengo de cuna, aprendiera wichi, y se apeló a una mujer indígena para criarla. Puedo asegurarles que fue un acierto, y esta nena está creciendo con unos valores que ha bebido del mundo indígena, que sus primos de la ciudad no tienen, y esos valores nos hicieron a nosotros aprender, y fue un desafío muy interesante: es tan valioso lo que hay acá (la urbe) como lo que hay allá (el monte). Mientras no haya cerrazones o enfrentamientos, se da un desarrollo en armonía, nosotros podemos testimoniar eso y lo lanzamos como desafío.

 

Fuente: URL: Universidad de Arizona (EEUU) 

Taller Internacional: Aspectos Técnicos, Culturales, Politicos, y Legales de la Bioprospección en Argentina - 1999

 

  Arriba

Cuadernos de Bioética

INSTITUCIONES
ELABE~Mainetti
Observatorio Indígena
S.I.A. Información Ambiental

REVISTAS

Drogas, mejor hablar de ciertas cosas

Salud & Sociedad
S.I.D.A.: un desafío bioético

PROGRAMAS
Cát. Bioética y Derecho (UBA)

Cát. Derecho de los Pueblos Indígenas (UBA)

Cát. Biotech & Derecho (UBA)
Cát. Propiedad Industrial y Mercado (UBA)

Derecho, Economía y Sociedad

PROPUESTAS
Tesis doctorales y Magistrales

Dominique Lussier ~ Esculturas
Marea baja ~ Maré baixa

Preguntas o comentarios sobre este sitio Web

Programa Panamericano de Defensa y Desarrollo de la Diversidad biológica, cultural y social, asociación civil I.G.J. res. 000834

© ES MATERIAL DE DIVULGACIÓN.  Está autorizada su reproducción total o parcial.  Agradecemos citar la fuente. ¿Como citar el material publicado en estas páginas?

Nedstat Basic - Free web site statistics

Última modificación: Martes, 16 de Mayo de 2006