Programa Pan Americano de Defensa y Desarrollo de la Diversidad Biológica, Cultural y Social - asociación civil

Transgénicos en la Argentina

 

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LOS TRANSGÉNICOS Y SU IMPORTANCIA EN EL FUTURO COMERCIAL DE LA ARGENTINA.

Por Silvina Livellara  

 

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PRIMERA PARTE
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I- Introducción

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II- Los transgénicos y su importancia en la economía argentina

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III- Importancia de la Soja dentro de las exportaciones argentinas y el comercio internacional

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IV- Los principales problemas a resolver para garantizar el futuro de nuestras exportaciones de transgénicos

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CONCLUSIONES DE LA PRIMERA PARTE

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SEGUNDA PARTE
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V- ¿Es necesario un nuevo modelo de comercialización internacional?

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VI- Los subsidios y medidas de salvaguardia de la industria, ¿son necesarias?

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VII- La ratificación del Protocolo de Bioseguridad por parte de Argentina y nuestra posición en la Organización Mundial del Comercio.

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VIII- El Producto Bruto Interno desvalorizado durante el 2002 y la exportación de transgénicos.

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IX- Prefinanciación de exportaciones

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CONCLUSIONES: El impuesto a las ganancias sobre reintegros de exportación de transgénicos y el derecho de exportación. ¿Qué debería hacerse al respecto?

 

 

 

 

 

PRIMERA PARTE

 

I- Introducción:

 

En el presente trabajo nos proponemos analizar y describir un sector relevante de las exportaciones de nuestro país, los productos transgénicos, dada la importancia relativa de las mismas dentro del Producto Bruto Interno (PBI) de la Argentina. La producción de productos transgénicos por parte de Argentina ha llevado a grandes multinacionales como Monsanto a realizar inversiones significativas en nuestro país, a la vez que la empresas de biotecnología se encuentran en creciente auge.

 

El Producto Nacional puede medirse por la vía del gasto y por la vía de la producción. Por el lado de la demanda, tomando en cuenta que las empresas, el sector público y los residentes en otros países también realizan gastos, podemos decir que el producto nacional está integrado por los siguientes componentes[1]:

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Consumo privado

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Consumo público

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Inversión

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Exportaciones netas, es decir exportaciones menos importaciones.

 

Cuando hablamos de exportaciones nos referimos a los bienes y servicios producidos en el país y demandados por el exterior. Dentro de este contexto incluiremos la producción nacional de soja destinada a exportaciones.

 

La Biotecnología:

 

Las dimensiones económicas que encierra la Biotecnología son impensables, baste con citar solamente los esfuerzos que la gran mayoría de los países desarrollados están haciendo con miras a preparar su aparato económico y académico para este nuevo desafío, en algunos casos incluso fusionando Universidades centenarias con el fin de adaptarlas al desafío de insertarlas en esta nueva dimensión económica. Con la Biotecnología el mundo ha entrado a una nueva era económica, su potencial es tan relevante como lo fue en su tiempo la invención de la rueda o el comienzo de la Revolución industrial en el siglo XIX.

 

Argentina no puede quedar marginada del desarrollo de capacidades en Biotecnología, eso podría hipotecar parte del bienestar de nuestros hijos y de las generaciones futuras de nuestro país. Sin embargo, al mismo tiempo nuestro país debe formular reglas claras que prevengan riesgos innecesarios y aseguren el mayor grado de protección posible a la población y al medio ambiente.

 

La humanidad ha manipulado organismos y ha explotado sus procesos biológicos para fabricar o elaborar ciertos productos o alimentos a lo largo de miles de años[2]. El conjunto de las técnicas y métodos que permiten tales manipulaciones es conocido como biotecnología.

 

Sin embargo la biotecnología moderna, entendida como concepto restringido al que hará referencia el presente trabajo, contempla únicamente a aquellas técnicas no convencionales que permiten cambios antropogénicos específicos en el material genético de los organismos.

 

La biotecnología ha sido definida por la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) como la aplicación de los principios científicos y de la ingeniería al procesamiento de material por agentes biológicos para proveer bienes y servicios.

 

También el Convenio sobre Diversidad Biológica define en su art. 2 la biotecnología como “...toda aplicación tecnológica que utilice sistemas biológicos y organismos vivos o sus derivados para la creación o modificación de productos o procesos para usos específicos”.

 

La ingeniería genética es una aplicación de la biotecnología que involucra la manipulación de ADN y el traslado de genes entre especies para incentivar la manifestación de rasgos genéticos deseados (OTA 1992).[3]

 

Aunque hay muchas aplicaciones de la ingeniería genética en la agricultura, el enfoque actual de la biotecnologia está en el desarrollo de cultivos tolerantes a herbicidas, así como en cultivos resistentes a plagas y enfermedades.[4]

 

La biotecnologia no constituye un nuevo sector industrial, es una tecnología horizontal que cruza todas las áreas y disciplinas, impactando en numerosos sectores productivos, aportando insumos para que los mismos incrementen su competitividad. En el escenario mundial, la aplicación de la biotecnologia dio origen a un conjunto de grandes empresas, instaladas en numerosos sectores industriales ligadas por mecanismos contractuales o de propiedad entre sí o con pequeñas empresas innovativas. En consecuencia, la biotecnologia industrial está en una proporción considerable bajo el control de las empresas multinacionales, tanto en lo que respecta a la innovación como a la utilización comercial de los resultados.

 

 

II- Los transgénicos y su importancia en la economía argentina:

 

En la últimas décadas la biotecnología ha desarrollado nuevas y sorprendentes técnicas para la manipulación de la vida. La ingeniería genética o bioingeniería, permite entre otros resultados, la clonación o el desarrollo de un organismos completos a partir de una célula, fusionar células o insertar embriones en hembras de otras especies.

 

Por otro lado la bioingeniería también facilita el aislamiento de un gen presente en un determinado organismo y su inserción en otro ser viviente, aunque no pertenezca a la misma especie. De este modo es posible la implantación de rasgos propios del organismo de origen de la muestra en el receptor, salvando todos los obstáculos que la propia naturaleza ha ideado. El organismo resultante es denominado organismo modificado genéticamente u organismo transgénico. En definitiva, se trata de aquellos organismos cuyo patrimonio genético ha sido alterado gracias a la aplicación de técnicas propias de la biotecnología moderna[5].

 

En una primera etapa la biotecnología, que fue denominada como defensiva, dirigió sus esfuerzos a evitar el uso de pesticidas de alta toxicidad y poder residual[6]. Algunos han visto esta incorporación de la biotecnología en la Argentina como un logro desde el punto de vista de la salud de la población y del medio ambiente[7]. Quienes exaltan los beneficios de esta nueva tecnología aplicada al agro señalan que la facturación de agroquímicos se redujo en 200 millones de dólares en nuestro país[8].

 

Para comprender el fenómeno de la adopción de los cultivos OGMs (organismos genéticamente modificados) por parte del productor argentino hay que partir de la base que entre las principales ventajas que éstos le ofrecen se encuentran: las de mayores rindes obtenidos como consecuencia de su superior efectividad en el control de plagas o malezas[9]. Asimismo, el número requerido de aplicaciones de herbicidas y/o plaguicidas posibilita el creciente control sobre los insumos variables (agroquímicos, combustible, etc), contribuyendo así a una reducción de costos [10]. A todo esto se le debe sumar la facilitación de las labores en todas sus etapas. Sin embargo la contrapartida consiste en los mayores costos que los productores agrarios deben afrontar por el mayor valor de la semilla, al cuál podría sumársele los nuevos costos requeridos para enfrentar eventuales riesgos derivados de potenciales limitaciones a la comercialización de los organismos genéticamente modificados [11].

 

La Argentina entró en la era de los organismos genéticamente modificados desde un punto de vista comercial con la liberación al mercado de la semilla de soja transgénica rr (Roundup Ready) que presenta resistencia al herbicida Roundup, permitiendo bajar los costos de producción en 15 % o 20% respecto de sus semillas hermanas no transgénicas[12].

 

Asimismo se ha introducido, entre otros el maíz bt, con un gen de Bacillus Thuringensis que le permite defenderse naturalmente de los insectos. Todos estos adelantos han tenido una gran acogida entre los productores argentinos, debido ha que ha significado para ellos una disminución de los costos de producción, sin afectar el precio de venta del producto[13].

 

El caso de la soja transgénica resistente, mostró una notable mejora en la competitividad argentina que se tradujo en el constante aumento de todos los índices: área sembrada, rendimiento, productividad y producción.

 

 

Fuente: INDEC, Encuesta Nacional Agropecuaria 2001

 

Como se puede observar la superficie implantada de soja se ha casi duplicado en los últimos dos años, pasando de un total de 4.100 ha a 8.000 ha implantadas en el año 2001. Los datos correspondientes al año 2002 todavía no han sido publicados.

 

En cuanto a la producción de soja, la misma también revela un crecimiento importante en el último año un 22,6% con respecto a la producción del 2000. En el siguiente gráfico se puede observar la evolución de la producción desde 1993.

 

Esto ha llevado a sostener a los defensores de esta alta tecnología que gracias a la soja transgénica la Argentina es hoy el productor más eficiente del mundo. Esta afirmación responde a la valoración de nuestro rendimiento que es similar al de USA, pero la Argentina lo aventajaría en la producción neta por hectárea ya que el 60% de nuestra soja se produce dentro del esquema del doble cultivo: trigo-soja[14].

 

 

III- Importancia de la Soja dentro de las exportaciones argentinas y el comercio internacional

 

Para resaltar la importancia del complejo sojero dentro de las exportaciones argentinas, se presenta a continuación un cuadro que muestra la evolución de las exportaciones en el lapso de cinco años. En el mismo se puede observar que desde 1996 al 2001, las exportaciones de soja crecieron en más de un 35%, mientras que todo el complejo cerealero cayó un 8% en el mismo período. Otro dato relevante es la importancia relativa de las exportaciones de soja dentro de las exportaciones totales de la Argentina, las mismas representan un 17,6%, superando incluso al complejo del petróleo y gas que en el 2001 fue del 16%.

 

Estos datos obtenidos del INDEC confirman la importancia del tema para la toma de decisiones con respecto a políticas comerciales internacionales que deberá resolver en el corto plazo la Argentina.

 


Otras fuentes de consulta señalan que el Mercosur duplicó su participación en el comercio mundial de soja, ocupando sustancialmente segmentos de mercado antes dominados por U.S.A. El mismo estudio señala que la oferta mundial de soja transgénica posee un pequeño núcleo de oferentes, destacándose USA, Brasil, Argentina, India, Paraguay (más del 95% del total).

 

Por su parte Eduardo Ablin, en su trabajo: El debate Internacional sobre productos transgénicos, opciones para las exportaciones agrícolas argentinas, ob cit. , en la pag. 6, señala que durante 1999, las importaciones de habas de soja por parte de la Unión Europea superaron los 16 millones de tn, mientras que el volumen importado de harinas en sus diversas presentaciones alcanzó los 16,5 millones de tn (equivalentes a 20,4 millones de tn de habas). Respecto a esto destaca que el 85% de las importaciones europeas de soja y sus derivados resultaron en 1999 de origen brasileño (37%), argentino (31%), y estadounidense (17%), respectivamente, reforzándose la presencia del Mercosur frente a la competencia estadounidense.[15]

 

Los datos expresados parecerían no presentar ningún problema para el futuro exportador argentino y deberían verse como buenos agurios, sin embargo la realidad política comercial internacional de los transgénicos es mucho más compleja, y es el objetivo de nuestro trabajo abordarla para poder comprender el posible futuro de nuestro principal complejo exportador.

 

IV- Los principales problemas a resolver para garantizar el futuro de nuestras exportaciones de transgénicos:

 

Los organismos genéticamente modificados (que en adelante denominaremos como OGM) han abierto una polémica mundial con posiciones extremas y algunos de los principales puntos a considerar son:

 

1) Desconfianza en la opinión pública sobre los productos transgénicos:

 

La percepción de gran parte de los consumidores europeos respecto de los OGMs es negativa[16] y teñida de desconfianza como consecuencia de importantes campañas realizadas por Organizaciones No Gubernamentales como Greenpeace para desacreditar las bondades de estos productos. Otro factor que contribuyó a la presente actitud reticente de los consumidores frente a los OGMs fueron las experiencias que han puesto de manifiesto la incapacidad de los organismos estatales para controlar el desarrollo de prácticas seguras en materia alimentaria, así podemos citar como ejemplos: BSE (Encefalitis Espongiforme Bovina o mal de la vaca loca), aplicación de hormonas en la ganadería[17], contaminación de bebidas gaseosas con dioxinas, empleo de proteínas derivadas de aguas servidas para la producción de alimentos balanceados, contaminación de hamburguesas con bacterias coli, epidemias de listeria en lácteos y huevos, etc[18].

 

En este punto vale la pena detenerse a cotejar los argumentos de organizaciones ecologistas, y aquellos esgrimidos por grandes multinacionales que invierten en biotecnología y comercializan los productos obtenidos a través de la misma, así como también de un amplio sector de la comunidad científica.

 

Hemos elegido a Greenpeace como principal representante de los grupos ecologistas ya que esta ONG ha desplegado una fuerte campaña contra los organismos genéticamente modificados que ha resultado muy exitosa su repercusión en la percepción del consumidor europeo.

 

a) Los argumentos de Greenpeace[19]:

 

1.     La ingeniería genética rompe las barreras naturales para la reproducción y creación de seres vivos.

2.     La expansión de la siembra de OGM responde a una decisión corporativa de la poderosa industria de la biotecnología.

3.     Las corporaciones biotecnológicas pretenden obligar a los productores a comprar todos los años sus semillas y los productos agroquímicos que ellas mismas producen, con intenciones de controlar la agricultura y el mercado alimentario mundial.

4.     Quienes consumen alimentos transgénicos sin la información respecto a los mismos, están siendo privados ilegítimamente de su derecho a elegir si quieren o no correr el riesgo de contraer alergias o resistencias a antibióticos.

5.     Hasta el momento esta rama de la biotecnología ha sido desarrollada principalmente para bajar los costos de producción y no para producir alimentos más saludables.

6.     Los transgénicos al ser liberados fuera del laboratorio originarán indefectiblemente una contaminación genética del medio ambiente que en la mayoría de los casos se volverá irreversible.

7.     La soja transgénica conocida comercialmente como soja RR (Roundup Ready) fue diseñada para resistir un herbicida total creado por la misma empresa que vende el herbicida de nombre comercial Round Up, cuyo principio activo se llama glisofato. La aplicación masiva de un solo herbicida podría ser perjudicial para los agrosistemas ya que podría generarse un fenómeno llamado de presión selectiva, que puede activar el crecimiento desmesurado de malezas resistentes al glifosato.

8.     La soja mutante de la empresa norteamericana Monsanto fue aprobada por el gobierno argentino debido a presiones de la Secretaría de Agricultura de Estados Unidos.

En cuanto a los argumentos en defensa de los OGM, hemos considerado que Monsanto es un referente de las compañías que tienen fuertes intereses económicos en juego para que prospere el negocio de los alimentos transgénicos[20].

 

b) Los argumentos de Monsanto[21]:

 

1.     El principal argumento es que muchas de las afirmaciones de la organizaciones ecologistas no tienen asidero científico

2.     Respecto al etiquetado de los OGM, consideran que si bien el consumidor tiene derecho a informarse, la etiqueta en este caso cumpliría una función disuasiva y que solo contribuiría a reforzar la campaña del temor respecto de este tipo de alimentos.

3.     Los desarrollos de Monsanto son locales, dependiendo de los cultivos y de las plagas de cada región, pero la política tecnológica que aplican es la misma en todas partes. Asimismo afirman que la empresa pasa generalmente bien las etapas de control de la CONABIA y el SENASA.

4.     Ante el potencial peligro de que una planta desarrolle resistencia a un herbicida, la respuesta de Monsanto consiste en la aplicación de un nuevo herbicida.

 

c) Los argumentos de un amplio sector de la comunidad científica:

 

Los científicos, artífices de la bioingenería, defienden las virtudes de los alimentos transgénicos sosteniendo que entre los principales objetivos buscados a través de la transgenía de plantas se incluyen el combate de diversas pestes, un menor requerimiento de agua o herbicidas, la posibilidad del crecimiento en suelos salinos, el embellecimiento de plantas ornamentales, una mejora en la calidad de los alimentos tales como el aumento de su valor nutritivo, la producción de vacunas orales, y las modificaciones organolépticas[22].

 

En un sentido optimista se ha pronunciado el grupo de científicos convocados por la Consulta de Expertos FAO/OMS, la cual tuvo lugar en Ginebra en mayo/junio del 2000, elaborándose un documento sobre seguridad de los alimentos derivados de los vegetales genéticamente modificados. Los expertos concluyeron que el análisis de la seguridad de los alimentos GMs requiere un estudio integrado y específico para cada caso, concentrándose en determinar las diferencias y similitudes entre alimentos GMs y convencionales. Asimismo destacaron que es muy poco probable, que a largo plazo surjan efectos nocivos atribuibles exclusivamente a alimentos genéticamente modificados[23].

 

La Argentina nunca propició un debate que involucrase a los distintos sectores incluyendo a los consumidores, para discutir las ventajas y desventajas de este tipo de cultivos, sin embargo el hecho que uno de los principales mercados a dónde se dirigen nuestras exportaciones evolucione hacia una no aceptación de los transgénicos puede ser preocupante.

 

2) El etiquetado y su problemática:

 

Existe una tendencia en la Legislación Europea a regular la comercialización de los OGM[24], con una creciente intención de exigir el etiquetado de OGM para diferenciarlos de los cultivos orgánicos y de los cultivos convencionales, suministrando información detallada a los consumidores. Esto significaría un costo extra que hasta el momento no queda bien definido como habría de ser soportado entre los sujetos que participan desde la etapa su producción, distribución y la de exportación e importación[25].

 

Entre 1994 y 2000 la superficie sembrada de soja en nuestro país pasó de 6 millones a 8,8 millones de hectáreas, registrando un crecimiento del 46,7%, del cual el 32% se produjo desde 1996, coincidiendo con la introducción del cultivo transgénico[26].

 

Antes de avanzar en el planteo del posible impacto que tendría sobre nuestras exportaciones las regulaciones sobre etiquetado de los países importadores de nuestra producción de transgénicos, es necesario destacar que la demanda de los mismos se encuentra centrada al presente casi exclusivamente en soja[27].

 

La soja transgénica argentina se exporta en forma de haba cerca del 15% de la cosecha, esencialmente a China y la Unión Europea. En cuanto a la exportación de subproductos, los aceites se dirigen fundamentalmente al Asia y Medio Oriente. La producción de harina de soja encuentra su destino casi esencialmente en la Unión Europea[28].

 

El complejo sojero alcanza el 15% de las exportaciones totales, lo cual lo convierte en el principal sector exportador del país. Al considerar la posibilidad de implementar un etiquetado obligatorio es necesario analizar la significatividad de las exportaciones de soja a los destinos más propensos a establecer esta normativa. Es importante tener en cuenta que las exportaciones dirigidas a UE representan el 35,71%, con lo cual, el impacto de tal medida puede generar problemas de comercialización con los países europeos[29].

 

Por otro lado en Argentina existen varios proyectos de leyes en danza, sobre el etiquetado de OGM, pero hasta el momento el tema no ha sido resuelto.

 

Uno de los principales argumentos de quienes se oponen al etiquetado es que el mismo afectaría la percepción del consumidor respecto a los transgénicos y generaría desconfianza impactando negativamente en la comercialización de los mismos. Además el etiquetado importaría costos adicionales significativos que el sector involucrado no está dispuesto a afrontar.

 

En este orden de ideas, una manera de ganar la confianza de los consumidores sería mediante la implementación de un sistema que permitiese la producción en forma conjunta de OGM y no OGM. Para lograr este objetivo sería menester separar las materia primas y los productos a través de toda la cadena productiva y comercial. Dicha separación de productos puede ser llevada a cabo a través de dos métodos: la segregación y la identidad preservada[30].

 

El método de la segregación: implica mantener separados los productos durante la carga y descarga, el almacenamiento, la industrialización y el transporte. Mediante este método los productos no son discriminados en los contenedores, lo cual requerirá controles sobre las características y el origen en todas las etapas del proceso[31].

 

El método de la identidad preservada: requiere la completa separación de los OGM y los no –OGM durante todas las etapas del proceso, manteniendo los productos en contenedores separados. Este último método hace necesario un sólo control de los productos, que se realiza previo al empaquetamiento de los mismos. Identificados los costos adicionales, se analiza la capacidad de trasladar dichos costos, la posibilidad de cargarlos en los distintos actores de la cadena productiva. En este sentido se dice que dependerá de tres factores:

 

a) Elasticidad-precio de la oferta: cuanto más inelástica sea la oferta del producto respecto de su precio, mayor es la proporción del costo adicional que deberá ser absorbida por el propio productor.

b) Elasticidad-precio de la demanda: a la inversa, cuánto más inelástica sea la demanda en relación al precio, mayor es la capacidad del productor para trasladar los costos y, por lo tanto, mayor la proporción de los mismos que recaerán sobre el consumidor.

c) Disponibilidad de bienes sustitutos: a mayor existencia de bienes sustitutos más difícil será la traslación de los costos al precio final, y por lo tanto, mayor la absorción de los costos por parte del productor [32].

 

Por un lado, se considera que para realizar la separación los productores, acopiadores, procesadores y transportistas podrán continuar utilizando la estructura actual, si bien tendrán que realizar tareas de coordinación y limpieza para asegurar que cada producto cumpla con los requisitos de los mercados externos. Estas erogaciones adicionales se denominan “costos de transacción”[33]. Por otro lado, se teme que el sistema de segregación cree riesgos de perder ciertos mercados.

 

Si como consecuencia de futuras restricciones internacionales o nacionales de los países importadores de nuestra soja transgénica, los productores se planteasen la reversión hacia una mayor producción de soja convencional, al menos deberían contar con el atractivo que el precio de ésta fuese suficientemente elevado respecto del precio de la soja genéticamente modificado, para ver compensados los márgenes brutos de producción[34].

 

Sin embargo para posibilitar la obtención de un precio mayor de la haba de soja convencional, el productor tendría que estar en condiciones de acreditar que se trata de soja libre de contaminación con soja transgénica. Esto último haría ineludible el adoptar el mecanismo de identidad preservada desde la etapa de siembra, cuya instrumentación implicaría mayores costos[35]. Los mayores costos no resultarían fácilmente trasladables al precio final, por lo cual los productores de soja convencional tendrían que absorber gran parte del costo adicional por el proceso de segregación, viendo reducidos sus márgenes brutos[36].

 

3) El Protocolo de Bioseguridad y su relación conflictiva con las normas de la Organización Mundial del Comercio:

 

El Protocolo de Cartagena sobre Seguridad de la Biotecnología se adoptó en febrero del año 2000 y sus disposiciones deberían haber entrado en vigor en el año 2002 si se hubiesen reunido las firmas de por lo menos 50 países.

 

El objetivo central del Protocolo es regular la liberación, manipulación y uso de organismos genéticamente modificados que puedan tener un efecto adverso en la conservación y uso sustentable de la biodiversidad.

 

El Protocolo crea una agencia de “Clearing de Bioseguridad”, la cual notificará de las decisiones relativas al uso doméstico, incluyendo la comercialización en el mercado, de cualquier OGM que pudiera ser objeto de tráfico transfronterizo para su uso directo como alimento o forraje, o para su posterior procesamiento.

 

Nuestro país debe reflexionar con profundidad respecto del Protocolo de Bioseguridad, y sus consecuencias para su propia política comercial. Dicho Protocolo fue suscrito por nuestro país en el marco de la Quinta Conferencia de las Partes del Convenio de Biodiversidad, en Montreal en enero del año 2000. Transcurridos casi 3 años desde su firma vale la pena debatir sobre algunas interrogantes.

 

El problema político de fondo del Protocolo, a nuestro juicio, es que éste dictó normas y regulaciones en un ámbito que ya se encontraba en gran medida regulado por otros acuerdos multilaterales. Nos referimos básicamente a las fricciones que se producen al comparar el Protocolo de Bioseguridad con el “Acuerdo de la OMC sobre la aplicación de medidas sanitarias y fitosanitarias” AMSF o SPS en su versión inglesa. Tan evidente es esta colisión que el mismo Protocolo adopta un lenguaje dubitativo cuando se refiere a la relación que debe tener con otros acuerdos internacionales, pues reconociendo la vigencia de otros acuerdos que regulen la misma materia, no fija pautas de acción diferenciados ni menos aún se diseñan mecanismos de concordancia y/o complementación, en circunstancias que el mismo Protocolo contiene disposiciones que exceden esta frágil relación existente entre protección ambiental y libertad de comercio.

 

Cabe recordar que el AMSF de la Ronda Uruguay de negociaciones del GATT tuvo por objeto acotar el nuevo marco definido por la OMC los excesos incurridos a lo largo de la historia del GATT al amparo del artículo XX del Acuerdo General, relativo a excepciones generales[37].

 

Todas las previsiones contenidas en el artículo XX son asociables con el llamado “poder de policía” que ejerce el Estado. Dicen Ablin y Paz que “...a lo largo de la experiencia acumulada durante la historia del GATT las partes contratantes encontraron enormes dificultades para evitar que normas nacionales, adoptadas en el contexto del artículo en cuestión, bajo argumentaciones precautorias, no escondieran en rigor propósitos claramente proteccionistas. Por ello en última instancia, las denominadas “excepciones generales” involucran excepciones al artículo III del GATT (trato nacional), cuyo abuso puede abrir una vía de elusión del espíritu del Acuerdo General”[38].

Es decir que el AMSF tuvo por objeto acotar esta irrestricta libertad de los miembros de la OMC que introducían prácticas distorsivas del comercio internacional, utilizando como amparo el argumento sobre presuntas medidas protectivas de la salud humana, animal o vegetal.

 

Entre los aspectos jurídicos que mayor debate suscitan se halla el enfoque que el Protocolo le da al criterio de la precaución, permitiendo su interpretación y aplicación incluso más allá de lo que la misma Declaración de Río de 1992 en su Principio 15 le reconoce como campo de acción. Como se sabe, el Principio 15 de la Declaración de Río señala que los Estados podrán aplicar el criterio de la precaución solo si hay peligro de daño grave o irreversible, y si además existe un grado importante de certeza científica sobre las probabilidades que el daño ocurra. Por ejemplo, los países podrán prohibir la importación de un producto agropecuario si existe un alto grado de probabilidad científica que ese producto puede causar un daño grave a la población o al medio ambiente[39]. Dicho de otro modo, solo se podrá aplicar el criterio precautorio si se comprueba la existencia una alta probabilidad sobre la peligrosidad del OGM y si el daño que se pretende evitar es grave o irreversible. De no cumplirse alguno de estos dos requisitos, los Estados no pueden invocar la precaución para restringir el comercio de un producto.

 

Sin embargo, este marco conceptual de la prevención fue eliminado en el Protocolo de Bioseguridad al plantearse que basta que un Estado señale que posee sospechas, no probadas científicamente, que un producto puede causar un daño a la población, para que se lo autorice a prohibir la importación de un OGM[40].

 

No se trata de un asunto menor ni tampoco de mero ejercicio teórico, pues basta comprobar lo que sucedió hace casi dos años cuando Suiza y Europa suspendieron la provisión de harinas de pescado como forraje para animales rumiantes. En dicha ocasión Suiza justificó la prohibición señalando que estas podían estar involucradas entre las causas que producen el mal de las “vacas locas “ al ganado bovino local[41]. Estudios científicos de organismos internacionales desecharon esa posibilidad, pero a pesar de ello esos países persistieron en su rechazo y con ello se causó un daño grave a las exportaciones de harina de pescado. Lamentablemente, el Protocolo de Bioseguridad no ofrece instrumentos que minimicen ese tipo de riesgos comerciales, más bien consolida la posibilidad que se produzcan eventos como el de las harinas de pescado, facilitando de esa manera una manipulación arbitraria del criterio de la precaución.

 

Por otro lado algunos países han dictado normas sobre seguridad biológica alegando que lo hacen para proveer a un manejo y disposición seguros de los OVM y sus productos. Esas normas podrían levantar las barreras aduaneras paraarancelarias enmascaradas como “barreras verdes o ecológicas” que previó el Capítulo 2 de la Sección I del programas 21 de Río de Janeiro cuando declaró que: “No se deberían utilizar las inquietudes ambientales para justificar una restricción del comercio”. En la materia, la Declaración de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Medio Ambiente (Río 1992) reclama un sistema económico internacional valorable y abierto (Principio 12)[42]. El camino que la OMC quiere abrir a la libertad de comercio presenta varios de este tipo obstáculos. Es así que muchos de los mercados que se declararon abiertos comercialmente no piensan levantar “las barreras verdes o ecológicas”. De alguna manera son la última barrera que les queda a los países proteccionistas para evitar el ingreso de productos agrícolas. El argumento de la bioseguridad les permitirá hacer más severas dichas barreras. Basta para ello ver lo que ocurrió con la aftosa mediante una propaganda y presión política que cerró muchos mercados a las carnes argentinas durante muchos años e impulsó su precio hacia abajo.