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Instrumentos Musicales Americanos

 

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Víctor Manuel Patiño 

Historia de la Cultura Material en la América Equinoccial (Tomo 4)
Vestidos, adornos y vida social
CAPITULO XXXV - Música

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Arqueológicos.

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Indígenas.
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IDIÓFONOS Y AUDIFONOS.
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Maracas.

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Chucho o alfandoque, guasá, guache.

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Conchas de armadillo y de tortuga.

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Marimbas y similares.

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AERÓFONOS.
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Trompetas o bocinas.

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Botutos o fututos, bobonas.

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Clarinete.

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Maguaré, manguaré.

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Bocinas.

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CORDÓFONOS.
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Carángano.

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Violines.

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MEMBRANÓFONOS.
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Tambores.

 

Arqueológicos.

En el noroeste de Honduras se fabricaban campanillas de cobre (LOTHROP, 1937, 1, 71, 107-108). Una lista de los instrumentos arqueológicos de la región ístmica se ha producido (Ibíd.,105-108).

También en Veraguas se fabricaban campanillas metálicas, de las cuales se ha hallado un gran lote en Chichén Itzá(LOTHROP, 1950, 73-75).

En guacas del Patía se hallaron, a principios del siglo XX, ocarinas de barro de tres agujeros, y en Quindío,.redondas (ARANGO, C., 1927?, 124). De Tumaco-La Tolita se han rescatado muchos instrumentos (FAURIA, 1985, 103).

Existe buena información en trabajos monográficos sobre los relictos de instrumentos en la parte costera del Ecuador, como en Guangala (ZELLER, s.f), de donde se conocen silbatos de arcilla en forma de perros gordos con la cola encorvada hacia arriba (PORRAS, 1980, 143).

Un estudio más general puede verse en NORDENSKIOLD, 1920, 2: 116-130; 1924, 3: 189-193, y sobre Venezuela, en POLLAK-ELTZ, 1977, 86-93.

Indígenas.

Los instrumentos que hallaron los españoles en poder de los indígenas, eran de manufactura más sencilla que la de los europeos de la época (PLAZA, 1883, 47-86). Predominaban los de materiales vegetales, por la abundancia de la flora en los intertrópicos.

IDIÓFONOS Y AUDIFONOS.

Maracas.

En la provincia del Darién, los indígenas usaban la maraca para acallar niños (UFELDRE: SERRANO Y SANZ, 1908, 129).

En el siglo XVIII, en Aroa se conocían guitarras y maracas (ALTOLAGUIRRE, 1908, 139). Eran también usadas por los indígenas antillanos (LOVEN, 1935, 493.494). Los coacas actuales de Venezuela las hacen de tapara (Crescentia) con semillas de capacho Canna indica (CIVRIEUX,1970, 69).

Los tunebos usan cinco maracas en sus tenidas musicales (MÁRQUEZ V., 1979, 50).

Hay una descripción de cómo estaba hecha la maraca de los pagés del Rionegro en el siglo pasado y qué semillas le ponían (SPRUCE, 1908, II, 432.435). Pero los piaroas actuales tienen entre sus objetos de comercio unas piedras de cuarzo para mezclar con pepas varias en las maracas shamánicas (MÁNSUTTI-R0DRÍGUEZ, 1986, 34).

Existe, además, una descripción de las maracas de los piaches en la Guayana inglesa; si el enfermo en que la han usado muere, la entierran con él, pues se cree que pierde su virtud (SCHOMBURGK, 1922,1, 132-133).

También en el Brasil ha estado asociada con los curanderos o pagés (MaTIus, 1939, 272-273). Cada familia tenía la suya, aunque conservando el carácter sagrado (THÉVET, 1944, 266, 321-322). Las mujeres no las tocaban (MÉTRAUX, 1979, 60, 62).

Con el tiempo ha perdido el carácter sacro y ahora es instrumento casi infaltable en toda orquesta.

Resonadores, cascabeles, sonajeros.

En las islas del golfo de Orotiña e otras partes [de Nicaragua] usan unos báculos luengos, de muy linda madera, y en lo alto de ellos una oquedad o vacuo con unos palillos allí dentro, que en meneando el palo, teniéndolo fijo de punta en tierra, moviendo o temblando el brazo, suena de la manera que aquellos juguetes que, llenos de piedrecicas, acallan losniños; e va un mensajero déstos con aquél bordón a una plaza de un pueblo, yencontinente corre la gente a ver lo que quiere... (OVIEDO Y VALDÉS, 1959, IV,365).

Un instrumento resonador raro tenían losbribrís de Costa Rica (GABB: FERNÁNDEZ, 1883, III, 375).

Lo más común en el área orinóquico.amazónicaes el resonador del fruto leñoso de la Apocynácea Thevetia peruviana, varios delos cuales se ensartan en cuerdas y se ponen en brazos, piernas y tobillos, paraacentuar el compás al danzar. Su uso se extendía hasta el sur del Brasil (LÉRY,1975, 180-181; COREAL, 1722, Paris, 1, 167). Se llama en el oriente del Perúishcapa, shapaca omatchil(TOVAR,1966, 111, 127, 182, 183). Quizá son, las que usan, atadas a cuerdas de cumare,en los pies los macunas (SMOTHERMON el al., 1979, II, 132), y los cinturones ycollares de semillas o pepas de las mujeres, entre los Quijos (OBEREM, 1970, 1,252).

Los ufainas del Vaupés se ponen en lostobillos sonajeras del wayá, que es el nombre que dan al bejuco ÇucurbitáceoCayaponia katematophora (VON HILDEBRAND, 1975, 379, 381), Lo mismo usan losmatapí (HERRERA ÁNGEL, 1976,241 y nota).

Los soberanos incas usaban cascabeles defríjoles grandes y de colores, de los Andes (COBO, 1895, IV, 229).

Chucho o alfandoque, guasá, guache.

Son variantes todos de vasijas cilíndricas ohemisféricas, huecas, con pepitas, granos o espinas adentro, que suenan alagitarse el instrumento.

Esto es lo que parece ser el que usaban losindios cuevas a fines del siglo XVII y que un testigo describe como un pequeñobambú hueco (WAFER, 1967, 99), y del cual serían una reminiscencia los guachesde guadua de los catíos (ROCHEREAU, 1929, 79).

Sería algo semejante al calabazo consemillas de platanillo o de Canna que tenían los bribrís en el siglo pasado(GABB: FERNÁNDEZ, 1883, III, 375).

En Cartago figuraba el alfandoque entre losinstrumentos usados a fines de la guerra de Independencia (BOUSSINGAULT, 1903,IV, 166). Otro autor contemporáneo observó en la misma localidad, alfandoqueshechos de madera de mano de león(Oreopanax, Didymopanax?),con semillasde achira (chakera) adentro (HAMILTON, 1955, II, 104).

Alfandoque, un tarro de guadua conpiedrecillas, describe del Salitre, cerca a Bogotá, un viajero posterior(HOLTON, 1857, 124; 1981, 191). Por la misma época se menciona guache enCartagena, con semillas deAbrusprecatorius(SAPFRAY, 1948, 27). También se ha hablado de guache de popo dcyarumo con espinas de guadua, en Antioquia (RESTREPO, A. J., 1930, 84-85).

Conchas de armadillo y de tortuga.

En la provincia guatemalense de Verapaz, losindígenas usaban, en el siglo XVI, un tamborcillo de concha de tortuga (ACUÑA,1982, 239). Los bribrís de Costa Rica tenían rascadores de concha de armadillo,que frotaban con una semilla grande como haba (GABB: FERNÁNDEZ, 1883, III, 375).La tortuga se usó también como aerófono (véase adelante).

De las tribus que perduran, usan conchas detortuga como instrumento para frotar, los carapana (METZGER, 1973, 1, 79); loscacuas (CATHACART, 1973, 1,112), y en el Vaupés (STOLTE etal., 1979, II, 19), los tatuyo (WHISLER etal., 1979, II, 70), y los macuna (SMOTHERMONetal., 1979, II, 118).

El sigi-sigi de los canelos del Ecuador esuna tabla de chonta de 30 x 5 cms. con muescas por un borde; se frota allí conun palito de chonta (KARSTEN, 1935, 209).

Marimbas y similares.

Empezando por Guatemala, dice un autor deallá que, andando el siglo XVIII, se incorporó al coro de la catedral “uninstrumento regional, la marimba, desde luego algún tanto perfeccionada” (GARCÍAPELÁEZ, 1943, II, 220-221), sin indicar ni la descripción ni la mejora. Todoslos tratadistas convienen en que se trata de un instrumento de origen africano.En el nuevo medio americano, los esclavos con materiales distintos la diseñaronde memoria (BECKER-DONNER, 1979, 465), y de ellos la tomaron los indígenas(NORDENSKIOLD, 1930, 8:108-109).

Del mismo siglo son las mencionesdisponibles concernientes a Suramérica. En la Guayana francesa se conocía, en laprimera mitad de esa centuria, el balafó de calabazas, típico instrumentoafricano (BARRÈRE, 1743, 192), que la mayoría de los autores consideran como elantecesor de la marimba, y que no es desconocido en Méjico y Guatemala (marimbaprimitiva de tecomates) (VELA, 1962).

En 1734, en Barbacoas el fraile franciscanoLarrea hizo recogida de todas las marimbas; le trajeron más de treinta y lashizo quemar (ZAWADZKY, 1947, 16). La gente no se resignó a la pérdida. Otroreligioso que apareció en el Telembí en la segunda mitad del mismo siglo, ladescribe así:

Allá tienen para sus funciones uninstrumento que llaman marimba. Este se compone de cañutos dc guadua colgados enlínea, y tajados de mayor a menor, y con la misma proporción en lo largo. Estosse atraviesan de un volantín cerca de la boca, y sobre todas las bocas hay unatablita delgada que casi las cubre a todas, medio dedo levantada de su boca. Conunas masas de caucho, a modo de las masas de un tambor, se pica sobre de estatablita, y cada cual a su picada da un ronquido, según su estatura, como loscañutos de un órgano. Es un ronquido suave, y se oye de más de media legualejos. Y en sabiéndolo tocar remudando en proporción y compás, el sonido de loscañutos compone un órgano imperfecto, pero muy suave, porque no tiene sinoveinticinco cañutos (SERRA, 1956, II, 161).

De la cuenca del Patía hay otras referenciasya del siglo XIX (ANDRÉ, 1883, 783, 792, 796; VERGARA Y VELASCO, 1974, II, 489).Otro religioso los manda quemar en el occidente de Nariño (PEREIRA GAMBA, 1919,252, 265-266, 267).

Era común también en Buenaventura por lamisma época (MELLET, 1823, 227; ISAACS, 1965, 262).

La manejan los colorado-cayapas de la costaecuatoriana (RIVET:JSAP,1905, II,193), y este parece ser el límite sur de la dispersión.

AERÓFONOS.

Trompetas o bocinas.

Las más sencillas son los caracoles de grantamaño, por lo general de origen marino (y cuando se hallaron en el interior delContinente revelaron relaciones comerciales), a los cuales simplemente se lesrecortaba la punta. En el siglo pasado, varios especimenes fueron hallados enlos alrededores del lago de Valencia, uno de la especie Triton variegatus de 162mm. de largo (MARCANO, 1971, 1,114). Los jefes caribes de Guayana francesa dabansus órdenes para las expediciones, con cuerno hecho de un gran caracol, “quesuena tanto como el cuerno de caza de Francia” (BIET, [1664], 1896, 56). Tambiénlos usaban los cumanagotos (COPPEN5, 1980, 227) deStrombus gigas(APPUN, 1961, 101).

En jurisdicción de Santa Marta se utilizabancornetas de caracoles; con trompetas, clarines y caracoles marinos entraron losindígenas del Magdalena en las batallas contra el licenciado Gallegos(CASTELLANOS, 1955, II, 427, 509). En Tunja, los españoles de Quesada hallarontrompetas de caracoles, revestidas de oro (Ibíd., IV, 236). Los pututos del Perúse hacían con conchas de Strombus galeatus Swanson, S. peruvianus Swanson o deMalea ringens Swanson (MARCOS, 1980, 124).

Otra trompeta de origen animal es la de colade armadillo empleada en algunas partes de Venezuela (ORAMAS, 1947, 289). De laconcha del mismo animal se mencionan en el siglo XVII (COBO, 1891, II, 310). Enlas misiones del Caquetá se fabricaban así:

Toman una tortuga del tamaño de la mano, ysin romperle ni dividirle las conchas, le sacan toda la carne, y con las mismastelas que le sacan del cuello y piernas le atapan las aberturas, clavándolas conresinas, y sólo le dejan la abertura de la cabeza. Aquí le ensartan un cañutitocon tres agujeritos con que hacen los puntos. Soplan en la boca del cañuto, ysale o despide un sonido muy parecido al que despide la dulzaina (SERRA, 1956,II, 225).

Se conocieron trompetas de calabazo entretribus llaneras (RiVERO, 1956, 118), y de tacuara o guadua (boré) entre tribusbrasileñas actuales (BARRETO, 1960, 16).

De barro también se han hecho trompetas poralgunas tribus, como en el Vaupés (STOLTE el ah, II, 20).

No se dice de qué material eran las grandestrompetas con que, en la sierra de Pamplona, todos los días venían los indios adar guazabara a las fuerzas de Ambrosio Alfínger (NECTARIO MARÍA, 1959,506).

En Mojos de Bolivia se conocen unas grandestrompetas de corteza con nueve y hasta once tubos de longitud diferente, que elmás largo se prolonga para ser apoyado en el suelo (STEWARD, 1948, 3: 420 yfoto).

Flautas.

Se cree que las flautas de tocar por el extremo son precolombinas, por lo menos en el Perú (NORDENSKIOLD, 1920,2:118).

De doce flautas, “que hacían armonía muyconcertada”, tocadas por otros tantos hombres, da noticia en 1541 un testigo queestuvo en el Valle del Cauca (ANDAGOYA: CUERVO, 1892, II, 115).

Los cuevas del istmo de Panamá tenían unasflautas de varios diseños (WAFER, 1888, 70, 122). Los katíos actuales tienenflautas de guadua (SCHOTTELNDREYER, 1979, II, 215).

Flautas como las que usaban los capadores deLanguedoc y Rosellón, tenían los indígenas en la Guayana francesa (BARRÈRE,1743, 181).

Las bobatas eran flautas traveseras de dosgruesos canutos, ruido bronco y espantoso, de algunas tribus del Marañón(URIARTE, 1982, 138).

En el siglo XIX, los indios guaques delCaquetá-Putumayo usaban flautas de cogollo de yarumo (ALBIs, 1936, 30). A éstaslas llamaban veto los tamanacos (GILLI, 1965,11,240-241).

Actualmente, los guahibos usan unas flautasde carrizo (K0ND0, 1973, 1, 203). Los macuna tienen flautas de guadua, yapura,de más de un metro de largo, con hojas en el extremo (SMOTHERMON el al., 1979,II, 117). Las flautas de guadua se llamaban urucché en el Orinoco (GILLI, 1965,II, 229).

Dondequiera son conocidos los capadores oflautas de Pan. Entre los murapirahá existen capadores de dos a seis tubos, deGuadua superba (RODRÍGUEZ-OLIVEIRA, 1977, 31).

Botutos o fututos, bobonas.  

Son instrumentos de viento, por lo general de grandes dimensiones, y producen un sonido ronco y desapacible que se oye de lejos.

Los indios aguanos del Marañón usaban la bobona para sus ceremonias (FIGUEROA, 1904, 126; MAGNIN, 1940, 181). Los zaparas hacían fututos y bobonas con pellejos de armadillo (MARONI, 1889, 330); las bobonas también eran conocidas de los roamaynas y gayes (Ibíd., 610, 611, 645). Existe una descripción de una en el Putumayo, en el siglo XVIII (SERRA 1956, 1, 171). Servían para dar señales en las misiones jesuíticas del Marañón-Amazonas (URIARTE, 1952, 1, 186, 321).

De los jiraras o jiraharas de los llanos orientales se dijo:

Unos tocan unos fututos (toda música parecida a la dcl infierno) que son a manera de trompetas, y forman ellos de unos calabazos en donde ajustan unas cañas huecas y largas de dos varas, por donde arrojan el soplo que haciendo eco en el calabazo, despide un sonido ronco, y tocados destos instrumentos veinte o treinta juntos ya se deja entender qué horrorosa confusión causarán, y más cuando a un mismo tiempo le llevan el compás los atambores que son tan horribles y se oye el estruendo a cuatro y seis leguas de distancia como lo tienen experimentado nuestros misioneros (MERCADO, 1957, II, 269).  

Lo anterior está casi textualmente copiado de RIVERO, 1956, 118.

A este instrumento de palo a modo de bajón, llamaban cachimé en el Orinoco, y era como la representación de una deidad (BUENO, 1965, 152-153). Pero, un dato posterior sobre el botuto habla de un trozo de guadua de tres pies de largo y tres pulgadas de diámetro, con una vejiga en el extremo; sobre él se aplica un carrizo de tres a cuatro pulgadas de largo y un tercio de pulgada de grueso, con una tela en un extremo; por éste se sopla (MICHELENA, 1867, 343; RAMOS PÉREZ, 1946, 368-369).

Los sálivas tienen dos tipos: uno de barro de un metro de largo y 10 cms. de diámetro para rituales funerarios y que luego desechan, y los de guadua (FABO, 1911, 36). En el Orinoco hay otro modelo de barro con ollas como resonadores (GÓMEZ PICÓN, 1978, 88).

Clarinete.  

Un instrumento aullador, especie de clarinete de guadua de un metro, procede de Marewari en la Guayana venezolana (KOCH-GRÜNBERG, 1979, II, 313, tabla LXV, 2, 2a, 339).

Maguaré, manguaré.  

De materiales vegetales, la primera referencia se debe a fray Ramón Pané sobre los indígenas de la isla Española, cuyos bobutís o shamanes, para sus ceremonias, hacían del siguiente modo:  

Cuando quieren cantar sus canciones, tocan cierto instrumento, que se llama mayohavau, que es de madera, hueco, fuerte y muy delgado, de un brazo de largo y medio de ancho. La parte donde se toca está hecha de forma de tenazas de herrador y el otro lado semeja una maza, de modo que parece una calabaza con el cuello largo; y este instrumento que tocan es tan sonoro que se oye a legua y media de distancia. A su són cantan las canciones, que aprenden de memoria; y lo tocan los hombres principales, que aprenden a manejarlo desde niños y a cantar con él, según su costumbre (Cotóx, H., 1947, 193; OVIEDO Y VALDÉS, 1959, 1, 114).  

La primera noticia en Suramérica, aunque sin descripción, parece ser la de fray Pascual de Carvajal, que bajaba con Francisco de Orellana por el alto Amazonas. Aunque estuvo uno o dos días en el sitio (8 de enero de 1542), no menciona particularidades del instrumento (CARVAJAL, G., 1894, 9, 10; —, 1955, 49). A esto lo llaman tonday o tunduy, tondoy los jíbaros (TOVAR, 1966, 196, 198). Los huitotos lo llaman juarce, y iaukke a los mazos con que lo tocan; aquel mismo nombre dan al baile cuando se acompaña con ese instrumento (CARTAGENA: ACÁ, V, 1951-1953, 28; ORDÓÑEZ DE CEBALLOS, 1947, 258). Se usa más para llamadas (HARDENBURG, 1913?, 158-159). Entre los muinane actuales existen, como en el resto del área amazónica, macho y hembra; el que lo construye no puede dormir durante las 36 horas que dura el proceso (WALTON el al., 1979, II, 146-147).

Más tardías, como que datan del siglo XVIII, son las noticias sobre este tambor gigante en la cuenca del Orinoco, y también la primera figura publicada de un modelo bastante paisajeado (GUMILLA, 1955, 296-298). De éste también se dijo que se bate con dos mazos de resina elástica y se oye a tres y cuatro leguas (ALTOLAGUIRRE, 1908, 278). La técnica de construcción variaba respecto del Amazonas, donde el vaciado del interior de la madera se hace con fuego, sin romper los dos extremos. Dice un testigo de fines del período colonial, refiriéndose a los maquiritare y a su tambor, que de cuatro leguas se siente:     

Este es un palo gruesísimo que, para cortarlo bien, pueden ponerse cinco hombres sin estorbarse unos a otros, y derribado en tierra, lo van vaciando por ambas puntas hasta ponerlo todo hueco y delgado, como caja de tambor común. Concluido así, tapan las dos puntas con unas tablas finas, y calafatean bien las junturas para que no salga el viento. A los lados le abren cuatro agujeros redondos; lo ponen encima de dos toletes rollizos, y con dos mazas de resma, de la misma que los otomacos hacen pelotas para jugar, lo tocan, golpeando encima del dicho palo (BUENO, 1933, 66-67; 1965, 135). 

Bocinas.  

Fuera de los silbatos arqueológicos mencionados al principio de este capítulo, algunas tribus labraban bocinas con las canillas de los enemigos muertos. Tal ocurría en la Sierra Nevada de Santa Marta, en la época de la conquista (CASTE­LLANOS, 1955, II, 425); entre los caribes del Guarapiche, en 1654 (PELLEPRAT, 1965, 43); entre los tupinambás costeños (LÉRY, 1975, 202, 221), y los witoto-bora (WHIFFEN, 1915, 211).  

CORDÓFONOS.     

Carángano.  

Por los materiales usados, o sea, la guadua, parecería indígena, pero otros rasgos lo hacen poner en duda. De todos modos es un instrumento bastante elemental. Era relativamente común en el Valle del Cauca — región guaduera — a principios del presente siglo, y se tocaba con una vejiga de res inflada. El autor recuerda haber fabricado uno. A mediados del siglo XIX se registra en Buenaventura (ISAACS, 1965, 258).

Violines.  

Hasta cuatro tipos de timbirimba señala un autor en Colombia: el de los yuco-motilón de Perijá; el de los guajiros; el de los negros de San Basilio de Palenque en Bolívar; y el de los Llanos (ABADíA, 1977, 269-272).

En la Guayana francesa se conocía, en la primera mitad del siglo XVIII, el ventan, especie de arco de violín (BARRÈRE,1743, 192-193).

Las demás referencias disponibles son de la vertiente oriental de la Cordillera andina, entre Ecuador y Perú. Los quijos tienen un instrumento al que llaman turumpa, que es un arco de guadua retorcida de 1.30 ms.; la boca del músico es la caja de resonancia (OBEREM, 1970, 1, 253). Parece ser lo mismo que los jíbaros llaman tsayanduru, en el cual la cuerda de embira torcida (Astrocaryum chambira) va fijada en una armazón de palo, y que se toca con la boca (KARSTEN, 1935, 431). Los campas de más al sur le llaman tiombirentsi (TOVAR, 1966, 195). Otra forma no descrita se llama pingopi­rinchi (Ibíd., 161).

MEMBRANÓFONOS.   

Tambores.  

Por lo general, en el cuerpo o cilindro exterior se utilizaron como materiales madera y barro. Pero el parche varió enormemente, haciéndose en cada región de las pieles que se creía producían mejor sonoridad.

Entre los bribrís de Costa Rica, para el parche se usaba la piel de bárriga de iguana (GABB: FERNÁNDEZ, 1883, III, 374).

Los antillanos, al parecer, tenían varias clases de tambores, entre ellos uno de lengüeta, como teponaztle (LOVEN, 1935, 495, 508, 691-692).

De cuero de tatabra eran los de los mineros antioqueños, a principios del presente siglo (RESTREPO, A. J., 1930, 83).

Los quijos tienen tambores cilíndricos de dos parches (OBEREM, 1970, 1, 252-253).

Los caribes del Orinoco “usan del tambor de aro y cuero como otras naciones” (BUENO, 1933, 62; 1965, 132). En la Guayana inglesa tenían tambores de tronco de la palma moriche Mauritia o de bambú (IM THURN, 1883, 308, 309).

En el Perú, los incas tenían tambores de pieles humanas de sus enemigos muertos en guerra, con la figura del cuerpo (OVIEDO y VALDÉS, 1959, 1, 188-189; MONTESINOS, 1930, 96). A los rebeldes contra los incas o señores se decretó que fuesen hechos tambores de sus personas; de los huesos, flauta; de los dientes y muelas, gargantillas; y de la cabeza, mate para beber chicha (POMA DE AYALA, 1944, 187-188).

Una obra especializada en la materia trae relativamente pocas noticias de los tambores americanos (HOWARD, 1967).  

 

 

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Última modificación: Sábado, 11 de Junio de 2005