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Homo sapiens de 160.000 años

 

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Un grupo científico internacional escribe en Nature (junio 2003), un nuevo y apasionante capítulo de la novela humana a partir del análisis de los restos de tres individuos que habitaron la depresión de Afar, en Etiopía, hace nada menos que 160.000 años: los cráneos fosilizados de dos adultos y un niño aportan las evidencias más antiguas obtenidas hasta hoy de la presencia del Homo sapiens en el planeta, e iluminan una zona de nuestra historia evolutiva que aún permanecía en tinieblas. El hallazgo, realizado el 16 de noviembre de 1997 -pero que, dadas las dificultades del estudio posterior, sólo ahora pudo presentarse- fue considerado un avance mayor y uno de los descubrimientos más significativos acerca del amanecer de la humanidad, ya que permite precisar cuándo y dónde surgieron nuestros primeros ancestros.

Si el descubrimiento de los fósiles impresiona, los detalles del proyecto Awash, que permitió realizarlo, adquieren la dimensión de una verdadera superproducción científica.

El programa de investigación fue iniciado en 1981 por el legendario estudioso de la prehistoria de la Universidad de Berkeley, J. Desmond Clark, que estudió herramientas y otros rastros en el poblado de Herto antes de su muerte, en febrero de 2002.

El equipo reúne a más de 45 científicos de 14 países, que realizan trabajos de campo entre dos y tres meses por año bajo la supervisión de la Autoridad Etíope para la Investigación y Conservación de la Herencia Cultural del Ministerio Etíope de la Juventud, Deportes y Cultura.

Además de los cráneos más completos, se localizaron piezas de cráneo y dientes aislados de otros 7 individuos. No se sabe si los artefactos de piedra y huesos modificados que abundan en el área tienen relación con los tres homínidos estudiados. Tampoco se localizaron otras piezas óseas de los esqueletos.

Según los informes distribuidos por la Universidad de California en Berkeley, el geólogo Giday Wolde Gabriel, del Laboratorio Nacional de Los Alamos, determinó que en la zona de Bouri, hoy habitada por pastores seminómadas y donde se encuentra Herto, se formó un lago de agua dulce que atraía hipopótamos. Huesos fosilizados de estos animales se recuperaron junto con los de los homínidos.

El arqueólogo Yonas Beyene, por su parte, opinó que las herramientas de piedra "muestran claramente que a la gente de Herto le gustaban los hipopótamos, pero no podemos saber si los mataban o simplemente los recogían cuando estaban muertos". Cerca de la zona del hallazgo se encontró también un cráneo de hipopótamo con una profunda marca hecha por una herramienta de piedra.

Otro hecho que llamó la atención de los investigadores es un grupo de incisiones superficiales realizadas con un instrumento de piedra localizado alrededor del perímetro de uno de los cráneos adultos. Son marcas que difieren por su ubicación y orientación de aquellas que dejan los utensilios para retirar la carne de los huesos y revelarían alguna forma de antigua práctica mortuoria. Los antropólogos encontraron similares modificaciones en sociedades donde los cráneos de ancestros son preservados y adorados. Este patrón, que se repite en los restantes fósiles de Herto, ofrece evidencias de un ritual mortuorio prolongado.

Por sus similitudes con el ser humano actual, los científicos ubicaron estos fósiles en el género Homo, pero dentro de una subespecie: Homo sapiens idˆltu (que, en lengua afar, significa mayor).

"Lo que hicimos fue aclarar un período sobre el que había un vacío de información -explicó ayer por la mañana durante un diálogo telefónico con LA NACION el doctor Tim White, paleoantropólogo de la Universidad de California en Berkeley que dirigió las excavaciones y el estudio de los restos-. La recuperación de estos fósiles y el análisis de sus rasgos faciales nos ofrecen nuevos datos sobre un período que no conocíamos, y nos permiten comprender cómo eran los hábitos y la anatomía de los primeros Homo sapiens. Ahora podemos mirar por primera vez el rostro de nuestros antepasados más directos."

White y sus colegas, más los técnicos y personal indispensable para realizar las excavaciones, venían trabajando en la región desde 1981 y conforman, dijo el científico, "un equipo tiene que docenas y docenas de integrantes, muchos de ellos investigadores de diferentes disciplinas, como geólogos que estudian las capas de terreno, geocronólogos que las datan, paleontólogos que estudian los huesos, arqueólogos que estudian las herramientas, bioquímicos que analizan la composición del suelo y paleobotánicos que estudian los restos de flora prehistórica. No somos sólo cazadores de huesos..."

Los fósiles estaban enterrados en antiguos sedimentos arenosos del poblado de Herto, un área ubicada 230 kilómetros al nordeste de Addis Abeba, capital de Etiopía. Doscientas piezas del cráneo del niño fueron recuperadas de una superficie de más de 400 metros cuadrados. ("Fue como armar un rompecabezas tridimensional", dijo White.) Todos pertenecen a la misma especie, se encontraban a alrededor de 200 metros uno de otro y exhibían signos de ritos mortuorios.

"Además de los cráneos -detalló White-, encontramos más de mil herramientas de piedra, algunas grandes y otras muy pequeñas, de las que conservamos 600."

De las dos teorías prevalecientes en torno del origen del Homo sapiens -la hipótesis multirregional, que plantea que los seres humanos modernos surgieron en varias partes del planeta al mismo tiempo durante el pleistoceno (desde hace alrededor de 1.800.000 años hasta hace 12.000), y la que sostiene que Africa es la cuna de la humanidad-, los investigadores opinan que este hallazgo ofrece nuevos argumentos para respaldar la segunda.

"El origen de los Homo sapiens y el destino de los Neanderthal han sido dos cuestiones fundamentales de los estudios evolutivos durante más de un siglo -afirmó White-. Pero había un obstáculo para resolverlas: no existían fósiles datados con precisión entre los 100.000 y los 300.000 años de antigüedad. El hecho de que estos cráneos exhiban mejillas muy prominentes, cara robusta, pero con un hueso frontal más vertical, y que la parte más ancha del rostro se encuentre sobre las orejas y no por debajo nos permite llegar a la conclusión de que se trata, ya en ese momento, de Homo sapiens modernos. Los cráneos de Herto, por lo tanto, no son de hombres de Neanderthal (que se extinguieron en Europa hace 30.000 años) ni de Homo erectus. Su anatomía y antigüedad ofrecen evidencia sólida que respalda la teoría de la emergencia del ser humano moderno en Africa."

Origin of our species. The figure shows the geographical and temporal distribution of hominid populations, based on fossil finds, using different taxonomic schemes. The new finds from Herto (H) represent early Homo sapiens. a, This reflects the view that both Neanderthals and modern humans derived from a widespread ancestral species called H. heidelbergensis. b, However, evidence is growing that Neanderthal features have deep roots in Europe, so H. neanderthalensis might extend back over 400,000 years. The roots of H. sapiens might be similarly deep in Africa, but this figure represents the alternative view that the ancestor was a separate African species called H. rhodesiensis. Different views of early human evolution are also shown. Some workers prefer to lump the earlier records together and recognize only one widespread species, H. erectus (shown in a). Others recognize several species, with H. ergaster and H. antecessor (or H. mauritanicus) in the West, and H. erectus only in the Far East (shown in b). 

Para el doctor Daniel Olivera, investigador del Instituto Nacional de Antropología, el hallazgo de White y colegas "impacta, es fantástico. Son tan escasos los datos que pueden ayudarnos a descifrar el pasado, que cada pequeña evidencia es un diamante. Es lo que ocurre cuando uno encuentra pocas cosas y pero que dicen mucho..."

Para el científico argentino, los fósiles de Herto demuestran que la de la evolución humana es una trama mucho más compleja de lo que se creía. "Aún no se puede reconstruir con exactitud, porque tenemos sólo trozos, piezas fragmentarias de una historia evolutiva continua que tiene millones de años. En este caso, se reduce la duda de que el Homo sapiens y el Neanderthal coexistieron, pero aún quedan abiertas muchas incógnitas, no tenemos ajustada la sintonía fina . Este tiempo considerablemente mayor de coexistencia plantea que la divergencia entre ambas especies fue bastante más antigua." Por Nora Bär - LA NACIÓN

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Última modificación: Viernes, 14 de Octubre de 2005